Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

La Guerra del Clima - Estación Meteor

En plena campaña de los u-boots en el Atlántico, el mando de submarinos ordenó el establecimiento de bases en el Ártico para recabar datos meteorológicos en el círculo polar, informes que eran de gran importancia para hacer los pronósticos climatológicos en el Atlántico.  Para los comandantes Aliados y del Eje, la importancia del poder aéreo y su eficacia, estaba íntimamente ligada la las condiciones del tiempo tanto en los campos de aterrizaje, como en la zona de los blancos y la ruta misma.

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Para hacer pronósticos confiables es necesario conocer donde se crean los frentes de tormentas y en el Atlántico los lugares indicados están en el Mar de Noruega, en las regiones árticas de Noruega y en Groenlandia.   Pese a las limitaciones técnicas de la época, los meteorólogos podían hacer predicciones confiables, siempre y cuando pudieran obtener datos precisos con 24 horas de anticipación.  Por eso, la importancia de la información meteorológica, dio inició a lo que se conoció como "la guerra del clima", una vez que Alemania invadió Dinamarca y Noruega, adueñándose de las estaciones climatológicas del Ártico que por primera vez dejaron de transmitir señales no codificadas.  A partir de ese momento, los británicos no pudieron obtener más datos para su propio uso y eso causó un serio inconveniente a los mandos militares.  Como respuesta, el Almirantazgo ordenó el desmantelamiento las estaciones en Svalbard y Groenlandia, de cuyos datos también se beneficiaban los alemanes.

Spitzbergen

Svalbard (Spitzbergen)

Ante la carencia de estaciones meteorológicas fuera de Escandinavia, el comando de submarinos alemán se vio en la urgente necesidad de convertir pesqueros de arrastre de alta mar en estaciones flotantes que fueron enviadas al Ártico.  Esas estaciones transmitían los datos climatológicos codificados, a horas preestablecidas para evitar que fueran detectadas por el enemigo.

Además de los barcos de arrastre, los comandantes de los submarinos que patrullaban cerca al círculo polar tenían órdenes de tomar lecturas y transmitir los datos meteorológicos, toda vez que les fuera posible.  Pero además, otros submarinos fueron estacionados aguas afuera de las costas americanas, con el propósito de proporcionar la misma información desde la costa este de Estados Unidos.  El problema con los submarinos que estaban en servicio de patrulla regular, es decir a la caza de los mercantes Aliados, era que las horas de transmisión de los informes no eran fijas y se hacían siempre desde diferentes lugares.  Eso impedía que los expertos meteorólogos pudieran hacer estadísticas consistentes que fueran de utilidad para hacer los pronósticos requeridos por la Luftwaffe.  Es cierto que esos datos servían para confirmar la exactitud de los pronósticos hechos anteriormente pero, para la Luftwaffe, lo importante era que los pronósticos fueran confiables en el momento que se hacían.  Además, estacionar submarinos en el Atlántico era sumamente peligroso, pues al transmitir por radio sus informes, podían ser triangulados con facilidad por las estaciones costeras de escucha, las cuales ubicaban rápidamente su posición mediante el Radiogoniómetro.

Cuando EEUU entró en guerra contra Alemania e Italia, la situación se complicó porque era de esperarse un aumento de actividad de los buques antisubmarinos frente a la costa este de ese país.  De hecho, el primer submarino alemán hundido por la marina de EEUU, fue precisamente uno de esos U-Boots que transmitían de manera regular los informes del tiempo.

La Luftwaffe empleó al Escuadrón Meteorológico 5 (Wetterstaffeln V) que operaba desde Trondheim y Banak con aviones He-111 y Ju-88 especialmente adaptados para esos fines.  Los aviones realizaban dos vuelos diarios entre las aguas de Noruega y Groenlandia, el norte de Spitzbergen (Svalbard) y el este de Novaya Zemlya.  Pero, al igual que sucedía con los barcos en plena navegación, los aviones no resultaban tan eficaces como las estaciones fijas.

Junkers 88

Junker Ju 88

Por otro lado, los barcos de arrastre resultaron presa fácil de los destructores y corbetas y prácticamente todos desaparecieron al ser hundidos o retirados del servicio a lo largo de 1942.  Para los alemanes era pues necesario usar nuevos métodos porque sin los pronósticos del tiempo, resultaba imposible poder planificar las operaciones de la Luftwaffe y del Heeres.

La primera idea para resolver el problema fue la fabricación de boyas equipadas con termómetros, hidrómetros y anemómetros para medir limitados parámetros atmosféricos.  Mediante un mecanismo de relojería, la estación activaba un transmisor de baja potencia que irradiaba los datos en código Morse usando caracteres del alfabeto para definir determinados valores numéricos.  El dispositivo en forma de torpedo que activaba el transmisor dos veces al día, se transportaba en un submarino y era expulsado por el tubo lanzatorpedos en aras de la rapidez de la operación, de la seguridad del submarino y de la propia boya.   Una vez lanzada, la boya flotaba verticalmente, con la nariz fuera de la superficie.  Desde la cola de la boya, se desenrollaba un fino cable de acero, de hasta 1000 metros de largo con un lastre en el extremo que lo anclaba al fondo.  Una antena en forma de látigo de dos metros de largo salía de la nariz y el equipo quedaba listo para operar.  Una vez que el dispositivo entraba en operación, el submarino se mantenía a la escucha en las cercanías para poderlo reparar en caso de una falla prematura.   Luego de la primera transmisión, el sumergible abandonaba la zona.

U-boot

Los británicos ocuparon la isla Jan Mayen en el Mar de Groenlandia, pero una tormenta hundió el barco que llevaba los equipos meteorológicos y los operadores se quedaron sin víveres y abandonados en la isla hasta que fueron evacuados y las instalaciones destruidas.  En octubre de 1940, los británicos intentaron reocupar la isla pero nuevamente el mal tiempo les obligó a desistir.  La isla quedó deshabitada hasta la primavera de 1941.

Para los alemanes, las boyas tuvieron un gran éxito y por tanto la Luftwaffe decidió utilizar dispositivos similares para uso en tierra.   La primera de esas estaciones terrestres fue instalada a mediados de 1942 por el U-377, cerca a Ny Alesund en Svalbard (Spitzbergen).  El equipo eléctrico de las estaciones meteorológicas era muy similar al de las boyas, pero incluía un anemómetro para transmitir la dirección y velocidad del viento, cosa imposible para una boya anclada flotando libremente en el mar.

Cuando el submarino llegó al lugar elegido para el emplazamiento de la estación, en Spitzbergen, el comandante realizó un rápido reconocimiento del sitio y desembarcó el dispositivo.  El aparato consistía en un trípode con el equipo climatológico en la parte superior y un pesado banco de baterías en la base.  Todo fue relativamente fácil, pero lo que no tomaron en cuenta los ingenieros alemanes, fue que la temperatura bajó por debajo de cero grados y las baterías se congelaron, lo mismo que el aceite de las partes mecánicas movibles.

El ornitólogo Hans Robert Knospel, que tenía experiencia con estaciones meteorológicas, sugirió que se crearan estaciones permanentes asistidas en el Ártico.  Por su experiencia con expediciones en Groenlandia antes de la guerra, aseguraba que el personal y la estación pasarían desapercibidas en esas regiones tan remotas, heladas pero montañosas.  Por otro lado, Knospel había fundado un Centro Polar Experimental en la Universidad de Breslau en Riesengebirge, hoy territorio checo en la frontera con Polonia, pero entonces territorio alemán.   Knospel lideró al grupo que desarrollo la primera estación del proyecto y que operó perfectamente en Spitzbergen.  Por el éxito obtenido, inmediatamente se hicieron planes para otras dos estaciones en Groenlandia y en la Isla de los Osos.

Las dos estaciones debían ser transportadas en buques pesqueros que una vez que cumplieran con su misión debían ser hundidos.  Para mala suerte de uno de los pesqueros, una vez que llegó a las costas de Groenlandia fue avistado por un avión de reconocimiento y como no pudo responder con la señal de reconocimiento, fue hundido.  El jefe de la expedición, teniente Sonder logró caminar por el hielo hacia Groenlandia y algunos de los tripulantes fueron rescatados más tarde por la Luftwaffe que los llevó a Alemania.  Con ello se demostraba que el transporte con naves de superficie era demasiado arriesgado y peligroso y que por tanto debían ser utilizados aviones o submarinos.  La Kriegsmarine llegó a la conclusión que era mejor usar submarinos para esas misiones, por el mayor espacio disponible abordo y porque la tripulación podía ayudar a instalar la estación.  El problema era que los submarinos no estaban construidos para operar en aguas congeladas, no tenían aparejos para bajar el equipo a tierra y los equipos no podían medir más de medio metro de diámetro.

El secreto era vital para el éxito de la misión porque el personal del Cuerpo de Meteorología no podía llevar sino armas ligeras, más apropiadas para cazar que para combatir.  El lugar debía ser muy bien seleccionado porque en caso de ser avistados por el enemigo, no había ninguna posibilidad de apoyo militar y lo único que le quedaba a la tripulación de la estación era abandonarla por las vías de escape previamente planificadas.  Se establecieron una serie de puntos de reunión con alimentos, armas, botes neumáticos, equipos de emergencia, radios etc.  Las estaciones y los puntos de salvamento se elegían de acuerdo a las características que los hicieran más adecuados para la oscuridad del invierno, o para la luminosidad del verano.  Knospel fue retirado de la estación en la primavera de 1942 y el Dr. Nusser lo reemplazó poniendo en funcionamiento la estación de verano.

Los equipos eran embarcados en Noruega y se dirigían a su lugar de destino de manera rutinaria, con las consabidas alarmas cada vez que se avistaba un barco o un avión.  Una vez en el lugar, desembarcaban los vigías que se apostaban convenientemente en las heladas colinas de los alrededores para vigilar el mar y el cielo.  Luego, los equipos se desembarcan en botes neumáticos que se desplazaban muy lentamente en las congeladas aguas, con el peligro adicional de que el submarino no podría sumergirse rápidamente en caso de ser avistados por un avión de reconocimiento, pues la única opción era llenar los tanques de aire con agua y descender lentamente hasta el fondo.  Por esa razón, y con las primeras experiencias, optaron luego con embarrancar la proa del submarino en la playa de hielo quedando firmemente acoderado, permitiendo hacer la descarga de una forma más rápida que con el bote neumático.  De esa forma se transportaba el equipo lo más rápidamente posible, el submarino se retiraba y se sumergía, mientras los tripulantes de la estación iniciaban los trabajos de ensamblaje de los equipos.

Además de las estaciones en Spitzbergen, hubo algunas estaciones más en el Ártico.  La estación Schatzgräber que operó desde 1943 a 1944 en Alexandra Land (Franz Josef Lands) que primero fue usada y destruida por los rusos.  En las islas Sabine la estación Holzauge (1942-1943), Bassgeiger (1943-1944) en la isla Shannon ambas al este de Groenlandia.  Dos pequeñas estaciones de la Luftwaffe Svartisen (1943-1944) y Helhus (1944-1945)) operaban en Hopen.  La estación Haudegen instalada en 1944 que operó hasta el fine de la guerra y que es actualmente un sitio histórico noruego.


Bibliografía

Records of the German Naval High Command (Guides to the Microfilmed Records of the German Navy, 1850-1945, No. 3) by United States National Archives and Records Administration (Corporate Author), Germany Kriegsmarine Oberkommando (Corporate Author), Timothy Mulligan (Editor)


Publicado: 28 noviembre/2003