Expansionismo japonés en el período 1920-1941

Para analizar las razones que originaron el inicio de la guerra entre Japón y Estados Unidos, es necesario tener en cuenta el estado de la economía mundial y la situación geopolítica de los años 1920-1940.

En aquella época, no había una política de libre mercado y los recursos naturales asiáticos más importantes, como el petróleo, el caucho, minerales y productos naturales estratégicos, estaban en poder las potencias occidentales que imponían sus condiciones en el Pacífico sin importarles la situación socio-económica de los demás pueblos.  En este contexto, la noción de adquisición del espacio vital, de expansión indispensable para poder tener acceso a los recursos naturales sin verse sometido a la voluntad de los países occidentales, era una coyuntura vital que originó el surgimiento de castas militares que promovían el nacionalismo a ultranza como único medio para tener acceso a los recursos indispensables para el desarrollo.

En el Japón, influenciado por una casta militar incondicional, el gobierno encontró muy fácil camino en la vía de la mística fanáticamente nacionalista, hecho que cobró tal intensidad que a su lado las aspiraciones del nacionalismo alemán resultaban ser meras ilusiones sentimentales.  A comienzos de 1927, el Primer Ministro Tanaka propuso en su plan de gobierno la expansión para extender el Imperio Japonés a los territorios de Manchuria, norte de China, Corea, Siberia y las Indias Orientales.  El ministro no tomaba siquiera en cuenta la posible reacción de Estados Unidos que contaba con fuertes intereses en el Pacífico, al igual que Gran Bretaña y los Países Bajos.

China, país donde el Japón tenía grandes inversiones financieras y comerciales, no diferentes a los intereses occidentales en las islas del Pacífico, vivía en un completo caos político que la tenía sumida en una guerra civil entre nacionalistas y comunistas.   Fueron numerosas las intervenciones japonesas entre 1920 y 1930, como la de 1927 cuando ocupó Chantung, la de 1931 en Manchuria, donde implantaron un imperio títere; o la de 1932 en Shanghai.  Posteriormente, mientras los japoneses refuerzan sus posiciones en Manchuria y se expanden en el norte de China, a la sombra de las armas, se estabilizaron las relaciones entre Chang Kai-shek y el gobierno de Tokio.

Pero en Japón, la presión nacionalista sobre el Gobierno se acentuó.  Políticos y hombres de negocios se vieron obligados a plegarse a esa fiebre militarista impulsados por el extraordinario progreso económico pero que carecía de mercados para sus productos manufacturados y las fuentes de suministros de materias primas no estaban a su alcance.   La búsqueda de esos nuevos mercados de intercambio comercial fue considerada una necesidad imperiosa para el gobierno japonés.

En julio de 1937, un incidente reavivó el conflicto en China, que parecía ya superado.  Japón envió grandes contingentes de fuerzas a China y bloqueó 3000 k de sus costas, sin que nadie pueda impedirlo.  No en vano Japón era ya una de las potencias marítimas y su poder naval refrenó cualquier posibilidad de protesta. 

En China, los nacionalistas de Chang Kai-shek y los comunistas de Mao Tse-tung hicieron una tregua para enfrentar al enemigo común, tregua que se prolongó hasta 1945.  La URSS abastecía a China y protegía las fronteras de Extremo Oriente en los límites de Mongolia y de Manchuria para evitar el progreso de las fuerzas japonesas.  Desde tiempo atrás entre las tropas rusas y las japonesas se produjeron incidentes, que fueron más que los simples tiroteos fronterizos tan comunes en esas remotas regiones.  Por su lado, Francia desde Indochina, e Inglaterra y los Estados Unidos desde Birmania, abastecieron a los chinos con armas, víveres y equipo.  Al no existir una declaración de guerra el presidente Roosevelt no decretó el embargo sobre las armas destinadas a Chang Kai-shek.

Alemania, había firmado el Pacto Antikomintern, el 25 de noviembre de 1936, que la unía al Japón en la lucha contra la Internacional Comunista.  En el protocolo secreto complementario al tratado, las dos potencias se comprometían a ayudarse mutuamente en caso de que alguna potencia extranjera atacase a una de las partes, y obliga a las partes a no firmar ningún acuerdo con Rusia sin consulta y aprobación recíprocas.   Pero, a raíz de la firma del pacto germano-soviético de agosto de 1939, el acuerdo germano-japonés quedó reducido a la simple comunicación telefónica del hecho, tal como lo hizo el Ministro Ribbentrop al embajador japonés en Berlín causando la protesta del gobierno de Tokio, por esa alianza que iba en contra del espíritu del Pacto Antikomintern.  Para entonces Japón no tenía la menor sospecha que pronto se desataría la guerra entre Alemania y la URSS y que el pacto le protegía. al menos en el papel, de un ataque por el oeste.

Sin embargo, Japón prosiguió su expansión en China con la mira puesta en las Indias holandesas, fuente de recursos petrolíferos, caucho y quinina, entre otros.  Al ocurrir la derrota francesa en Europa, con la aprobación de Hitler, Japón acordó con el Gobierno de Vichy la ocupación de Indochina, dejándole a los franceses el gobierno civil, en previsión de que los países Aliados tomaran la iniciativa invadiendo la colonia francesa, eso con el doble propósito de adueñarse de las materias primas y poder seguir usándola como corredor para el abastecimiento de China.  Hay que recordar que en esa época China no tenía industrias y menos de material de guerra.

Después de resuelto el impase en septiembre de 1940, Japón y Alemania firmaron el Pacto Tripartito formando el Eje Berlín-Roma-Tokio.   Este acuerdo, no estaba ya dirigido contra la URSS, cuya especial situación quedaba claramente definida en el propio documento, sino contra los Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos.  Como reciprocidad, los países del Eje se comprometían a respetar la voluntad japonesa de implantar un nuevo orden en Asia oriental.

No obstante, a pesar de la presión alemana, sobre todo en la primavera de 1941, el Japón vacilaba comprometerse en operaciones militares contra los Aliados, en particular contra los Estados Unidos.  La estrategia japonesa era la neutralización de Rusia primero, para no tener que luchar en dos frentes y lo logra el 13 de abril de 1941, con la firma, del tratado de neutralidad nipo-soviético, no del agrado de Alemania, pero aceptado a vistas de lo ocurrido antes con su pacto con los rusos, puesto que significaba que los soviéticos mantendrían un solo frente.  Además, para los japoneses el acuerdo les beneficiaba, porque se fortalecía por la misma causa en el momento en que Alemania invade la URSS.  Pero ya nada podía cambiar y el tiempo trabaja en favor de las potencias anglosajonas.  Por eso el gobierno japonés acentúa su política de expansión y se arriesga a un conflicto con Estados Unidos, favorecido por la presión de Churchill ante Roosevelt y las decisiones tomadas por el gobierno de Estados Unidos.

En julio de 1941, las tropas japonesas ocupan la Indochina francesa, cortando así definitivamente una de las rutas de abastecimiento de Chang Kai-shek.   Para entonces, además de la Indochina Francesa, Japón mantiene ocupada gran parte de China, Manchuria y Corea.  Ante la amenaza que pesa sobre el sudeste de Asia y la impotencia de Gran Bretaña ante Alemania e Italia, Churchill ve que es cuestión urgente que Estados Unidos entre en guerra, pero al ver que el Presidente Roosevelt no se decide, le propone dirigir al Japón una advertencia conjunta, mientras le oculta los informes de inteligencia que apuntan a un ataque japonés contra Hawai. 

Pero, por su parte, Estados Unidos ya había adoptado algunas medidas de orden económico contra el país asiático -restricción de los cambios, embargo sobre el petróleo destinado a la aviación, embargo sobre desechos metálicos y sobre ciertas mercancías estratégicas, además del bloqueo de los fondos japoneses en los Estados Unidos- y el Secretario de Estado, Cordell Hull, más que el presidente, teme que con ello se empuje al Japón a la agresión abierta como reacción a una advertencia excesivamente categórica.  El Gobierno de Estados Unidos ya se ha negado a comprometerse con el Gobierno holandés en el exilio, sobre las Indias holandesas y sólo hace una declaración bastante ambigua en agosto de 1941, hecho que molesta enormemente a Churchill.


Publicado: 05 junio/2005






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