Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Proyecto de bombardeo con Dardos Envenenados

Desde 1941, en Gran Bretaña, el temor al poderío militar alemán era de tal magnitud que llevó a los altos mandos militares a considerar la construcción de las más raras armas de destrucción masiva.

Una de ellas fue el proyecto de lanzamiento de millones de dardos envenenados contra las tropas alemanas, con la esperanza que de esa forma colapsarían unidades enteras, inhabilitándolas para el combate ante el número de bajas que ocasionarían.

Los científicos británicos realizaron los experimentos en el Centro de Investigación de Armas Químicas y Biológicas en Porton Down, Salisbury.   Simultáneamente buscaron la cooperación de los científicos canadienses quienes realizaron sus propias pruebas en Suffield, Alberta, Canadá.

Dardos envenenados

Para el efecto, los científicos británicos le solicitaron al conocido fabricante de máquinas de coser, Singer Sewing Machine Company, proveer agujas especialmente diseñadas para el propósito.   Los planificadores militares consideraron que las agujas envenenadas de 0,15 onzas lanzadas desde aviones bombarderos serían más efectivas que el gas mostaza para matar un ser humano en apenas 30 segundos.

En enero de 1942, el Dr. Paul Fildes, probablemente el más reconocido bacteriólogo británico de la época, le solicitó a la Singer en papel membretado de la "Biology Section, Experimental Section, Porton, Salisbury", que le suministrara muestras de agujas para máquinas de coser.   Aclaró el científico que era un poco difícil explicar para qué requerían las agujas, pero que era imprescindible que tuvieran forma de cuchillo.  La respuesta de la compañía Singer fechada 24 de diciembre de 1941, le explicaba que no podían comprender claramente la naturaleza de la solicitud, aclarando que entendía que las agujas serían utilizadas para un propósito diferente al de una máquina de coser, pero que estaban dispuestos a ayudar en la medida de lo posible.   La respuesta de Fildes fue que era muy difícil dar detalles más específicos, pero que en todo caso ninguna de las dos muestras recibidas eran satisfactorias, pues la forma de cuchilla era definitivamente esencial.  Comunicaciones posteriores demuestran que los ingenieros de Singer no comprendían bien cual era el propósito de las agujas y para los científicos era casi imposible explicarlo sin romper el secreto del proyecto.   En una carta de la compañía Singer fechada 24 de diciembre de 1941, dicen claramente, "En respuesta a la carta fechada 23 del corriente, lamentamos decir que no comprendemos cuáles son los requerimientos.   Por los detalles proporcionados nos parece que las agujas se requieren para otros propósitos y no para ser usadas en máquinas de coser."

Los archivos existentes en el National Archives, liberados recientemente, muestran los documentos que detallan que las agujas serían empacadas en paquetes de 500 libras, conteniendo cada uno un total de 30.000 dardos.   Cada uno de los dardos contendría una pequeña porción de veneno en la cavidad hueca del dardo, mantenido en su sitio por medio de un tapón de algodón y un sello de cera, mientras que una cola hecha de papel le daría la estabilidad de vuelo a una velocidad de 80 metros por segundo.

A los científicos canadienses les parecía más efectivo un dardo ligero con la punta envenenada, mientras que a los británicos preferían un dardo más pesado con una cápsula detrás de la punta que inyectaría el veneno impulsado por la presión del impacto.

Si el dardo penetraba en la carne y no era retirado en 30 segundos causaría la muerte inmediata, pero si era retirado antes de ese tiempo causaría el colapso de la víctima.   El colapso de la víctima ocurriría entre 1 y 5 minutos y luego en 30 minutos sobrevendría la muerte.   Se probaron diferentes tipos de veneno como el uretano que mata en 30 minutos y otro veneno llamado simplemente "X" que causaba la muerte de la víctima en 24 horas.   El veneno ocasionaría en las víctimas crispamiento muscular, salivación, sudor, diarrea y vómitos.   El ritmo cardiaco disminuiría y la presión sanguínea bajaría hasta que la víctima entraría en coma y moría, usualmente precedida por convulsiones.

Para las pruebas los dardos se fabricaron en tres tipos diferentes.   Uno con el aspecto de una pluma fuente y los otros dos con forma de navaja.

Durante las pruebas los científicos utilizaron como blancos rebaños de cabras y carneros, vestidos con dos capas de tela de uniforme de combate, con los animales esparcidos en áreas de 8.000 metros cuadrados; incluso metidos en zanjas y trincheras.   Durante los lanzamientos de prueba se llegó a la conclusión que si se lanzaban a baja altura 36.000 dardos en un pequeño contenedor de bomba, caían en vuelo horizontal y servían a su propósito contra soldados de a pie, caminando o corriendo; pero si se lanzaban 30.000 dardos empaquetados, desde gran altura, abriéndose el contenedor a 3000 pies de altura, los dardos caían verticalmente y eran efectivos contra tropas agazapadas o atrincheradas.

Pese a lo promisorias que eran las pruebas, la gran desventaja era que los dardos no eran efectivos contra tropas protegidas bajo techo, en tiendas, carpas o bajo cualquier cubierta incluso en zonas boscosas.   El informe decía que a pesar de la eficiencia del arma cabía la posibilidad que el enemigo aprendería rápidamente la forma de protegerse poniéndose a cubierto.

Un tal Coronel Stevenson concluyó, el 9 de marzo de 1944, que además de la poco probable eficiencia del arma, los dardos envenenados eran económicamente inconvenientes, en relación al número de bajas que podrían causar.   No se sabe cual fue la razón exacta por la cual el proyecto fue archivado, pero además de las inconveniencias indicadas no cabe duda que fue considerada la posibilidad que los alemanes retaliarían con un arma similar contra los soldados británicos, rompiendo el veto que Hitler impuso a las armas químicas y biológicas.


Bibliografía

The National Archives,
Kew, Richmond, Surrey, TW9 4DU
War Office 188/2078 (Ptn 3156)


Publicado: 9 julio/2009