Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Traición en el Bunker del Führer (22-4-1945)

El 20 de abril, para la celebración del cumpleaños del Führer, Herman Göring se presentó, no con sus estrambóticos atuendos de lino blanco, azul pastel claro o gris iridiscente, sino con un uniforme color verde oliva que lo hacía aparecer más como un general estadounidense que como el acostumbrado mariscal de la época de esplendor del Tercer Reich. Como dijo un invitado, Göring estaba marcando distancia con el Führer. Otro de los asistentes a la celebración era Himmler, muy venido a menos después de haber hecho un deplorable papel como Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos del Vístula. El Reichsführer-SS estaba conspirando para cometer alta traición.

Himmler llegaba después de haberse reunido con el representante sueco del Congreso Judío Mundial con quien negoció la posibilidad de una paz separada con Estados Unidos y Gran Bretaña prometiendo la entrega de presos judíos para cambiar su imagen a vistas de lo que vendría después de terminada la guerra.  Las conversaciones de Himmler con el Conde Folke Bernadotte como intermediario con las fuerzas anglo-estadounidenses, no llegaron a buen término por la negativa del diplomático a actuar como intermediario.

trincheras

Cavando las últimas trincheras en Berlín.

Hitler ordena a Steiner contraatacar

El 21 de abril, Hitler le ordenó al General Félix Steiner atacar el flanco norte de las fuerzas de Zhukov para consolidar el frente a lo largo del Oder.  Poco podía hacer Steiner con sus fuerzas disgregadas por orden de Heinrici quien le mando enviar la 11ª División Panzergrenardier-SS a defender Berlín y la Brigada Nederland a enfrentar a las fuerzas del Koniev en el sur.  El resto de las fuerzas de Steiner estaban distribuidas por todo el sector de Berlín y le costó mucho tiempo reunirlas.   Hitler le envió también los restos de las fuerzas terrestres de la Luftwaffe que poco útilse eran para operar como unidades de infantería.

No hay noticias de Steiner

El 22 de abril en la mañana, en medio de una gran cantidad de informes militares, Hitler preguntaba sobre el contraataque de las fuerzas de Steiner que había ordenado.  Nada nuevo se sabía, excepto que las tropas de Zhukov habían rebasado las defensas al norte de Berlín y que 50 km más allá de Oraniembrug comenzaba a rodear la capital, dirigiéndose en dirección al sur.  Por otro lado las vanguardias de Koniev se encontraban a 10 km al sur de la capital germana.  Hitler se enteró que en esos momentos ambas fuerzas del Ejército Rojo bombardeaban la capital del Reich.  Lo que más angustiaba a Hitler era el no saber qué ocurría con Steiner en quien había puesto todas las esperanzas de salvación.  El General Krebs le repetía una y otra vez que no se tenían informes exactos.

Tratando de obtener respuestas más precisas Hitler mandó llamar al General Eckardt Christian oficial de enlace de la Luftwaffe quien debía saber sobre la situación de Steiner porque un día antes le había ordenado enviarle como refuerzos a Steiner lo que quedaban de las fuerzas de artillería de la Luftwaffe.  Tampoco Christian sabía nada pero telefoneó al Jefe de Estado Mayor de la Luftwaffe General Karl Koller, quien tampoco pudo dar ninguna respuesta concreta que tranquilizara a Hitler, sin embargo acertó a decir que Steiner estaba listo para atacar.

Poco tiempo después, otros jefes militares informaron que Steiner había iniciado el ataque, hecho que fue confirmado por Himmler.  Pero, la realidad de los hechos era diferente.  Steiner pudo reunir 10 mil hombres mal armados o simplemente desarmados, pues no contaban con municiones suficientes, y fueron desplegados a lo largo del Canal de Finow al noroeste de Berlín.   Esas fuerzas no contaban con artillería, por lo que era imposible que pudiera detener a las fuerzas de Zhukov que ya rodeaban la capital.  Hitler dudó de los informes que recibió y convocó a una reunión de Estado Mayor.

Último arrebato de furia de Hitler

Tanto Keitel como Jodl sólo podían confirmar lo que ya se sabía.  A lo más, en una semana, las fuerzas de Zhukov y Koniev habrían rodeado completamente la capital y con toda seguridad las puntas de lanza de ambas ofensivas se encontrarían en los alrededores de Postdam.  Temblando de furia, Hitler insistió en que se le informara sobre el ataque de Steiner.  Sin poder sostener más la situación el General Krebs le dijo que Steiner estaba organizando sus fuerzas y que no estaba listo para iniciar el contraataque.  Hitler estalló violentamente de una forma que nunca antes habían visto los presentes.  Los gritos del Führer trasponían la pesada puerta de acero y eran escuchados por quienes se encontraban en la antesala.

Hitler gritó que la guerra estaba perdida, que todos lo habían traicionado y repitió que se quedaría en Berlín hasta el final, cuando se quitaría la vida ante la llegada de los rusos.  Los oficiales trataban de calmarlo asegurándole que el Ejército de Schörner era lo suficientemente fuerte y que estaba resistiendo en Eslovaquia y el Mariscal Kesselring mantenía una sólida defensa en Austria y el sur de Alemania.  La recomendación de todos era que Hitler dejara el búnker y que fuera a Obersalzberg para continuar la defensa desde esa ciudad.  Pero Hitler insistió en quedarse en Berlín hasta el final.

La conferencia duró tres horas. Hitler insistió en que los altos oficiales tomaran las decisiones que juzgaran convenientes.  El General Christian consideró que Hitler se estaba lavando las manos y que por tanto estaba cediendo el cargo de Führer por lo que se dirigió donde el General Koller, en el Cuartel General de la Luftwaffe en Krampnitz, cerca a Postdam, para informarle sobre la situación en el búnker de la Cancillería. Koller le comunicó las noticias a Göring quien escribió un telegrama a Hitler diciendo:

Mein Führer:

En vista de la decisión que usted ha tomado de permanecer en la fortaleza de Berlín, ¿está usted de acuerdo en que yo asuma el liderazgo del Reich, con total libertad de acción, tanto interna como externamente, como vuestro sucesor?

Si no recibo respuesta hasta las 10 de la noche de hoy, daré por entendido que usted ha perdido la libertad de decisión y por tanto actuaré en beneficio de los intereses de la nación y de nuestro pueblo.  Usted sabe cuáles son mis sentimientos hacia usted en estos graves momentos de nuestras vidas.  No tengo palabras suficientes para expresarlas.

Que Dios le proteja y que a pesar de todo lo traiga pronto aquí.

Lealmente
Hermann Göring

Cuando el telegrama llegó al búnker de la Cancillería, fue recibido por uno de los más acérrimos opositores de Göring: Martin Borman, Jefe Ejecutivo del Partido Nacionalsocialista.  Borman le pasó el telegrama a Hitler diciéndole que Göring le estaba enviando un ultimátum.  Hitler volvió a estallar en furia ordenando al Cuartel General de las SS en Oberzalsberg que arrestaran a Göring, Lammers y Koller con cargos de alta traición.  Les perdonó la vida en atención a los servicios prestados a la nación, encargándole a Goebbels que informara a la prensa que Göring pasaba al retiro por razones de salud siendo cesado por renuncia a todos los cargos que ostentaba desde 1931.

Última orden de operaciones en el búnker

Finalizando el día 22 de abril, Jodl propuso que el 12º Ejército que protegía un corredor de 120 km en el río Elba, ocupando posiciones frente al ejército estadounidense, diera media vuelta para atacar a las fuerzas de Koniev y que entrara en la capital para detener el ataque del Ejército Rojo.  Por supuesto que eso le abría las puertas de la ciudad a las fuerzas estadounidenses, pero eso no era problema porque el Estado Mayor de la Wehrmacht había recibido un informe secreto de inteligencia con el plan Aliado de ocupación que constaba de 70 páginas incluyendo mapas que detallaban la ocupación de Alemania, la cual desde el Oder al Elba estaría incluida en la zona ocupada por los soviéticos.  Eso significaba que era poco probable que las fuerzas anglo-estadounidenses montaran un ataque ante el cambio de posiciones del 12º Ejercito, lo que se confirmaba por el hecho de que el 9º Ejército de Estados Unidos habían llegado al río Elba y no habían mostrado intenciones de continuar el avance desde hacían 12 días.

Dar media vuelta era una cosa, pero que el 12º Ejército al mando del Teniente General Walther Wenck pidiera hacer algo por la defensa de la capital era otra cosa diferente, porque las fuerzas estaban muy mal equipadas, no contaban con suficientes municiones, no tenían gasolina y la preparación dejaba mucho que desear.  Keitel apoyó la idea como último recurso y Hitler dio pequeñas muestras de ánimo y de exceso de confianza al sugerir que el 9º Ejército se uniera al ataque desde el este para encerrar en un movimiento de pinzas al ejército de Koniev.  Keitel llevo la orden personalmente donde el General Wenck.  Después de recibidas las órdenes y discutida la situación, Wenck sabía que era imposible que su exiguo ejército intentara entrar a Berlín rompiendo el cerco soviético y dispuso lo único que tenía lógica, es decir abrir un corredor para permitir que el 9º Ejército del General Busse escaparan hacia el oeste donde quedaba la última posibilidad de rendir las armas a las fuerzas de Estados Unidos.  Por supuesto que nadie en el Estado Mayor de Wenck, incluyendo al propio Comandante en Jefe podía pensar que tal ataque tendría éxito, sólo podían esperar dar la última batalla, enfrentando a los rusos e intentando salvar a las agotadas fuerzas de Steiner y los civiles que pudieran rescatar en el camino.


LIBRO

Inside Hitler's Bunker: The Last Days of the Third Reich Paperback – March 10, 2005 por Joachim Fest (Author), Margot Dembo (Translator)


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Publicado: 3 enero/2006