Rendición de Alemania (8-5-1945)

Después que Hitler anuncia su decisión de suicidarse junto con su esposa, la realidad cae como un manto de muerte sobre sus más inmediatos colaboradores.  Goebbels y su esposa toman la fatídica decisión de envenenar a sus hijos y luego suicidarse.  Los cadáveres de los seis niños quedan en sus habitaciones mientras que fuera del Búnker, son cremados los cuatro cadáveres.  En otra habitación dos disparos anuncian el suicidio de los generales Burgdorf y Krebs.

Conquista del Reichstag

La bandera de la URSS ondea sobre el Reichtag .  Es la foto más famosa de la Batalla de Berlín y símbolo de la victoria para los soviéticos.

Cuando la noche del 30 de abril de 1945 el almirante Dönitz, comandante en jefe de la Kriegsmarine y jefe militar de la Zona Norte del Reich, que para entonces estaba dividido en dos partes por las fuerzas anglo-estadounidenses y soviéticas, volvió a su Cuartel General después de una entrevista con el jefe de las SS Himmler en Lübeck, recibió un mensaje que había llegado de Berlín a las 18,45 horas.   Martin Bormann, Jefe de la Cancillería del Partido, comunicaba desde el búnker del Führer, que Hitler había nombrado a Dönitz como su sucesor, en lugar del Mariscal Göring.  El almirante recibe con esto, toda la responsabilidad sobre el destino de Alemania.  Sabía que sólo podía significar terminar con la guerra que desde hace mucho estaba perdida.  Aquella misma noche se entrevistaba de nuevo con Himmler en Plön, pese a la resistencia y desconfianza de éste.   Heinrich Himmler era todavía nominalmente el jefe de toda la policía alemana, Comandante Supremo de las SS, Ministro del Interior del Reich y Comandante en Jefe del Ejército de Reserva.  Cuando Himmler supo que Dönitz era el sucesor de Hitler, le pidió ser el segundo hombre de su Gobierno.  Dönitz rechazó la propuesta de plano y malhumorado Himmler regresó a Lübeck.

Berlin

¿Hacia dónde ir?

En la madrugada del 01 de mayo de 1945, pensando que Hitler aún vivía, Dönitz hizo organizar una manifestación de fidelidad al Führer con el carácter patético que los momentos exigían.   La mayoría de los analistas no comprenden por qué lo hizo.   Probablemente quería demostrar que había unanimidad entre los miembros del Gobierno, en especial ante las medidas que habían de tomarse, que no eran otras que las negociaciones para la capitulación.   Tal vez pensó Dönitz que su nombramiento como sucesor del Führer significaba que probablemente Hitler renunciaría.

Lo cierto es que, en esos momentos, ni Dönitz ni nadie en Plön sabían que Hitler se había suicidado, que los soviéticos se encontraban ya en las cercanías del "Búnker del Führer" y que todo estaba ya perdido.  Tampoco sabía que el comandante en Jefe de Policía y de las SS en Italia, Karl Wolff, había tratado por su cuenta una capitulación parcial con los anglo-estadounidenses.  El 2 de mayo de 1945, en el Norte de Italia y en el sur del Tirol, fueron enviados al cautiverio alrededor de un millón de soldados, todavía con capacidad combativa.

Berlin

Miles de personas sin hogar deambulan en las calles. Se cubren los ojos, la nariz y la boca poral humo que hacía el aire irrespirable.

El 01 de mayo de 1945, se recibieron en Plön, desde Berlín, otros dos radiogramas de Bormann que anunciaban, el primero, que el testamento de Hitler, estaba en vigencia, que el Führer había designado Presidente del Reich al Almirante Dönitz y como nuevo Canciller del Reich al Ministro de Propaganda Dr. Goebbels.  En el segundo, Bormann anunciaba lacónicamente que el Führer había fallecido el 30 de abril y comunicaba su inminente llegada a Plön.

Nadie en Plön sabía que Goebbels y su familia se habían suicidado ese mismo día, ni que el 2 de mayo el General Weidling, último comandante alemán de Berlín, se rendía con el resto de sus tropas y que esa misma noche la bandera con la hoz y el martillo, ondeaba en lo alto del Reichstag.  Legalmente, el testamento no llegó nunca a entrar en vigor.  Bormann tampoco llegó nunca a Plön, desapareciendo de Berlín la noche del 1 al 2 de mayo de 1945.  Por su parte Himmler trató de escapar disfrazado y con documentación falsa en dirección al sur.

Berlín

Las fuerzas estadounidenses entran a Berlín

Esa noche Dönitz hace anunciar oficialmente por Radio Hamburgo la noticia de la muerte del Führer, que da la vuelta al mundo como reguero de pólvora.  No emplea el título de Presidente del Reich, sino que sigue utilizando el de almirante.  Un nuevo juramento de la Wehrmacht no se llegó a realizar.  Debido al rápido avance inglés hasta Lübeck y el oeste de Mecklenburg, la sede del nuevo directorio del Reich fue trasladada de Plön a Flensburg-Mürwik en la parte más septentrional del Reich.  Al frente del nuevo gabinete estaba, a ruegos de Dönitz, el antiguo ministro de Finanzas Graf Schwerin von Krosigk.  Se cumplían en parte los telegramas velados de Bormann.   Los Aliados no tomaron nota oficial de este Gobierno.  Su meta estaba cifrada en el desarme total de la Wehrmacht —con la consigna de que cada unidad tenía que capitular ante la del contrario con la que había estado en combate — y la completa ocupación militar del territorio del Reich.

Tres millones de alemanes luchaban aún

En aquellos momentos el almirante gobernaba un Estado totalmente difuso.   En Berlín había bolsones de resistencia donde se luchaba sin tregua.  Los rusos ya controlaban la capital cuando el general Weidling trató de negociar la capitulación pero los rusos lo rechazaron.  Rendición incondicional o muerte.  El General Mohnke fue sacando al personal del búnker en grupos hasta que él mismo fue hecho prisionero.

Pero, un importante número de fuerzas alemanas se encontraban todavía luchando en Noruega, los Países Bajos y Dinamarca que estaban todavía ocupados; en Bohemia y Moravia un Grupo de Ejércitos con un millón doscientos mil hombres luchaba todavía contra los rusos; en el Báltico se defendía el Grupo de Ejércitos Kurland, en la península de Hela seguía operando el Ejército Ostpreussen.  En las costas del Canal y del Atlántico se mantenían la fortaleza de Dunquerque, las islas del Canal, las antiguas bases de submarinos Lorient y La Rochelle.  En el Egeo, Creta y Rodas las fuerzas alemanas tenían todavía gran capacidad defensiva.   En total seguían en armas alrededor de tres millones de hombres de las fuerzas alemanas entre el Cabo Norte y el Mar Egeo.

Infantería rusa avanza para arrasar con todo lo que encuentran a su paso.

Pero, la máxima preocupación del almirante era la evacuación de refugiados, enfermos, soldados heridos o de unidades completas en el Báltico y en Hela, que era en lo que estaba empleada la mayor parte de las fuerzas de la Marina todavía disponibles.  Dönitz quería evitar, por medio de capitulaciones parciales, que la mayor parte del Ejército del Este cayera prisionero de los rusos, tratando que los Aliados aceptaran la rendición de unidades del Frente del Este para ponerlos bajo su custodia.  La mejor opción era capitular con el máximo de fuerzas con el Oeste y con el mínimo con el Este.  Para ello, tenía que ir obrando estrictamente de acuerdo con el orden previsto.  Por tanto prohibió al jefe de distrito de Hamburgo, Kaufmann, que capitulara por su cuenta.

El 3 de mayo de 1945 el almirante se decidió por comenzar las negociaciones con el comandante en jefe del 21º Grupo de Ejércitos Británico, Mariscal Montgomery, que operaba en el noroeste de Alemania.   Designó al recién nombrado Comandante en Jefe de la Kriegsmarine, Almirante von Friedeburg, hasta entonces su sucesor como comandante de la flota submarina.  Friedeburg se presentó en el Cuartel General de Montgomery acompañado del Jefe del Estado Mayor de la Zona Norte, General Kinzel y otros oficiales del Estado Mayor.

El británico les recibió de mala modo; después condescendió en escucharlos.  Hizo constar en seguida que no estaba autorizado a aceptar la capitulación de tropas que hubieran luchado contra los rusos.   Pero, en las negociaciones de los días 3 y 4 de mayo, propuso una capitulación total de las fuerzas alemanas ante sus tropas de los flancos oeste y norte, esto es, en la zona de los Países Bajos, noroeste de Alemania y Dinamarca, incluido el cese inmediato de la guerra submarina y la entrega de la Marina Mercante y de la Kriegsmarine.  Friedeburg pidió la autorización y Dönitz asintió de inmediato.  El día 4 de mayo regresó Friedeburg al Cuartel General de Montgomery en Lüneburger Heide.  El 5 entraba en vigor la llamada capitulación del Noroeste.  El Mariscal Montgomery se mostró dispuesto a permitir el paso a su Zona, de militares que huían de los soviéticos, pero en pequeños grupos.  Con respecto a los refugiados civiles, que lo hacían en masa, estaba también prohibido el paso de la línea de demarcación, pero puntualizó que reflexionaría sobre ello, ya que no era ningún "desnaturalizado."

En el sentido de la táctica escalonada de Dönitz la capitulación del Noroeste era un triste éxito parcial.  El 6 de mayo el Almirante von Friedeburg y el General Kinzel fueron comisionados al Cuartel General de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas en Reims para tratar de la proyectada capitulación general del Oeste con el comandante Supremo General Eisenhower.  El viaje fue una odisea pues debido al mal tiempo el avión que los conducía hubo de aterrizar en Bruselas.

Jodl

El general Jodl firmando el acta con el
Almirante von Friedeburg a su izquierda.

Jodl pide la magnanimidad de los vencedores

De Bruselas continuó el viaje a Reims en vehículos de los Aliados.  Los "invitados" fueron recibidos por el Jefe del Estado Mayor de Eisenhower, General Walter Bedell Smith, un oficial sensato y de claros criterios.  No estuvo descortés, oyó las proposiciones de los alemanes, se dirigió a su superior y volvió con una contestación descorazonadora.  El General Dwight D. Eisenhower, obedeciendo la orden intransigente de la superioridad política, se negaba a aprobar cualquier otra solución que no fuera la capitulación total y sin condiciones.  Hay que reconocer que ese fue el acuerdo al que llegaron los Aliados en la Conferencia de Yalta y los alemanes lo sabían.

El Almirante von Friedeburg llevó este resultado hasta Flensburg.   El almirante Dönitz se decidió a enviar a Reims al Jefe de Estado Mayor de la Wehrmacht, General Jodl, para lo cual los ingleses pusieron un avión a su disposición.  Jodl trató de conseguir un plazo para la firma de alto el fuego, una pausa al menos de dos días entre la firma y la entrada en vigor o una solución escalonada en cuatro etapas, para ganar tiempo en los movimientos de tropas y huidos del Este al Oeste.  En esos momentos Bedell Smith no comprendía en absoluto por qué Jodl se resistía tan obstinadamente a una rendición a los soviéticos.  El resultado fue un débil compromiso. Después de la firma del 7 de mayo, a las 00 horas habría un plazo de 24 ó 48 horas para que la rendición entrara en efecto.  A toda prisa se solicitó el consentimiento del Almirante Dönitz en Flensburg, que sólo podía ser representado oficialmente por el jefe de la comandancia suprema de la Wehrmacht, Mariscal Keitel.  A las 01,30 horas del 7 de mayo estaba la autorización en Reims.

Keitel

El Mariscal Keitel firma la rendición

A las 2,41 horas en la Sala de Conferencias de la Escuela de Oficios de Reims se celebraba la breve ceremonia de la firma.  A toda prisa se habían hecho traer desde París 16 corresponsales de prensa, asimismo se había citado al representante de Francia, el General Jefe de Estado Mayor Sevez.  El General Eisenhower rehusó su asistencia.  Ante el General Bedell Smith, el almirante británico Burroughs, el jefe soviético de misión en el Cuartel General Iván Susloparov y el General Sevez firmaron la Capitulación General de Alemania el General Jodl, el Almirante von Friedeburg y por la Luftwaffe el General Wilhelm Oxenius.   A continuación el General Jodl, breve y con su estilo sobrio, apeló a la "magnanimidad de los vencedores."

A los corresponsales aliados se les prohibió informar sobre la escena.  No se quería hostigar a Stalin con una anticipación de la victoria final por parte de Occidente.   Stalin estaba furioso por lo que consideraba que le habían quitado de las manos el derecho a que los alemanes firmaran la capitulación ante los soviéticos e insistió en que la ceremonia tenía que repetirse en el Cuartel General Soviético en Karlshorst (Berlín), ante el Comandante Supremo Soviético en Alemania, Mariscal Zhukov, en presencia de los representantes de los Estados Unidos y Gran Bretaña, aclarando que no deseaba la presencia de un representante de Francia, pues para él ese país no contaba entre las potencias vencedoras.

El 8 de mayo de 1945, los ingleses llevaron en avión a Berlín al Mariscal Keitel en representación de la Wehrmacht, al Almirante von Friedeburg como representante de la Kriegsmarine y representando a la Luftwaffe al General Stumpff, Jefe de la Flota Aérea y de la Defensa Antiaérea, además de algunos oficiales ayudantes.  Poco antes de la medianoche del 8 de mayo, en el momento en que entraba en vigor el alto el fuego, comenzó la ceremonia en el antiguo casino de zapadores e ingenieros del Ejército.  El Mariscal Keitel firmaba el documento con rostro grávido.  A continuación se sirvió una cena en una pequeña villa, junto a la Escuela de Zapadores —donde los «invitados» alemanes se hospedaban— con especialidades rusas.

Rumbo al cautiverio

Cientos de miles de prisioneros alemanes son mostrados al público en un desfile por las calles de Moscú que terminó en Siberia.  Menos del 5% salvó la vida y regresó a su país muchos años después.

Todavía se encontraban bolsones de resistencia alemana, defendidos por aquellos que se negaban a capitular.  Pero, la tragedia no había terminado, luego de la firma de la rendición incondicional, los rusos se lanzaron a una orgía de violaciones, saqueos y asesinatos, que el Alto mando Soviético justificó, "como revancha por las atrocidades cometidas por los alemanes en Rusia."

Nadie sabe con certeza cuántos muertos civiles y militares hubo en Berlín entre el 16 de abril y el 2 de mayo de 1945.  Muchos estiman en 200.000 civiles y militares alemanes y 150.000 soldados soviéticos, además de decenas de miles de heridos en ambos bandos.  La ciudad de Berlín estaba en ruinas y la población en pánico.  Cuando las fuerzas francesas, estadounidenses y británicas llegaron a Berlín para ocupar las zonas previamente demarcadas, pudieron comprobar el salvajismo con que los rusos se vengaron.  Nada útil quedó para ser utilizado.   Fueron arrancadas las tuberías de agua, cables telefónicos, instalaciones eléctricas; fueron saqueadas bibliotecas, hospitales, bancos, universidades; de las casas particulares se llevaron todo cuanto pudieron, aquel que se resistiera era muerto en el acto.  Fábricas enteras fueron desmontadas y llevadas a Rusia, dejaron a la ciudad sin alimentos, con una población que vagaba entre las ruinas tratando de protegerse del humo de los incendios.  Los berlineses que eran descubiertos tratando de escapar a las zonas que serían ocupadas por los aliados occidentales, eran asesinados sin contemplaciones.

El día de la firma del Acta de Rendición, en Londres, Winston Churchill anunció por la BBC, el fin de la guerra en Europa.  En una parte de su discurso dijo textualmente; "Sin embargo, ahora podemos permitirnos un breve período de regocijamiento."  Aunque no se refirió a las 100.000 violaciones que cometieron los rusos, resultó irónico, porque en esos momentos en Berlín se desataba una orgía de sangre y muerte.

De cualquier forma, la guerra en Europa, había llegado a su fin.


Bibliografía

—Les Dossiers de la Seconde Guerre Mondiale.  Ed. Gerard & Co., Verviers, Bélgica. 1969.
—Great Battles of World War Two, John Macdonald.


Publicado: 24 febrero/2005






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