Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Radios de Galena en el frente (2)

Las radios de los 40

Durante la década de los años 30 y comienzos de los 40, existían receptores de radio comerciales de muchas marcas, con modernas válvulas electrónicas y sofisticados circuitos como el "Superheterodino".   Europa estaba inundada con receptores marca Telefunken, Radiola y Philips; en EEUU y Gran Bretaña eran RCA Radiola, Philco, Sparton y otros.

Pero como en los países ocupados estaba prohibido escuchar las estaciones del enemigo, se corría el riesgo de ser encarcelado si uno era denunciado o descubierto escuchando tales emisiones.  Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, por ejemplo si uno era hecho prisionero, era necesario recurrir a los radios de galena para poder enterarse de las noticias sobre lo que ocurría, es decir escuchar las estaciones amigas, del Eje si uno era un prisionero en manos de un país Aliado o Aliadas si uno era un prisionero en manos de un país del Eje.

Telefunken

Telefunken 1939

En tales circunstancias un "detector", un poco de alambre de cobre y audífonos eran tan cotizados como el oro en polvo y por tanto, mediante artilugios, ya fuera mercado negro o sobornos, los prisioneros podían hacerse de los elementos necesarios para fabricarse un receptor.

Como en todo ejército había operadores y mecánicos de radio o teléfono, cuando caían prisioneros se convertían en las estrellas del espectáculo gracias a sus conocimientos técnicos en la materia.  No pasaba mucho tiempo en que todos los prisioneros de una barraca se pusieran a la búsqueda de los elementos necesarios para construir el ansiado receptor.  Por norma, en todo campo de prisioneros, es importante mantener a los internos ocupados y vigilados, pues si se les dejara varias horas al día sin ocupación, tendrían más oportunidad de planear lo que sus captores no desean; estarían muy entretenidos organizando fugas o creando sus mercados negros para obtener ciertos privilegios o ventajas.

Philips

Philips 1939

Por normas internacionales, respetadas en la mayoría de los casos, los oficiales prisioneros no estaban obligados a efectuar trabajos manuales, menos forzados, pero los soldados y suboficiales sí.  Por tanto era normal que los prisioneros realizaran trabajos todo el día, para que llegaran cansados a sus barracas a dormir.  Eso, junto con la alimentación que por obvias razones tiene que ser de calidad mínima (en caso de guerra todo país tiene la obligación lógica de alimentar primero a su ejército, luego a su población civil y por último a los prisioneros), da como resultado un mínimo de tiempo y energías para dedicarse a planear fugas o fabricar receptores de radio.  Sin embargo los prisioneros se las ingeniaban para obtener las partes necesarias para construir receptores elementales.

En el Frente del Este

Los prisioneros alemanes e italianos en el Frente del Este usaron piezas de hierro o cobre oxidadas las cuales pulían con tierra finamente pulverizada y usaban un alfiler o aguja a manera de "bigote de gato", si alguien tenía la suerte de conseguirla.

Según la historia contada en 1968 por un veterano soldado alpino italiano (Orestes Caffaro) cuando fueron tomados prisioneros, usaron un trozo de vidrio entre dos piezas de hierro de una estufa para formar el capacitor de resonancia y alambre de un viejo audífono inservible enrollado en un pedazo de rama de árbol (secada en la estufa) formando una bobina (inductor).  Como antena usaron el fino alambre de un timbre eléctrico cuidadosamente extendido ocultamente en el techo de la barraca.   El audífono y el timbre fue obtenido por un prisionero suboficial electricista que se prestó a reparar el teléfono de campaña de los guardias que los custodiaban (como parte de la treta, sus compañeros de cautiverio "dejaron de hablarle por ser un colaborador", claro mientras estuvieran presentes los guardias; incluso se prestó a recibir unos golpes para darle realismo a la vendetta). 

Las 7 barracas donde fueron confinados al comenzar el invierno, las levantaron los mismos prisioneros y eran de troncos de árboles y un número insuficiente de camas de madera, por lo que muchos dormían en el suelo helado sobre una madera y un colchón de hojas secas.  Como conexión de tierra enterraron una pequeña estaca de hierro en una equina, por fuera de la barraca.  Alternativamente los prisioneros, de tiempo en tiempo y sin que los vieran los guardias, orinaban en la esquina para mantener la tierra húmeda y con las sales necesarias para obtener una "buena conexión a tierra."  Los guardias no prestaban mucha atención a los prisioneros y estaban igualmente mal alimentados, además evitaban estar en mucho contacto debido al temor al tifus.

Radio de galena

La galena fue reemplazada en el  Pacífico e Italia por una hojilla de afeitar; podían ser también dos piezas de metal oxidado formando un semiconductor.  El Detector de contacto podía ser un "bigote de gato" o la mina de un lápiz de grafito.

El radio les permitió escuchar la potente estación alemana de Radio Praga y los 500 Kw. del transmisor Telefunken en Herzberg.  Luego, al retirarse el frente durante la ofensiva soviética, desapareció la emisora de Praga que poco después fue reemplazada por emisiones en ruso y checo.   Las emisiones de Berlín y Roma llegaban débiles y se dieron cuenta, cuando desaparecieron las señales, que también se desvanecieron las posibilidades de ser rescatados.

Parecía que los prisioneros iban a construir unos depósitos en ese lugar, pero de improviso marcharon durante 15 días a pie por la tundra rumbo a Siberia, a otro campo de prisioneros con mayor seguridad y de la depresión que la realidad les causó, sólo les quedó después aceptarla con resignación, la misma resignación con que soportaron los maltratos.

En 1947, cerca de dos años después y cientos de kilómetros de marchas, el radio de la barraca pasó al olvido, los rusos instalaron un sistema de altavoces por donde los prisioneros escuchaban Radio Moscú y discos con propaganda soviética, los que repetían incansablemente una y otra y otra vez.  Los supervivientes de aquellas 7 barracas, 18 de 250 prisioneros, fueron liberados entre 1951 y 1955, pese a que la ley de la guerra dice que los prisioneros deben ser liberados inmediatamente al cesar el conflicto.  Peppino Bizzo, el prisionero suboficial técnico electricista, murió de tifus, un año después de la fabricación del radio.

Gillete

En el Pacífico

En el Frente del Pacífico, los soldados estadounidenses construyeron radios con hojillas de afeitar para entretenerse durante las largas horas en las trincheras.  Para ellos era muy fácil obtener un cartón de Quaker Oats o el tubo de cartón del papel toilet y alambre para construir la bobina, así como las hojillas de afeitar, un imperdible o alfiler y algún alambre de teléfono de campaña para construir la antena usando además una bayoneta como conexión de tierra.

Los recursos estaban más al alcance de cualquiera, cuando el sector del frente ocupado estaba claramente definido.  No era raro tampoco que pudieran encontrar un receptor de campaña japonés, pero rara vez podían retenerlo para uso personal y eso, si es que contaban con la energía necesaria para hacerlos funcionar.  En Guadalcanal por ejemplo, las fuerzas japonesas se dispersaron por la jungla mientras las de Estados Unidos mantenían un frente alrededor de Campo Henderson.  Era entonces muy fácil encontrar restos utilizables, japoneses o estadounidenses, en particular el alambre de los teléfonos de campaña y audífonos más las hojillas de afeitar que formaban parte del equipo.  Avanzada la guerra y a medida que el frente se acercaba a Japón, los soldados de guarnición en las islas del Pacífico comenzaron a recibir radio-receptores y tocadiscos con V-Disks para su entretenimiento y por tanto los radios con "Hojillas de Afeitar" pasaron al olvido.

Gillete

La Rosa de Tokio era la emisión más fácil de recibir, porque transmitía todas las noches música estadounidense de actualidad, aparte de la propaganda.  Por razones técnicas, las estaciones de onda corta son muy difíciles de recibir en un aparato de radio tan elemental y por eso resultaba imposible captar las señales de radio de Hawai, aunque dependiendo de la distancia era posible recibir Australia o Nueva Zelanda en las islas aledañas.  En Nueva Guinea, por ejemplo, era muy fácil escuchar las estaciones de Australia, que fueron mudadas a varios sitios para evitar la triangulación y no tenían un horario definido de transmisiones.

En Europa

En Europa, además de la poderosa Radio Praga existía una potente emisora en Roma, la cual era fácil de recibir con un receptor de hojilla de afeitar en el norte de África y por supuesto en el sur, cuando Sicilia y Anzio fueron invadidas.

No se piense, sin embargo, que la construcción del ansiado receptor era fácil.  Bajo las condiciones que impone un frente de guerra, en muchos casos la falta de habilidad del "radiotécnico" terminaban en frustración, en otras era la dificultad para conseguir suficiente alambre para hacer una antena adecuada.  Pero dependía también de la tolerancia o intolerancia de algún oficial, pese a la complicidad de algún sargento o cabo que también esperaba su turno para escuchar música cuando fuera posible.  Pero, todo eso de acuerdo a las circunstancias del servicio y de la unidad, teniendo en cuenta que en Europa no era permitido utilizar receptores de radio "superheterodinos" en el frente porque los alemanes poseían los más sensibles radiogoniómetros capaces de detectar las señales del oscilador local de un radio de ese tipo para triangular la posición.

En general, la tolerancia de los oficiales permite mantener la moral sin afectar la disciplina de los hombres, pero no puede permitir distracciones cuando el servicio requiere de la total concentración en lo que se está haciendo.   Lo cierto es, que un soldado en primera línea en el frente, se pasa más horas sin hacer nada, aparte de estar alerta, que en combate y por ello los oficiales deben saber qué hacer para mantenerlos ocupados.  Preservar la disciplina requiere del oficial no permitir quebrar las reglas, aunque sí puede permitirse una pequeña dosis de tolerancia o más bien disimulo, si tiene confianza en su tropa y la situación lo permite.


Publicado: 23 enero/2007