Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Pie de Trinchera

El nombre "pie de trinchera" procede de la Primera Guerra Mundial cuando las tropas permanecían en trincheras llenas de agua durante semanas sin descanso y a temperaturas muy bajas.   Generalmente se manifiesta cuando los pies se exponen a períodos prolongados (12 horas o más) de humedad y frío.  La combinación de frío y humedad ablanda la piel causando la pérdida de tejido y generalmente infección.

Si no se trata a tiempo puede requerir la amputación.   Generalmente los primeros síntomas son picazón, entumecimiento y hormigueo.  Luego el pie suele hincharse y la piel se ve rojiza, azulada o negra.  Pueden aparecer manchas rojizas o azuladas, muchas veces con supuración o sangrado.  Los soldados que usan botas impermeables o botas muy apretadas, están expuestos a sufrir la enfermedad debido a la acumulación de sudor.

Foto de caso grave de pie de trinchera

Caso grave de "pie de trinchera". 
La gangrena es evidente y sólo queda la amputación.

Causas

El pie de trinchera se propicia con la mala nutrición, la deshidratación, medias mojadas, ropa inadecuada y la mala circulación por calzado inapropiado.   Las personas que sudan demasiado son más propicias a padecer ese mal, pero en general se puede prevenir prestándole atención a los pies.   Se debe tener a mano medias limpias y secas todo el tiempo.  Hay que asegurarse que las botas sean lo suficientemente amplias, pero no usar medias extras si se siente frío.  En vez de eso se deben usar botas más amplias o con mejor aislación.  Lo mejor es proveer aislamiento externo mediante el uso de escarpines o polainas.

Fases de la enfermedad

La enfermedad tiene tres fases.   En la primera los vasos sanguíneos se constriñen por el frío y la humedad y debido al poco oxígeno que le llegan a las células del pie.   El pie se siente frío al tacto, se ve ligeramente hinchado, está entumecido y la piel parece ablandada. Cuando el pie es recalentado, los tejidos dañados se ven rojizos y son muy sensibles al tacto.   La molestia puede durar desde horas hasta días.

Segunda fase.  Las células resultan afectadas por la falta de circulación sanguínea y cuando los vasos sanguíneos se descongestionan, los tejidos comienzan a hincharse y supurarse por exceso de líquidos.   Los pacientes sienten un hormigueo doloroso que no cede.  Al recalentarse el pie se presentan ampollas y úlceras que cuando se abren muestran debajo el tejido muerto.  En casos severos el resultado es la gangrena.  El sufrimiento puede durar de 2 a 6 semanas.

La tercera fase puede durar semanas a meses.  Las ampollas desaparecen y el pie recobra su apariencia normal.   Durante esa etapa, aumenta la transpiración en los pies.   La sensibilidad al frío se agudiza, los niveles de dolor son variables, se presenta picazón y parestesia.   El pie dañado es susceptible de sufrir daños en el futuro a causa del frío.

Tratamiento

El tratamiento de primeros auxilios consiste en secar el pie afectado o los pies cuidadosamente.  Lavarlos si están sucios y secarlos muy bien.   Mantenerlos elevados por encima del corazón del paciente mientras se recalientan mediante contacto de cuerpo a cuerpo.   No se deben frotar ni colocarlos cerca a fuentes de intenso calor, como hogueras o estufas, por ejemplo.  No se deben usar cremas ni lociones, ni se deben reventar las ampollas.    No se debe masajear o exponerlos a calor intenso.  Se deben administrar drogas anti-inflamatorias genéricas como Aspirina o Ibuprofen, siguiendo las indicaciones del medicamento.

Recuerde que pueden pasar 24 a 48 horas antes de que se pueda percibir la severidad de las lesiones.   Si el dolor es muy fuerte y las ampollas son muy grandes debe buscarse asistencia médica.   El paciente debe determinar si puede caminar o no.


Publicado: 1 noviembre/2002