Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

El Episodio de Malmedy (2)

Versión británica de John Macdonald en su libro Great Battles of World War II

El 17 de diciembre, tres unidades de la Batería B del 285º Batallón de Artillería estadounidense, compuesta por 140 hombres y 30 vehículos se trasladaron al sur de Malmedy.  La columna continuó hacia Baugnez por la carretera N32, donde confluyen cinco caminos.  Un policía militar de guardia en la encrucijada, le hizo señas a la columna y luego dio vuelta para entrar a una cafetería (1).  Momentos después, escuchó el sonido de disparos de cañón de tanques (2) y vio que la columna estaba siendo atacada.  Una unidad del Kampfgruppe (KGr) Peiper (3), avanzando al norte de un camino secundario había abierto fuego contra el convoy.  Los alemanes saltaron de sus tanques y corrieron a campo traviesa (4), disparando sus armas.  La ejecución de los prisioneros, que los alemanes hicieron después, ha sido conocida como la masacre de Malmedy.

La mañana del 16 de diciembre, el Coronel Jochen Peiper tomó el comando de una unidad que consistía de unos 100 tanques Panther MK IV y MK V, más un batallón de 40 tanques Tigre, apoyados por un batallón de infantería motorizada.  Sus órdenes eran servir de punta de lanza para la ofensiva de Las Ardenas.

El avance de Peiper a través de Bélgica dejó una estela de muerte.  En Honsfeld —un área de descanso para el 349º Regimiento del Cuartel General de la 9ª División de Infantería de EEUU— los paracaidistas que se desplazaban a los lados de la columna de tanques de Peiper rodearon a los estadounidenses.  Diecinueve de ellos, que no se rindieron, fueron muertos y sus cuerpos saqueados.  Cerca a Bullingen, Peiper desbordó un pequeño campo aéreo y forzó a los prisioneros a reabastecer sus tanques con combustible; una vez que cumplieron ese trabajo, fueron asesinados.   En Ligneuville, otros ocho prisioneros murieron.

Durante el avance de la columna alemana hacia el pueblo de Malmedy, una columna de estadounidenses, equipadas sólo con armas cortas, se vieron obligadas a rendirse a las ametralladoras de los tanques de Peiper.  Los alemanes, después de haber revisado a los prisioneros los arrearon a un campo, donde les ordenaron formarse en ocho filas de 15 hombres cada una.  Entonces dos tanques fueron puestos delante de los prisioneros y los hombres fueron ametrallados.  De los 120 hombres, milagrosamente salvaron 20 y aunque la mayoría resultaron heridos, lograron escabullirse a la seguridad relativa de un bosque cercano.   Unos 12 estadounidenses se lograron refugiar en una cafetería, pero los alemanes incendiaron la casa y asesinaron a todos los hombres, a medida que iban saliendo sofocados por el humo.

Cuando ese mismo día, los informes de la masacre llegaron al Cuartel General del Primer Ejército, inmediatamente fue hecho público.  Pero, en vez de que las fuerzas estadounidenses entraran en pánico, como Hitler había supuesto que sucedería, fortaleció su resolución de tomar revancha por la salvaje carnicería de sus camaradas de armas; esto confirmó el giro que había tomado la campaña.

Después de la guerra, Peiper y sus cómplices fueron arrestados y juzgados por el asesinato de 308 soldados y 111 civiles, aunque el número total de víctimas probablemente doblaba esa cifra.  Peiper fue sentenciado a muerte, pero fue conmutada por prisión en setiembre de 1948 y el 22 de diciembre de 1956 fue liberado


Publicado: 27 agosto/2004