Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Bolsas de Valores (1939-1945)

A diferencia de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando la guerra tomó desprevenidos a los gobiernos, desde antes de 1939 se suponía lo que iba a ocurrir.   La Bolsa de Valores de Londres se preparó con anticipación.   Se sabía que las principales ciudades, como Londres, serían bombardeadas.   En julio de 1937 la Bolsa de Valores de Londres hizo su primera reunión para analizar lo que podría suceder y en abril de 1938 hizo su primer simulacro durante una sesión real.   A medida que avanzaban los meses las precauciones aumentaban y las medidas iban siendo previstas.   Cerca de fin de año la Bolsa de Valores de Londres llevó a cabo discusiones confidenciales y secretas en el Banco de Inglaterra sobre lo que se debía hacer, a medida que la posibilidad de guerra se tornaba en inminente.

Bolsa de Nueva York

Bolsa de Nueva York 1939

Apenas estalló el conflicto, la Bolsa de Valores de Londres supo qué hacer, estaba preparada para sufrir el embate y puso en práctica las medidas pertinentes.   Por esa razón no ocurrió el pánico que se desató en agosto de 1914, cuando estalló la Gran Guerra en Europa.

En 1939, los grandes países europeos (Inglaterra, Alemania y Francia) estaban convencidos de la victoria de sus armas, pues ni los Aliados ni los alemanes dudaban que ganarían la guerra.  Hasta el 10 de mayo de 1940, las bolsas de Berlín, Londres y París registraron altas lentas, pero sostenidas. 

Con la derrota de Francia todo cambió; Londres se puso en la baja, mientras que Berlín manifestó una importante propensión al alza.  Hasta el 31 de agosto de 1941, Berlín, seguido de cerca por Milán y Amsterdam (por el hecho de la supresión de la barrera de cambio), tuvo una alza del 75% con relación a su curso del 26 de agosto de 1939. 

La Bolsa de Londres, seguida, pero bastante lejos, por la de Nueva York y Montreal, señaló una franca recuperación después del fracaso alemán en la Batalla de Inglaterra y la inobjetable duda que se produjera una invasión, pero hasta fines de julio de 1943 no se alcanzó el nivel de septiembre de 1939.

Los países neutrales permanecían confiados y por ello el curso de sus bolsas no variaron mucho de 1939 a 1943, pero puede comprobarse que Estocolmo, Zurich y Lisboa manifestaron alzas o bajas según parecía que la guerra iba a terminarse o a continuar.  En resumidas cuentas, tales fluctuaciones siguieron hasta el 31 de agosto de 1941, fecha casi límite de una posibilidad de contundente victoria alemana, al ritmo de las de Berlín y Milán.  Después de esta fecha, los movimientos bursátiles quedaron subordinados a los movimientos de Nueva York y de Londres.

París y Bruselas, sin seguir las variaciones de Londres y Nueva York, estaban en completa ruptura con Berlín y Milán.  Desde poco después de junio de 1940 los franceses y los belgas recuperaron su confianza en la victoria aliada.  A partir de julio de 1941, París y Bruselas vieron un movimiento al alza sin cesar.  Las victorias soviéticas de Timochenko, la conquista de Libia y el desembarco de Dieppe (aunque fue un fracaso, fue una advertencia) y el de Argel fueron las causas de aquella subida vertiginosa, que alcanzó su punto culminante el 19 de enero de 1943 en Bruselas (alza del 280% con referencia a septiembre de 1939) y el 21 de enero de 1943 en París (alza del 350% con relación a septiembre de 1939), después de la gran victoria de Stalingrado.

Bolsa de Londres

La Bolsa de Londres después de un bombardeo

El gobierno del Reich, que a ningún precio quería dejar libre curso a las especulaciones de los compradores de la bolsa de Berlín, decidió el 25 de enero de 1943 fijar los Stopkursen (cambios máximos).  Lo mismo se hizo en Amsterdam, pero esta última bolsa dejó entrever ciertas tendencias a la baja.  Aparentemente, los cambios seguían una línea horizontal, pero la intervención a que estaban sometidos no reflejaba el verdadero sentir de los compradores o vendedores.

Desde luego, sería excesivo atribuir estas variaciones bursátiles solamente al capricho de la fortuna de las armas.  El crédito que el comprador concede a ciertos valores, sus ideas o temores sobre el futuro de su moneda nacional, o la posible solución del conflicto, entraron también en juego.  Pero las reacciones bursátiles constituyeron un reflejo de la opinión de los compradores y de las variaciones manifestadas por las bolsas de París y Bruselas, por lo que puede deducirse que en esas dos capitales reinaba una gran confianza en la victoria aliada y que aspiraban a la liberación.

Zurich y Estocolmo, neutrales y por lo tanto independientes, compartían esa legítima esperanza desde septiembre de 1941 y, desde el micrófono por la radio, Sottens, M. Rene Payot exponía claramente cómo la balanza se inclinaba en favor de los aliados.  La capitulación de Italia tuvo grandes repercusiones en los cambios y a finales de 1943 los bolsistas europeos, fuesen de donde fuesen, se desprendían a toda costa de sus valores alemanes indicando con ello que sus pronósticos daban todas las probabilidades de una victoria próxima a los aliados.

Goebbels ya no pudo desde entonces ofrecer a los europeos sino slogans bastante frágiles: "la fortaleza europea", "el muro del Atlántico"...   La curva descendente de la derrota militar precedía a la de la derrota psicológica.   Goebbels sabía perfectamente que no podía suplir con palabras los aviones, los submarinos, los tanques y sobre todo los combustibles que faltaban.


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Publicado: 02 abril/2009 - Actualizado: 03 junio/2013