Gran Bretaña

Bandera de Gran Bretaña

Bandera de Gran Bretaña

Bandera  Naval

Bandera Naval

 

 

Mapa de Gran Bretaña
Jorge VI

Rey George VI

 

Primer Ministro

Neville Chamberlain

Neville Chamberlain 1937-1940

Winston Churchill

Winston Churchill 1940-1945

Clement Attlee

Clement Attlee 1943-1945

War Cabinet (Gabinete de Guerra)

El Gabinete de Guerra se estableció al momento de la declaración de guerra a Alemania.   Fue el más alto organismo del Gobierno Británico durante todo el conflicto mundial.   Lo conformaban el Primer Ministro, el Lord Presidente del Consejo, el Lord del Almirantazgo, el Canciller del Tesoro Público, Secretario de Asuntos Exteriores, Lord del Sello Privado, Ministro de Coordinación de Defensa, Ministro sin Portafolio y los Ministros de las demás carteras.

Lord del Almirantazgo

Albert Alexander

Albert Victor Alexander 1929 - 1931

Winston Churchill

Winston Churchill 1939 - 1940

 

Lord Presidente del Consejo

James Stanhope, 7º Conde Stanhope 1939-1940

Sir John Anderson 1940-1943

Ministros

Chancellor of the Exchequer
(Canciller del Tesoro Público)
Sir John Allsebrooke Simon 1937-1940
Sir Kingsley Wood 1940-1943
Sir John Anderson 1943-1945


Secretary of State for Foreign Affairs
(Secretario de Estado para Asuntos Exteriores)

Edward Frederick Lindley Wood, conde Halifax 1938 - 1940

Anthony Eden

Anthony Eden 1940 - 1945

 

Fuerzas Armadas

Hombres en Armas:
2.900.000 (1945)

Costo de la guerra:
$28.000 millones

 


400.000 muertos. Estadísticas Ver


Breve reseña histórica de la época

Jorge V subió al trono en el año 1910 y reinó hasta 1936.   Le tocó intervenir en la Gran Guerra que estalló en el año 1914, para defender al imperialismo Británico contra el imperialismo alemán.   Los vencedores de la guerra fueron la Gran Bretaña y sus aliados que reordenaron el estatus mundial modificando las fronteras de acuerdo a sus intereses y repartiéndose las antiguas colonias alemanas.

Dentro del Imperio Británico, la victoria tuvo un costo, pues al restablecerse la paz, los irlandeses amparándose en el derecho concedido a las pequeñas naciones a gobernarse por sí mismas, solicitaron su independencia, pero viéndose desatendidas, se alzaron en armas contra la corona británica.

Finalmente, en 1921, llegaron a un acuerdo mediante el cual Irlanda se convertía en un dominio del Imperio Británico.  Años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, los lazos ya débiles que unían al Estado Libre de Irlanda con el Reino Unido, fueron rompiéndose hasta llegar a la separación definitiva que tuvo lugar en 1949, con la constitución de la República de Irlanda como Estado independiente.  Sólo mantuvo sus lazos con el Reino Unido la Irlanda Septentrional (Irlanda del Norte), conformada por seis condados de la provincia de Ulster.

Otro problema que resurgió en 1918 en el Reino Unido, después de la Gran Guerra, fue la cuestión del voto de la mujer.  El movimiento femenino lo comenzó la Sra. Emmeline Pankhurst quien fue arrestada en 1914 por esa causa.  Viajó a Rusia donde estableció estrechos lazos con las mujeres de la Revolución Rusa y en 1918 obtuvo el voto limitado de las mujeres en Gran Bretaña, pero posteriormente logró que se les igualara con los hombres.  En 1928, semanas antes que se promulgara la ley, la Sra. Pankhurst falleció.

La clase trabajadora se unió en sindicatos y las relaciones entre los trabajadores y el gobierno se deterioraron.  Ese estado de cosas alcanzó el clímax cuando en 1926 se realizó una huelga general en la que participaron dos millones de trabajadores contra los planes del gobierno de aumentar las horas de trabajo y reducir los beneficios sociales de los trabajadores.  La huelga general fracasó, pero dejó bien en claro para los trabajadores, que ellos no desatarían una lucha de clases, pero que con el voto, podrían lograr un poder real para cambiar las reglas de juego en el país.

En los años 30 el desempleo siguió aumentando en Gran Bretaña y luego llegó lo que nadie deseaba.  Al morir Jorge V, a fines de enero 1936, fue proclamado rey su hijo Eduardo, príncipe de Gales, que subió al trono con el nombre de Eduardo VIII.  El nuevo monarca reinó poco tiempo, pues en diciembre del mismo año, y para casarse con Wallis Simpson, una divorciada estadounidense, abdicó en la persona de su hermano Alberto, Duque de York, quien le sucedió en el trono con el nombre de Jorge VI.  Jorge fue un hombre débil que no estaba capacitado ni física ni moralmente, para llevar sobre sus hombros la responsabilidad de guiar los pasos del Imperio en una época sumamente difícil.

Durante los años 30, Gran Bretaña fue perdiendo su influencia política en Europa, que se rendía ante el creciente poder militar y económico de Alemania.  Sin embargo, el Imperio mantenía una importante flota naval y numerosas colonias en todo el mundo, por lo que su influencia era todavía importante, pero su poderío militar no era suficiente para defender su basto imperio y menos para defender a sus aliados.  Alemania reivindicaba antiguos territorios que pertenecieron al Imperio Austro-Húngaro, con el propósito de crear una Gran Alemania que dominara a Europa.  La anexión de Renania, luego los Sudetes, Bohemia y Moravia y el Corredor de Danzig para unir a la Prusia Oriental con el resto de Alemania fueron sólo el comienzo de una serie de reivindicaciones.

En Gran Bretaña, había partidos de extrema derecha con corte fascista desde 1920, cuando fue fundado el partido Fascistas Británicos.  Luego Arnold Spencer-Leese fundó el partido Liga Imperial Fascista que usaba la esvástica y camisas negras al estilo de los seguidores de Mussolini.   El más conocido partido fascista fue el fundado por Sir Oswald Ernald Mosley, que se llamó Unión Británica de Fascistas y luego Unión Británica de Fascistas y Nacional Socialistas, siguiendo la filosofía del Fascismo Italiano.  Sus seguidores usaban también camisas negras al estilo de los "camicie nere" italianos.

Dos días después que Alemania invadiera Polonia, el 3 de septiembre de 1939, Gran Bretaña y Francia, en virtud de los acuerdos subscritos con Polonia, declararon la guerra a Alemania, empezando así la Segunda Guerra Mundial.  Iniciadas las hostilidades, las fuerzas militares británicas fueron derrotadas en todos los frentes.  De Europa fueron virtualmente echadas al mar, aunque pudieron ser destruidas de nos ser por la orden de detener el ataque en Dunquerque; en África los italianos les obligaron a ceder territorios coloniales.

Gran Bretaña no tenía el dinero para seguir la carrera armamentista alemana que junto con Italia formaban una alianza militar que amenazaba a todo el Imperio Británico, incluyendo sus colonias de Asia y África.   Para Gran Bretaña, era imposible enfrentar al Eje sin contar con la ayuda de Estados Unidos.  Pero no bastaba la ayuda económica, era importante y vital para los británicos obtener el apoyo militar de Estados Unidos.

Londres es la ciudad en el mundo más conocida por sus crímenes famosos.   Durante la guerra, según Edward Smithise en su libro "Crime in Wartime", nos reseña que los crímenes continuaron favorecidos por el estado de emergencia.  El oscurecimiento por el toque de queda nocturno, favorecía las acciones criminales de todo tipo, generalmente menos alarmantes que los asesinatos en serie de Frederick Cummins en febrero de 1942 que sembró la zozobra en la capital inglesa, y no en menor escala que la causada por los ataques aéreos alemanes.  Los robos y las redes de prostitución, continuaron azotando a la ciudad al amparo de las oscuras noches londinenses. 

Avanzada la guerra, los delincuentes encontraron una nueva clientela entre los soldados que pasaban por Londres aburriéndose en los días francos, por no tener adonde ir.  Los explotadores de las libretas de racionamiento y los jeques del mercado negro, obtuvieron pingües ganancias con los productos que escaseaban.  Los periódicos de la época estaban llenos de casos policiales, pero no se puede decir que fuera una ola inusual de delitos, proque los londinenses ya estaban acostumbrados a ese estado de cosas..

Durante los bombardeos de las ciudades inglesas, no sólo acudían rescatistas y bomberos, sino muchos saqueadores y ladrones que saqueaban los destruidos edificios.  Para evitar eso, los locales que guardaban artículos de valor eran inmediatamente vigilados después de una incursión aérea, tratando de evitar el robo y el vandalismo.  Muchas veces, por supuesto, no se trataba de criminales organizados que esperaban el fin de un bombardeo para escarbar en las ruinas buscando objetos de valor, sino de simples oportunistas.  Tal es el caso de los "Casos de Saqueo" que aparecen en el Yorkshire Post del 8 de noviembre de 1943:  “Joven de 17 años, acusado de robar 1 libra esterlina en efectivo"; Roy Ford, un joven de 17 años fue acusado de robar una tienda de abarrotes, media libra de té y 520 cigarrillos.  Fue descubierto por un alguacil de la policía enviado para recolectar el dinero de la caja registradora para ponerlo a buen recaudo.  En otro caso aparte, durante el mismo bombardeo, un cabo canadiense fue puesto en custodia, por robar un abrigo en una tienda en High Street.

Algunos ladrones no tenían escrúpulos para robar a los muertos y heridos, como fue el caso de la Sra. Blair-Hickman que quedó tendida en las ruinas del exclusivo Café de París en Londres.  Cuando la señora pensó que un hombre que pasaba por ahí le estaba tomando el pulso, en realidad le estaba robando una sortija del dedo.  Este testimonio se encuentra grabado en cinta en el Archivo de Sonido del Imperial War Museum de Londres con el número 2302.

Durante el período entre guerras, es decir entre 1920 y 1940, Gran Bretaña enfrentaba el reto de transformar la sociedad del período industrial de fines del siglo XIX a la modernidad del siglo XX.  La Europa de la posguerra se encontraba sumida en un caos y quienes añoraban regresar al periodo de la Inglaterra Imperial de la época victoriana, simplemente se equivocaron.   Las industrias básicas tales como la construcción de barcos, la textil y la exportación de carbón no se recuperaron.

La Gran Depresión llevó a Gran Bretaña a sufrir la peor etapa de su historia moderna.  En 1930 había 2 millones de desempleados y las cifras se mantuvieron casi iguales hasta 1939.  Durante esos años de convulsión laboral hubo dos huelgas de policías, una huelga de dos meses de ferroviarios y descontento general, en especial de la clase trabajadora.

Pero a pesar de todo, hubo adelantos, tales como el reemplazo de la potencia generada por el vapor, por la potencia eléctrica.  El transporte comenzó a usar el diesel como combustible, donde cabía el reemplazo se comenzaron a usar plásticos en vez de metales y las fibras sintéticas reemplazaron al algodón y la seda, esto producto del desarrollo de la industria química.

Ante esta situación, era evidente que Gran Bretaña no podía enfrentar a Alemania, menos cuando su aliada Francia cayó inerme ante la potencia del ataque alemán.  Toda Europa continental estaba en manos de Alemania e Italia.  Para los británicos, sin la ayuda estadounidense hubiera sido imposible soportar por mucho tiempo el bloqueo naval.


Publicado: 13 marzo/2004 - Actualizado: 04 junio/2013

Winston Churchill, Primer Ministro
Winston Churchill





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