Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

El espionaje Aliado 1944-1945

Los soviéticos temían siempre, que los aliados occidentales llegaran a un acuerdo con Alemania para atacar a la URSS.  Stalin no daba gran crédito a la firme intención de los anglo-estadounidenses de abrir el segundo frente, acción que desde 1941 les reclamaba con insistencia.   Además, el líder soviético recelaba de las conversaciones, que se efectuaron en Berna, Suiza, entre los agentes estadounidenses de Allen W. Dulles y agentes alemanes,

Hoover

J. Edgar Hoover, Director del FBI

La Inteligencia soviética alertó a sus agentes para que buscaran evidencias que ratificaran esas sospechas.  El 2 de noviembre de 1945, J. Edgar Hoover, director del FBI (Federal Bureau of Investigation) presentó al presidente Truman un informe muy completo sobre las informaciones secretas transmitidas a los soviéticos por funcionarios estadounidenses durante los últimos años de guerra.

Se supo que los planos de la Fortaleza Volante Boeing B-29, el bombardero más adelantado de la época, y la fecha del desembarco en Normandía, habían sido enviados a Moscú a principios de 1944, por intermedio de Elisabeth Bentley. 

Bentley fue una mujer sumamente hábil, carecía totalmente de prejuicios y tenía una firme convicción izquierdista.  Trabajó para los soviéticos encargándose de obtener todo tipo de informes clasificados que eran transmitidos a Moscú gracias a las relaciones amorosas que la mujer tenía con los agentes soviéticos en Washington.  Pero a la vez, usando usando las mismas artes les pasaba consignas, urdidas por Moscú, a muy altos y calificados funcionarios del gobierno de Estados Unidos, las cuales en alguna medida influian en las decisiones que tomaba el presidente Roosevelt.

Bentley

Elizabeth Bentley

Los rusos, por medio de Bentley y otros agentes dobles, estuvieron siempre bien informados sobre las intenciones estadounidenses respecto a Alemania.

Pero hasta finales de 1944 la inquietud de Moscú fue muy grande.  En la correspondencia cursada durante la guerra entre Stalin y Roosevelt en todo momento se vislumbraba la ansiedad, desconfianza y zozobra que existía entre ambos dirigentes aliados.

Entre los empleados de Allen W. Dulles que operaban en Berna se hallaba un comunista estadounidense llamado Noel Field.  Las opiniones políticas de este idealista no eran ignoradas en modo alguno por su jefe, pero se le confiaban misiones de traslado de fondos y de enlace con las organizaciones comunistas de la resistencia europea. 

En 1945 Field le propuso a Dulles extender a toda la Europa occidental las actividades del Comité de la Alemania Libre, organización antifascista controlada por Moscú, hecho que demuestra que al igual que Bentley, el agente Field le transmitía consignas a su jefe por órdenes de Moscú.  Más tarde, rompió relaciones con Dulles y se pasó al otro bando, hecho que le valió ser privado de la nacionalidad estadounidense, pero sin duda Stalin sacó mejor provecho de los conocimientos de Field que el propio Dulles.

Allen Dulles

Allen W. Dulles

Tras la capitulación en Italia de los ejércitos alemanes, en abril de 1945 y de las conversaciones entre el general de las SS, Wolff y los colaboradores de Dulles, los estadounidenses hicieron todo lo posible para apaciguar a los soviéticos y vencer su desconfianza.

Todos los acuerdos entre rusos y sus aliados firmados en las grandes conferencias fueron íntegramente respetados, por estos últimos, hasta el fin de la guerra, incluyendo la decisión sobre la "rendición incondicional", que fue tomada sin la participación de Stalin, sólo para darle gusto y aplacar su arrebatos de furia.

Después del desembarco en Normandía y cuando las fuerzas aliadas ya estaban bien consolidadas en el territorio francés, belga y holandés, los agentes occidentales recibieron la orden de desarmar a los miembros de la resistencia, en especial la francesa que estaba integrada casi exclusivamente por comunistas.

Los Aliados occidentales, excepto Stalin por supuesto, temían que los comunistas asaltaran el poder luego de haber tenido un papel tan significativo, antes y durante la invasión de Francia.   En Francia el desarme no fue fácil, como tampoco lo fue en Bélgica e Italia, lugares donde los guerrilleros se rehusaban a deponer las armas y entregar el poder que habían ganado legítimamente y con no poco sacrificio.

En los países balcánicos, estallaron graves incidentes y las fuerzas aliadas tuvieron que encargarse de restablecer el orden, con fuertes combates y gran derramamiento de sangre.  Pero, en Yugoslavia por ejemplo, los Aliados tuvieron que ceder ante la presión de Moscú y el férreo control que obtuvo el Mariscal Tito sobre la guerrilla y su país asesinando a todos sus opositores.

Tito

Mariscal Tito

El espionaje soviético fue muy superior al de sus aliados.  Moscú contó con la colaboración constante de los partidos comunistas de todos los países, con lo que resolvieron ampliamente el problema del espionaje en la guerra total.  Los soviéticos pudieron, así, servirse hábilmente de las poblaciones ocupadas o enemigas, y de los neutrales, mientras que los occidentales siempre desconfiaban de ellas o simplemente no supieron manejar el asunto. 

En una guerra ideológica que implica la participación de las poblaciones, el espionaje debe tener en cuenta necesariamente a la población civil.  Latinoamérica no fue una excepción, pero en esos países los aliados occidentales contaron con la ventaja de la cercanía de Estados Unidos, su influencia y poder, que le permitió mantener el tutelaje sobre todos los asuntos políticos y económicos de la región.

Antes de finalizar la guerra, los soviéticos ya habían comenzado su espionaje atómico y sobre cohetería, incluso desde el momento en que las fuerzas estadounidenses se encontraron con el Ejército Rojo en el Elba. 

Lo primordial fue apoderarse, por las buenas o las malas, de los científicos nucleares y los ingenieros que habían desarrollado los motores cohete, las V-1, V-2 y los misiles tierra-aire, amén de los aviones a propulsión a chorro.  En buena medida, los estadounidenses tuvieron mejor suerte en esa lid, porque muchos de esos científicos, ingenieros y técnicos, se encontraron en el territorio ocupado por ellos y estuvieron felices de no caer en manos de los rusos, pero muchos otros de buena fe, o por proceder de Alemania Oriental, donde vivían con sus familias, aceptaron marchar rumbo a Rusia.

Los que lograron escapar del Ejército Rojo, fueron recibidos con los brazos abiertos, a diferencia de los oficiales y soldados que lucharon en el Frente del Este y que eran devueltos al territorio ocupado por los rusos. 

Pero en lo referente al espionaje, para la ya inminente Guerra Fría, los soviéticos llevaban la delantera.  En ese sentido, a los occidentales no les quedó otra alternativa que aprovechar los conocimientos de la Abwehr y la RSHA de Himmler, ocultando a la investigación de los cazadores de criminales de guerra, todo aquello que les podría ser útil.  

De igual forma, los nuevos aliados occidentales contaban entre sus planes la experiencia alemana para un eventual enfrentamiento armado con los rusos.  Esto le salvó la vida a muchos altos oficiales que, de otro modo podrían haber sido condenados a muerte, bajo cualquier excusa, y sin duda que de haberse dado tal conflicto, entre 1946 y 1950, se habrían reactivado numerosas divisiones de veteranos alemanes, que gustosos habría reanudado la lucha en el Frente del Este.

Si eso hubiera ocurrido, otro habría sido el desenlace, pero aún en ese momento Stalin supo manejar su política exterior demostrando que hasta el final fue un mejor político que los occidentales.


Publicado: 20 enero/2005