Rendición de Japón (29-8-1945)

Luego de las derrotas de Iwo Jima y Okinawa el 21 de junio de 1945, la situación del Japón era irreversible.  Los japoneses estaban seguros que la invasión aliada sería el siguiente paso.  La población sólo esperaba que se sucedieran los acontecimientos, preparándose para resistir hasta la muerte.

Abril de 1945

En abril la Unión Soviética había advertido al gobierno del emperador que no renovaría su Pacto de Neutralidad con el Japón.  Stalin se preparaba para obtener algún beneficio en la victoria inminente en el Pacífico.

7 de Mayo de 1945

La rendición de Alemania disipó las esperanzas de que alguna arma maravillosa que el ingenio alemán inventase, pudiera revertir el rumbo de la guerra.   Por el contrario, a partir de ese momento, con el fin de la guerra en Europa, todo el poder de los aliados quedaba libre para agruparse y operar contra el Japón.

Las negociaciones de un alto al fuego debían hacerse en secreto.  Poderosas facciones de los estratos militaristas japoneses preferían la muerte a la rendición, sabiendo que la población seguiría ese camino, tal como había ocurrido en las islas japonesas.  Sólo les quedaba preservar el sistema imperial japonés y proteger la divinidad del Emperador.

Como Rusia había sido totalmente neutral en la guerra del Pacífico, los intentos de paz se hicieron a través de Moscú.  El Consejo Supremo japonés esperaba que Rusia renovase el Pacto de Neutralidad a cambio de concesiones en Manchuria, sabiendo que las apetencias de Stalin iban más allá de eso, sobre las propias islas japonesas.  En la Conferencia de Potsdam, Stalin ocultó a Truman y Churchill los detalles de la petición de mediación hecha por los japoneses y poco después de iniciadas las conversiones, Attlee reemplazó a Churchill quien perdió en las elecciones.  Los rusos no tenían la intención de ayudar a los japoneses a salir de la guerra y llegar a un acuerdo de paz, porque sin ellos involucrados en la guerra del Pacífico, no podrían compartir el botín de guerra con los demás aliados.

Junio de 1945

El día 22 de junio de 1945, Emperador Hirohito, en una sesión del Consejo Supremo de Guerra, declaró lo que otros altos dignatarios no querían o no se atrevían a insinuar: el Japón debía hallar un medio para terminar la guerra, porque no había forma de continuar con ese estado de cosas.  Oleadas tras oleadas de bombarderos estadounidenses reducían a cenizas las principales ciudades del Japón.  El bloqueo se hacía sentir en todos los aspectos de la vida.  Acechaban el hambre y las enfermedades, no había combustibles, la distribución de agua era intermitente, no había energía eléctrica, la distribución de alimentos estaba llegando a niveles trágicos y los servicios de salud atendían sólo casos de gravedad.

Julio de 1945

El 14 de julio comienza la ofensiva estadounidense contra el Japón desatando los primeros bombardeos por parte de la Tercer Flota.  Pero Truman estaba enterado de las conversaciones entre Tokio y Moscú, porque los servicios de inteligencia estadounidenses tenían la clave para descodificar los informes que por medios telegráficos se cursaban entre el ministro de Relaciones Exteriores de Tokio y su embajador en Moscú.  Con esos informes viajó a Postdam para iniciar la conferencia aliada el día 17.

Mientras rusos y japoneses se demoraban, los estadounidenses y británicos estaban preparando activamente la invasión de Kyushu para noviembre de 1945, un asalto a Honshu y el avance sobre Tokio fijado para marzo de 1946. Por su parte los japoneses preparaban la defensa de sus ciudades, en especial la capital, para resistir hasta la destrucción total del Imperio.  El 16 de julio de 1945, Estados Unidos hizo explotar la primera bomba atómica en Alamogordo, Nuevo México, y, a las pocas horas, el buque insignia de la 5ª Flota estadounidense, el USS Indianapolis, reparado de los impactos recibidos en Okinawa, zarpaba de San Francisco para las Marianas con la primera bomba atómica militar.  Bombarderos basados en Okinawa y en las Marianas, aparecían en oleadas de 500 o más sobre las ciudades industriales del Japón, reduciendo a escombros y cenizas vastas zonas de industrias y viviendas.  La tercera flota recorría sin que nada pudiera detenerla las costas del Japón, bombardeando por mar y por aire, mientras la fuerza aérea japonesa guardaba los restos de su flota aérea para la esperada invasión.

17 de julio

El 17 de julio, los 105 buques de la fuerza de Halsey recibieron a los 28 de la Gran Bretaña procedentes de India, constituyendo la mayor fuerza de choque de la historia naval del mundo.  Atacaron las bases navales de Yokosuka, en la bahía de Tokio, y la de Kure, en el Mar Interior, hundiendo o averiando severamente los restos de la flota imperial japonesa.

Proclama de Postdam

El 26 de julio, los gobiernos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y China dieron la respuesta en la Proclama de Potsdam, manifestando que la "rendición incondicional" sólo se aplicaría a las fuerzas armadas.   También anunciaban que se privaría al Japón de todas sus ganancias territoriales y posesiones fuera de las islas metropolitanas, y que se ocuparían ciudades del Japón hasta que se hubiese establecido "un gobierno responsable e inclinado a la paz" de acuerdo con los deseos expresados por el pueblo en elecciones libres.

La proclama no contenía ninguna referencia al Emperador o al sistema imperial, porque en ese punto, los aliados todavía no sabían que hacer.  En realidad no tenían ninguna duda, que el pueblo japonés defendería hasta el exterminio a su Emperador y por tanto el tema debía ser tratado con suma cautela.   Dos días después de publicada la Proclama de Postdam, Stalin informó a sus colegas, que Japón rechazaba los términos de Rendición Incondicional.

El gabinete japonés no había preparado al pueblo para una rendición, no había recibido respuesta de la Unión Soviética a sus ofrecimientos, ni había llegado a resolver las divergencias internas.   Sin embargo, el principal obstáculo era que la Proclama de Postdam no revelaba las intenciones de los aliados sobre el Emperador del Japón, asunto que, debido a su naturaleza divina, no tenía muchas posibilidades de ser negociada y por tanto constituía un escollo que no podía quedar al margen.

El 30 de julio la 3ª Flota de Estados Unidos terminó la primera fase de sus operaciones preparatorias contra el Japón con una incursión sobre los aeródromos y fábricas de Honshu, en el corazón del Japón.  En esa fecha, después de entregar la bomba en Tinian, el USS Indianapolis tocó en Guaní y al hacer rumbo hacia Leyte fue hundido en el Mar de las Filipinas por un submarino japonés, con la pérdida de casi 900 vidas.

Agosto de 1945

El Japón tardó demasiado, esperando llegar a un compromiso con Moscú.  Estados Unidos no quiso arriesgarse a que los rusos declararan la guerra a Japón e intentaran la invasión por su cuenta, quitándoles así la iniciativa.  Por tanto, Truman decidió no correr el riesgo de ser sacado del partido en el último momento y ordenó el bombardeo atómico.

Primera bomba atómica

El 6 de agosto, un B-29 despegó de Tinian y dejó caer sobre Hiroshima la bomba atómica que incendió y arrasó la mayor parte de la ciudad.  Los rusos se percataron entonces de que, si querían llegar a tiempo a la guerra para compartir el botín, debían apresurarse.   El 8 de agosto el Ministro de Relaciones Exteriores soviético entregó al embajador del Japón en Moscú, la comunicación que sabían que estaba por llegar:  la declaración de guerra.  A las pocas horas, el ejército rojo entraba en Manchuria.

Segunda bomba atómica

El día 9, otra bomba atómica lanzada desde un bombardero estadounidense devastó la ciudad de Nagasaki.  Por su parte, la 3ª Flota incursionó sobre el norte de Honshu y Hokkaido, que para entonces había capeado un tifón.   El día 10 las fuerzas rusas comenzaron la invasión de Corea.

Todos estos acontecimientos forzaron al gobierno japonés a tomar una decisión y resolvieron uno de sus problemas más difíciles.  Hasta entonces los consejeros del Emperador no habían sabido cómo presentar los hechos a una nación que todavía confiaba en la victoria.   Se temía que todo intento de rendición provocase motines en las fuerzas armadas y el alzamiento de la población que preferiría morir en defensa del Emperador.  Pero el poder de la nueva bomba que causaba destrozos inimaginados como desconocidos, el rápido avance del Ejército Rojo y la reanudación de los ataques por mar, persuadieron al Emperador que no tenía sentido optar por la destrucción del Imperio.

10 de agosto

Poco después de medianoche, en la madrugada del 10 de agosto, el Emperador Hirohito se levantó con inocultable emoción ante su Consejo Supremo y aconsejó la aceptación inmediata de la proclamación de Postdam.  El gabinete aceptó la decisión del Emperador, con la única condición de que permaneciese respetado el sistema imperial.  El acuerdo fue dado a conocer vía Suiza y Suecia a Washington, Londres, Moscú y Chungking.  Al recibir la comunicación, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, James Byrnes, actuando en nombre de los gobiernos aliados, redactó la contestación aceptando la condición, pero con dos estipulaciones: que durante la ocupación el Emperador debería someterse a la autoridad del Supremo Comandante aliado en el Japón y que el pueblo japonés debería decidir en elecciones libres sobre la categoría definitiva del Emperador.  Esperaban la respuesta.

Rendición de Japón

Mientras tanto, la 3ª Flota atacó al norte de Honshu y las Kuriles para desanimar los deseos de resistir de las fuerzas japonesas que no daban signos de querer rendirse.  El día 13, repitió los ataques sobre Tokio.   El día 14, el Gabinete japonés, siempre por consejo del Emperador, aceptó las estipulaciones aliadas.   El 15 de agosto, mientras se efectuaba otro ataque aéreo sobre Tokio y cuando acababa de lanzar otra oleada de atacantes, el Emperador en inusual alocución radial, ordenó deponer las armas.  Ese mismo día China acuerda un armisticio con las fuerzas japonesas que para entonces contaban con 1.300.000 hombres y que cumplen la orden del Emperador de deponer las armas.  Sin embargo el comandante japonés en Manchuria continúa la lucha hasta el día 21 de agosto.

Firma del Acta de Rendición

El 29 de agosto, a bordo del acorazado USS Missouri, anclado en la bahía de Tokio junto con otros barcos de la 3ª Flota, el Ministro de Relaciones Exteriores del Japón en nombre del Emperador, del Gobierno Imperial y de Cuartel General Imperial, firmó los protocolos de rendición.   El general Douglas MacArthur firmó la aceptación como Supremo Comandante de las potencias aliadas.  El almirante de la flota, Chester Nimitz, añadió su firma como representante de los Estados Unidos.  Siguieron las de los representantes del Reino Unido, China, la Unión Soviética, Australia, Canadá, Francia, Países Bajos y Nueva Zelanda.

Inmediatamente el General MacArthur, nombrado por Truman Supremo Comandante Aliado en Japón y a partir de ese momento Gobernador de Japón, trasladó su Cuartel General a Tokio, para dirigir la ocupación y decidir el destino del pueblo japonés.  La Segunda Guerra Mundial había llegado a su fin.


Bibliografía

-LIBRO: Japan: From Surrender to Peace por E.J. Lewe van Aduard
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Publicado: 10 noviembre/2004 - Actualizado: 3 setiembre/2013






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