Causas de la Segunda Guerra Mundial

Después de finalizada la Primera Guerra Mundial, fue firmado el Tratado de Versalles, llamado así porque el acto se llevó a cabo, el 28 de junio de 1919, en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles en París.   El tratado contiene resoluciones muy contradictorias y constituyó una base poco sólida para el reordenamiento mundial después de la "Gran Guerra", con miras a la construcción de un futuro pacífico.

El Tratado de Versalles, consta de 440 artículos y una gran cantidad de anexos, que en lo que se relaciona con Alemania, se pueden resumir así:

  • Reconocimiento de su culpabilidad por el desencadenamiento de la guerra.
  • Cesión a Bélgica del Moresnet y una parte del Moresnet prusiano, y renuncia en favor del mismo país de Eupen y Malmedy.
  • Cesión a Francia de la cuenca carbonífera del Sarre, Alsacia y Lorena.
  • Cesión de diversos territorios a Dinamarca, Polonia, Checoslovaquia y Lituania.
  • Conversión de Dantzig en "ciudad libre" administrada por la Sociedad de Naciones.
  • Renuncia de sus aspiraciones a la anexión de Austria.
  • Prohibición de una aviación militar y limitación de sus fuerzas terrestres a un ejército de 100 mil hombres con 4 mil oficiales (Freikorps) sin Estado Mayor.   La Marina a 15 mil hombres, 6 acorazados de menos de 10 mil tn, 6 cruceros, 12 destructores y ningún submarino.  No podían tener una fuerza aérea.
  • Internacionalización del territorio del Sarre.
  • Ocupación de Renania durante 15 años.
  • Pérdida de todas sus colonias.
  • Pago de reparaciones de guerra, cuyo monto quedaba por definir.
  • Restituir toda la flota mercante perdida por los aliados durante el conflicto.
  • Reconstruir materialmente las zonas por ella invadidas.
  • Restituir en metálico las exacciones impuestas en los países ocupados, y devolución de todos los trofeos, archivos, obras de arte y demás objetos confiscados durante los años de guerra

En sus propios términos, quedaba establecido que Alemania pagaría, cediendo sus colonias a los vencedores y firmando un cheque en blanco reconociendo deudas por el importe de las reparaciones que se le señalarían más adelante.  Fue establecido que, para la seguridad del continente, y en particular de Francia, Alemania tenía que sufrir una estricta limitación de sus Fuerzas Armadas y de los armamentos, además de la desmilitarización de Renania y la prohibición de una posible unión con Austria, país con el que le unían muchos lazos ancestrales.

Alemania 1871-1918.

Límites de Alemania.
1ª Guerra Mundial 1918

Alemania en 1937.

Límites de Alemania.
Tratado de Versalles de 1919

Fundadores de la Sociedad de Naciones

Los países fundadores de la Sociedad de Naciones y signatarios del Tratado de Paz, fueron: Bélgica, Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, India, China, Cuba, Ecuador, Francia, Grecia, Guatemala, Haiti, Hedjaz*, Honduras, Gran Bretaña, Italia, Japón, Liberia, Nicaragua, Panamá, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, Serbia-Croacia-Eslovenia, Siam Cheko-Eslovaquia y Uruguay.

*Hedjaz: Región al oeste de Arabia Saudita.

Versalles

Los artífices del Tratado de Versalles.
De izquierda a derecha:
Lloyd George, Georges Clemenceau y Woodrow Wilson

Disolución de cuatro imperios

Del Imperio Alemán del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Turco vencidos y fraccionados y del Imperio Ruso convertido en república, se crean nuevos estados fundados en el principio del derecho que tienen los pueblos a su autodeterminación.  La idea, muy legítima por cierto, se instituye en la Europa central y oriental donde existe una pléyade de enraizados nacionalismos, sin tener en cuenta las posibilidades de la subsistencia material, ni de su interdependencia económica.  El Tratado de Versalles, deja subsistir, en una confusión de lenguas y de historia, suficientes minorías para alimentar interminables diferencias y desacuerdos que se extienden desde Macedonia a Dantzig, pasando por Transilvania, los Sudetes, la Galitzia y el corredor polaco.

Ganancias de los vencedores

Francia obtuvo Alsacia y Lorena; Bélgica, Eupen y Malmédy. Dinamarca, Schleswig por el tratado de Versalles (1919).

Italia adquirió el Trentino y Trieste por el tratado de Saint-Germain en Laye (1919). 

Grecia, obtuvo Tracia aunque Bulgaria conservó un acceso al mar (Dedeagatsch) mediante el tratado de Neuilly (1919). 

Por el tratado de Trianon (1920) Servia obtuvo Croacia, Eslovenia y parte del Banato y por su parte Rumania parte del Banato, Transilvania y Besarabia.

Imperio del Japón

El Imperio del Japón, que luchó al lado de los Aliados, miembro de la Sociedad de Naciones, dominado por la clase militarista y un país sin recursos naturales, no estaba satisfecho con las ganancias que la guerra le brindó como país vencedor y deseaba tomar fuera de sus fronteras, los recursos que necesitaba, topándose con los intereses de las potencias coloniales en Asia.   Como compensación, obtuvo la colonia alemana de Kiaochow y Shadong en China, con todas las facilidades de ferrocarriles, minas y cable submarino.

Imperio Italiano

Italia, vencedora al lado de los Aliados, gobernada por Mussolini, líder del Partido Fascista, tenía un motivo similar, pero más modesto, puesto que carecía de la capacidad militar e industrial necesaria para llevar a cabo tales pretensiones.  Por tanto, era imposible que sola, Italia hubiera podido precipitar un conflicto internacional en gran escala, pese a sus deseos de recuperar sus colonias africanas que fueron repartidas entre los vencedores de 1919.

Alemania

Alemania, el más poderoso de los tres países que se rebelaban ante la hegemonía de los países colonialistas, también se sentía irritada por el monto que debía pagar en reparaciones a los Aliados, aunque en la práctica jamás pagó las enormes sumas que Francia, en particular, exigía.  No parecía que le importara mucho recuperar sus colonias, pero sí estaban resentidos por la pérdida del orgullo nacional y el calamitoso estado financiero a que Alemania quedó reducida, sin mencionar los efectos que causaba la "Gran Depresión" mundial de 1929.  En consecuencia, los alemanes estaban dispuestos a aceptar el liderazgo de quien pudiera sacarlos de ese marasmo.  Ese hombre fue Adolf Hitler, fundador del Partido Nacional Socialista.

El fracaso de la Sociedad de Naciones

Además, estaba el fracaso de la Sociedad de Naciones, fundada al amparo del Tratado de Versalles como instrumento para preservar la paz mundial.   Es bien cierto —y ello explica la resignación del Presidente Woodrow Wilson de Estados Unidos, ante las exigencias de sus asociados francés e inglés— que el acuerdo de Versalles no era más que un punto de partida, una especie de armisticio prolongado.  La institución de la Sociedad de las Naciones incorporada al tratado, en su misión de mantener la paz, tenía como objetivo promover el desarme general, permitir una ulterior revisión pacífica de los tratados y organizar la colaboración económica, prenda de tranquilidad.  Así, el dictado de Versalles, la "paz cartaginesa" denunciada por Keynes en "Las consecuencias económicas de la paz", no carece de posibilidades de rectificación.  El mismo Tratado, en su extenso articulado, prevé el procedimiento que permitiría corregir o compensar todos sus errores.

La aplicación del tratado

Ese procedimiento —y la Sociedad de Naciones que lo asumió— se revelaron en seguida totalmente ineficaces.  El primer contratiempo fue la abstención estadounidense, la desautorización infligida a Wilson por el Senado estadounidense, que eligió la posición aislacionista como por el antagonismo partidista, no le otorgó la mayoría requerida para la ratificación del tratado y la colaboración de los Estados Unidos en la Sociedad de las Naciones.  El presidente Wilson, fracasó en el intento de convertir a su país en líder de ese organismo y advirtió "que la Gran Guerra se repetiría".

A partir de entonces, la Sociedad de Naciones carente de potencias que impusieran autoridad, careció también del prestigio necesario para su acción y pasó a ser un instrumento de conservación al servicio de las potencias coloniales.

El papel de Francia e Inglaterra

Por otra parte, ninguna de estas potencias vencedoras y garantes del Tratado de Versalles, Francia e Inglaterra en primer lugar, siguieron una política que respondiese a las intenciones que declararon.  No se entendieron.  Ni supieron conducir con método, constancia y continuidad o una diplomacia nacional deliberadamente delineada.

La política francesa

Por eso Francia, entre 1919 y 1938, osciló entre dos políticas, dependiendo de la mayoría parlamentaria.  La primera, que pretendía mantener las ventajas adquiridas por Francia en 1919 exigiendo el cumplimiento de los tratados, el pago de las reparaciones y basaba la seguridad de Francia, no en la seguridad y en la reconciliación europeas, sino en una política de alianzas vigilantes, en un cinturón de seguridad alrededor de Alemania formado por Francia, Bélgica, la Petite Entente (Yugoslavia, Rumania y Checoslovaquia) y Polonia.

Pero, después de 1919, Francia nunca tuvo unas Fuerzas Armadas cónsonas con su política o el papel que pretendía asumir y que era indispensable para ofrecer una seguridad efectiva a sus pequeños aliados de la Europa central.  El espíritu tradicional de sus militares, las preocupaciones económicas y la política interna, limitaron el programa militar a un aspecto estrictamente defensivo que se plasmó en la Línea Maginot, un mamotreto que en vez de impedir, le facilitó la invasión a Alemania en 1940.

La segunda política, preconizada por algunos políticos franceses se esforzaban en superar la política nacional tradicional y su círculo vicioso de alianzas militares, manteniendo contacto con Inglaterra, buscando mejorar las relaciones con Alemania y tratando de establecer la seguridad de Francia en la solidez de la Sociedad de las Naciones.

Estas dos políticas, defendibles ambas en principio, eran evidentemente irreconciliables en su alternancia, en las vacilaciones a que daban lugar y en la inestabilidad de los gobiernos franceses.  Las medidas de firmeza y de ejecución, sin continuidad, descorazonaron a los demócratas tradicionales alemanes, estimularon el espíritu de desquite y alejaron de Francia a sus antiguos aliados, poniendo en peligro su seguridad en vez de reforzarla. 

La intermitencia de la política liberal francesa, le quitó credibilidad, haciéndola aparecer como una concesión, exponente de debilidad, en vez de una auténtica voluntad de cooperación. Sin embargo, esa segunda política habría permitido una colaboración más estrecha entre Francia y Gran Bretaña, condición indispensable para la estabilidad de la región y, por lo tanto, para la seguridad francesa.  Sin embargo, desde las negociaciones de 1919, los puntos de vista francés e inglés divergían profundamente y sólo la unían su deseo de venganza.

La política británica

Según la visión británica, una vez vencida y desarmada Alemania, no convenía seguir a Francia en el camino de la seguridad armada sin sentar peligrosamente las bases de una eventual hegemonía en Europa.  La amenaza bolchevique surge como un factor dominante de la política mundial de aquella época que hace poco deseable el aplastamiento de Alemania, pero tampoco convenía permitir que Alemania surgiera ocupando el lugar que tanto Francia como Gran Bretaña eran incapaces de ocupar.

Las causas económicas

En el plano económico, el punto de vista británico tiende menos a exigir reparaciones completas por los daños sufridos que a garantizar la estabilidad económica de Alemania, que es ante todo un asociado de interés para la economía inglesa, al menos lo fue, mientras su capacidad industrial estuvo colapsada y dependía de las importaciones.

El petróleo surge como causal de guerra

En 1922, mientras los aliados se negaban a reconocer a Rusia un puesto en el concierto de las naciones y exigían el pago por el Gobierno soviético de una indemnización por las incautaciones de las compañías petrolíferas extranjeras en Rusia, el Gobierno alemán se adelantó y firmó el Acuerdo de Rapallo de cooperación económica con la Unión Soviética.  El tratado constituyó en 1922 un acontecimiento político sólo comparable al pacto germano-soviético de 1939.  Por primera vez, el asunto petrolero se puso en el tapete, aunque por muchos años, incluso después de la Segunda Guerra Mundial, quedó oculto al análisis de los historiadores o quizás ex profesamente minimizado.

Las diferencias entre las potencias

Las divergencias señaladas, se acentuaron durante los años siguientes.  La intransigencia del presidente francés Alexandre Millerand, durante la conferencia de Cannes, desautorizó la política del Primer Ministro Aristide Briand y las exigencias del Raymond Poincaré (presidente de Francia 1909-1914) en el terreno de las reparaciones y de las garantías que Inglaterra hubo de dar para la seguridad de Francia.  Eso hizo fracasar en 1922 la conclusión de un tratado franco-inglés de garantía que pudo haber pesado algo en los difíciles años de 1933 a 1939.   La ocupación de la cuenca del Ruhr en 1923 por el ejército francés aumentó aún más las diferencias entre ambas potencias.

El auge de Japón

En 1931 Japón invadió Manchuria.  La Sociedad de Naciones condenó esa acción exigiéndole la retirada de las tropas, pero Japón no sólo ignoró a la Sociedad sino que renunció a ella en 1933 y cuatro años después se lanzó a la conquista de China.  Este conflicto pasó a formar parte de lo que posteriormente se conoció como la Segunda Guerra Mundial, aunque en el Mundo Occidental se considera que la conflagración internacional oficialmente comenzó el 3 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia.

La expansión alemana

Entretanto, en Alemania, Hitler estaba llevando a cabo sus planes para el resurgimiento de un nuevo Imperio Alemán.  Los alemanes consideraban como imprescindible para su desarrollo tomar por la fuerza lo que ellos consideraban el "lebens raum" (espacio vital) que se encontraban en las planicies de Polonia y colinas de Checoslovaquia primero y en Rusia después.

En 1936 tanto Alemania como Japón habían renunciado a la Sociedad de Naciones y también lo había hecho Italia, después que Mussolini había invadido y conquistado Etiopía, mientras la Sociedad demostraba su impotencia para manejar los conflictos internacionales.   Las tres nuevas potencias militares, podían tomar revancha ante lo que consideraban injusticias cometidas por el Tratado de Versalles, sin que la Sociedad de Naciones se atreviera a oponerse.

Constitución del Eje

En 1936, Italia y Alemania suscribieron un acuerdo político, militar y económico llamado "Pacto del Acero".  Para entonces, convertida Alemania en la primera potencia europea, se había le excusado de continuar pagando por concepto de reparaciones de guerra.  A esa alianza se unió luego Japón con la firma del Pacto Tripartito, alianza política, militar y económica conocida como el Eje.  Los estadistas británicos y franceses, estimando quizás que los alemanes habían sido tratados con demasiada rudeza y ante el temor que su recuperación económica y militar mostraba, se esforzaban por dar cumplimiento a las exigencias de Hitler.  La incapacidad política de las potencias vencedoras de 1919, habían abonado el escenario para los actos de agresión del Eje y para la tragedia final de otra guerra mundial, que no podía ser impedida ante el temor que esa alianza causaba en los líderes de las potencias coloniales.

El Primer Ministro inglés, Lloyd George, uno de los artífices del Tratado de Versalles, dijo de ese documento que provocaría otra guerra a los veinte años de su firma —y no se equivocó— y por su parte Lasing, secretario de Estado de Estados Unidos, durante el gobierno del Presidente Wilson, dijo que, "la próxima guerra surgirá del Tratado, como la noche surge del día".


Bibliografía

-Paul Dowswell, 20th Century Perspectives: the Causes of WWII.
-Sir Austen Chamberlain, Al borde de los años, Londres, 1936.
-G. Suárez, Briand, sa vie, son oeuvre. París, 1938-1952.
-H. Bernard, G.A. Chevallaz, R. Gheysens, J. de Launay, Enigmas de la -Historia del siglo XX, Grandes Enigmas, Ediciones Dimon.
-H. Bernard, G.A. Chevallaz, R. Gheysens, J. de Launay, Enigmas de la Segunda Guerra Mundial, Grandes Enigmas, Ediciones Dimon.
-E. M. House y Chs Seymour, Ce qui se passa réellement á París en 1918-19, París, 1923.
-P. Mantoux, Las deliberaciones del Consejo de Los Cuatro. París, 1955.
-T. A. Bailey, Wilson y los pacificadores, Nueva York, 1947.
-Mac-Callum, Opición pública y la última paz, Londres, 1944.
-Weill-Reynál, Las reparaciones alemanas y Francia. París, 1948.
-Hans Ronde, De Versalles a Lausana. Stuttgart, 1950.
-J. M. Keynes, Las consecuencias económicas de la paz. París, 1920.
-F. Debyser, El Senado de Estados Unidos en el Tratado de Versalles. París, 1932.
-G. Clemenceau, Grandezas y miserias de una victoria. París, 1930.


Publicado: 14 febrero/2005

Anotaciones

1 Comentario

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#1 Carlos Navarrete escribió el 07-03-2008 21:03 responder a este comentario

25 feb 2005 11:30

En Estados Unidos se veía venir un inminente conflicto en Europa, más por motivos económicos que políticos. Media docena de años antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, el industrial Henry Ford hacía, en Detroit, las siguientes declaraciones: "El mundo debe prepararse, en un futuro muy próximo, para una nueva gran guerra o a una serie de graves conflictos internacionales, si no se decide a superar inmediatamente la actual crisis económica. El mundo está tan abarrotado de desocupados que si no se les da pronto trabajo, sus energías acumuladas buscarán la única válvula de escape posible: una guerra. La paz fue siempre un problema más difícil que la guerra. Nada es más fácil que destruir, y los instintos del hombre encontrarán siempre el camino de la guerra porque ésta es la vía más sencilla. Por eso la imaginación humana crea siempre nuevas máquinas de guerra; por ello es más fácil interesar a los gobiernos por nuevos inventos de la técnica bélica e inducirlos a nuevos impuestos para gastos militares, que interesarlos por nuevos proyectos pacíficos de producción." Henry Ford,: A biography, por William Adams Simonds, M. Joseph Ltd (1946).

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