Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Estrategia Naval Británica

Finalizada la Primera Guerra Mundial, los británicos hicieron esfuerzos para evitar una carrera armamentista que no podían afrontar.  Firmaron el Tratado Naval de Washington de 1922, mediante el cual aceptaban la correlación de fuerzas con las demás potencias.  El tratado fijaba un poder equivalente con Estados Unidos, menos del doble con Japón, y una ligera superioridad con Francia e Italia.  El desplazamiento máximo quedaba fijado en 35.000 toneladas y cañones con un calibre máximo de 40,6 cm.  Además se establecieron limitaciones en cuán viejos debían ser los buques, antes de ser reemplazados y en qué medida podían ser modernizados los existentes.

Albert Victor Alexander

Primer Lord del Almirantazgo, Albert Victor Alexander, I conde Alexander de Hillsborough - 11 mayo 1940 al 25 mayo 1945.

Cuando Hitler denunció el Tratado de Versalles, Gran Bretaña se vio obligada a negociar un tratado naval para evitar la carrera armamentista.   Como resultado, fue firmado el Tratado Naval Anglo-Alemán de 1935, que le permitía a Alemania poseer hasta el 35% de tonelaje de flota de superficie y el 45% de la submarina, un gran logro para el país derrotado en 1918.   El ingenio y la capacidad de los ingenieros y proyectistas navales alemanes se encargarían del resto, como lo pudieron comprobar los propios británicos más tarde.

Ante la puesta en servicio de poderosos y modernos buques de guerra alemanes, los británicos comenzaron la construcción de cinco acorazados de la clase King George V, primera gran innovación en diez años.   Los buques desplazaban 35.000 toneladas, navegaban a 27 nudos y estaban armados con 10 cañones de 35,6 cm.  También iniciaron la construcción del portaaviones Ark Royal más una serie de nuevos cruceros y destructores.

Apenas un año antes de estallar la guerra, a la luz de los acontecimientos de Checoslovaquia en 1938, Gran Bretaña comenzó a revisar su flota de guerra, que evidentemente no se encontraba en óptimas condiciones.  Ciertamente que bis a bis, la Royal Navy era superior a la Kriegsmarine pues contaba con 14 acorazados contra 2, 6 portaaviones contra ninguno, 6 cruceros por cada crucero alemán y 9 destructores por cada destructor de la Kriegsmarine.  Además a esa superioridad en equipo se sumaba la experiencia británica en operaciones navales, carencia evidente en la Kriegsmarine, que no había realizado ninguna, desde el fin de la guerra en 1918 luego de la consiguiente pérdida de todas sus colonias.   En ese sentido, si la armada británica no hubiera tenido que enfrentar a la armada japonesa en el Pacífico, el fin de la Kriegsmarine habría llegado, muy pocos meses después de declarada la guerra, por no decir que no habría sido causa de preocupación para el Almirantazgo Británico, excepto por la flota submarina como el propio Churchill lo confesó.

Almirantazgo Britanico

Sede fortificada de operaciones del Almirantazgo Británico en Londres en 1940.  El 11 de  mayo de 1940, Albert Victor Alexander, I conde Alexander de Hillsborough reemplazó a Winston Churchill como Primer Lord del Almirantazgo.

Pero los hechos eran diferentes, la Royal Navy tenía que mantener en sus bases a la Flota Metropolitana para proteger las islas británicas, patrullar el Mar del Norte y el Canal Inglés para bloquear el tráfico marítimo alemán.  Además, tenía que controlar el Atlántico Norte y el Atlántico Sur, mantener fluido el tráfico en el Mediterráneo, asegurar las líneas de navegación en el Océano Índico y las rutas en las aguas en el Lejano Oriente.   A pesar de toda su capacidad, todo eso estaba fuera de las posibilidades de la Royal Navy en 1939.

Unas semanas antes del estallido de la guerra, los alemanes sacaron sus naves al Atlántico sin que la Royal Navy se percatara y se pusieron en posición para iniciar operaciones junto con una flota de mercantes armados.  Como consecuencia, sólo el Graf Spee hundió más de 50.000 toneladas y mantuvo ocupada a la mitad de la flota británica hasta que el barco alemán fue hundido por su propia tripulación frente a Montevideo.

Los británicos iniciaron la construcción de nuevas naves de guerra y la modernización de las más antiguas.  Pero no era suficiente, y Churchill tuvo que pedirle ayuda a Roosevelt quien acudió prestamente con la cesión de 50 destructores obsoletos mediante la Ley de Préstamos y Arriendos y el Acuerdo Bases por Destructores.  Obviamente que los británicos necesitaban mucho más que eso y por ello construyeron un número importante de cruceros ligeros y destructores entre 1941 y 1942.  La flota alemana era una seria amenaza y se incrementaba día a día con la puesta en servicio de nuevos submarinos.  Sólo la entrada de Estados Unidos en la guerra  podía revertir la situación.

Durante dos años, la Royal Navy estuvo operando al límite de su capacidad, los japoneses se encargaron de ello en el Pacífico y los alemanes los tuvieron ocupados defendiendo a duras penas su tráfico mercante con pérdidas que se incrementaban semana a semana por acción de los submarinos.  La mayoría de los buques británicos, incluyendo cruceros pesados y medianos se dedicaban solamente a proteger su tráfico marítimo con Estados Unidos y en el Mediterráneo para mantener maniatada a la flota italiana que por las limitaciones en los abastecimientos de combustible poco podía oponer.

Los británicos hicieron lo único que podían hacer, sacrificar su flota en aguas coloniales del Lejano Oriente, manteniendo el grueso de su flota metropolitana a la espera de un ataque alemán que nunca llegó.  La construcción de un número importante de naves entre 1941 y 1942, más la ayuda de Estados Unidos, pudo finalmente revertir la situación devolviéndoles a los aliados la supremacía en los mares.


Publicado: 31 octubre/2006