Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Discurso de Hitler en el Reichstag el 28-4-1939, en respuesta a telegrama de Roosevelt del 14-4-1939 (Parte 4)

La mesa de conferencias como solución

"El Sr. Roosevelt declara además que está claro para él que todos los problemas internacionales se pueden resolver en la mesa de conferencias.

Respondo: En teoría uno debe creer en esta posibilidad, porque el sentido común resolvería las demandas justas aceitando una manos por un lado y obligando a llegar a compromisos aceitando otras manos por el otro lado.

Por ejemplo, por la lógica del sentido común y los principios generales de justicia humana, de hecho, y de acuerdo con las leyes de una voluntad divina, todos los pueblos deberían tener igual participación de todas las riquezas del mundo.

No debería entonces ocurrir que un pueblo necesite más espacio para vivir, porque puede hacerlo con sus quince habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que otros se ven obligados a mantener 140, 150 o incluso 200 en un área similar.

Pero en cualquier caso, esos pueblos afortunados no deben restringir el espacio existente asignado a aquellos que de por sí están restringidos, robándoles sus colonias, por ejemplo.  Yo estaría muy feliz de encontrar una solución a estos problemas en la mesa de conferencias.

Mi escepticismo, sin embargo, se basa en el hecho de que fue el propio Estados Unidos quien expresó su más aguda expresión de desconfianza en la eficacia de las conferencias.  Porque la mayor conferencia de todos los tiempos fue sin duda la Liga de Naciones.

Ese organismo autoritario, que representaba a todos los pueblos del mundo, que fue creado de conformidad con las intenciones de un presidente de Estados Unidos, se suponía que resolvería los problemas de la humanidad en la mesa de conferencias.

Sin embargo, el primer Estado, que no se adhirió a la Liga de Naciones fue Estados Unidos, debido a que el propio Presidente Wilson abrigaba sus mayores dudas en la posibilidad de que ese organismo fuera realmente capaz de resolver los problemas internacionales de manera decisiva en la mesa de conferencias.

Honramos la bien intencionada expresión de su opinión, Sr. Roosevelt, pero en contra de su opinión se encuentra el hecho real de que en casi veinte años de actividad de las grandes conferencias en el mundo, la Liga de Naciones, no ha podido resolver un solo problema internacional de manera decisiva.

Contrario a la promesa de Wilson, Alemania fue impedida durante muchos años por el Tratado de Paz de Versalles, de participar en esa gran conferencia mundial, a pesar de la amarga experiencia, de que había un Gobierno alemán que creía que no había necesidad de seguir el ejemplo de los Estados Unidos, y que por lo tanto, debía tomar asiento en esa mesa de conferencias.

No fue sino hasta después de años de inútil participación que me decidí a seguir el ejemplo de Estados Unidos y también salirme de la conferencia más grande del mundo.  Desde entonces, he resuelto los problemas de mi pueblo que, como todos los demás, por desgracia no fueron resueltos en la mesa de conferencias de la Liga de las Naciones — y los resolví sin necesidad de recurrir a la guerra en ningún caso.

Aparte de eso, sin embargo, como ya he mencionado, muchos otros problemas se han planteado ante las conferencias mundiales en los últimos años, sin que se haya encontrado ningún tipo de solución.

Sin embargo, Sr. Roosevelt, si usted cree que todos los problemas se pueden resolver en la mesa de conferencias, entonces todas las naciones, incluyendo Estados Unidos, han sido lideradas en los últimos siete u ocho siglos, ya sea por hombres ciegos o por criminales.  Porque ninguno de los gobernantes, incluidos los de los Estados Unidos y, especialmente los más renombrados, construyeron la historia de sus países en las mesas de conferencias, sino por razón de la fortaleza de su pueblo.

La libertad de Estados Unidos no se decidió en la mesa de conferencias, como tampoco se decidió en una mesa el conflicto entre el Norte y el Sur.  No voy a mencionar las innumerables luchas que finalmente condujeron a la subyugación de América del Norte en su conjunto.

Digo todo esto, sólo para demostrar que su opinión, Sr. Roosevelt, aunque, sin duda, digna de todo respeto, no es confirmada por la historia, ni la de su propio país o ni la del resto del mundo.

Pedido de garantías

El Sr. Roosevelt continúa diciendo que a su pedido de una discusión pacífica pidiendo además que a menos que reciba garantías de antemano de que el resultado final de las conversaciones será el que él quiere, la respuesta, que mientras tanto no se dejarán las armas, es inaceptable para él

Respuesta. ¿Cree usted, Sr. Roosevelt, que si el destino final de las naciones está en juego, un gobierno o los líderes de un pueblo depondrán sus armas o las entregarán antes de una conferencia, simplemente con la esperanza ciega de que los demás miembros de la conferencia serán lo suficientemente sabios, o más bien lo suficientemente claros en la visión de futuro, para llegar a la decisión correcta y justa?

Sr. Roosevelt, ha habido un solo país y un gobierno que ha actuado de conformidad con la receta que usted pregona en esos términos tan elogiosos, y ese país ha sido Alemania.  La nación alemana, confiando en las garantías solemnes del Presidente Wilson y en la confirmación de esas garantías por los Aliados, depuso las armas para ir totalmente desarmados a la mesa de conferencias.

Lo cierto es, que tan pronto como la nación alemana dejó las armas no se trató más de una invitación a una mesa de conferencias, sino que se llevó acabo la violación de todas las garantías y Alemania se convirtió en víctima de la peor violación de una promesa que jamás se haya conocido.

Entonces un día, en lugar de reparar en la mesa de conferencias el mayor caos conocido en la historia, el tratado más cruelmente dictado del mundo dio lugar a un todavía más terrorífico caos.

Pero los representantes de la nación alemana, que habían depuesto las armas, confiando en la seguridad solemne de un presidente de Estados Unidos, y por lo tanto llegaron desarmados, no fueron admitidos en la conferencia, aún a pesar de que llegaron a aceptar los términos del tratado dictado.  Sin tomar en cuenta que ellos eran los representantes de una nación, que por lo menos había resistido con infinito heroísmo contra el mundo entero durante cuatro años luchando por su libertad e independencia, fueron sometidos a una degradación aún mayor, que la que nunca fue infligida ni a los jefes de las tribus sioux.

Los delegados alemanes fueron insultados por la multitud, se lanzaron piedras contra ellos, y ellos fueron arrastrados como prisioneros, no a la mesa del consejo del mundo, sino ante el tribunal de los vencedores, y allí, a punta de pistola, se vieron obligados a someterse a la sujeción y al saqueo más vergonzoso que el mundo haya conocido.

Puedo asegurarle, Sr. Roosevelt, que estoy firmemente decidido a velar porque no sólo ahora, sino en los tiempos por venir, nunca más un alemán entrará desarmado a una conferencia, sino que en todo momento y para siempre, todos los representantes de Alemania tengan y tendrán detrás de sí la fuerza unida de la nación alemana, por ello, que Dios me ayude.

Alemania no irá a una conferencia convertida en tribunal

El Presidente de los Estados Unidos cree que a las salas de conferencias, como a una corte de justicia, es necesario que ambas partes ingresen con buena fe, asumiendo que la justicia sustancial beneficiará a ambas partes.

Respondo: los representantes de Alemania no volverán a entrar en una conferencia que para ellos sea un tribunal.  Porque ¿quién va a ser el juez?  En una conferencia no hay acusados ni fiscales, sino dos partes contendientes.  Si el sentido común no logra un arreglo entre esas dos partes, nunca se someterán al veredicto de otros poderes cuyos intereses son totalmente ajenos a los suyos.

Dicho sea de paso, Estados Unidos se negó a entrar en la Liga de las Naciones para no convertirse en la víctima de un tribunal, que podría, por la simple mayoría de votos, emitir un veredicto adverso a sus intereses particulares.  Pero estaría muy agradecido al presidente Roosevelt si pudiera explicarle al mundo cómo debería ser un nuevo Tribunal Internacional de Justicia.

¿Quiénes son los jueces en su lista?   ¿De acuerdo con qué procedimiento y cómo se seleccionarán? ¿Con qué responsabilidad se comportarán?  Y sobre todo, ¿ante quién se harán responsables de sus decisiones?

Declaración de la política de los gobiernos

El Sr. Roosevelt cree que la causa por la paz mundial tendría un gran avance, si las naciones del mundo hicieran una declaración franca en relación con el presente y el futuro de la política de sus gobiernos.

Respondo: Ya he hecho eso, Sr. Roosevelt, en innumerables discursos públicos.  Y en el transcurso de esta reunión del Reichstag alemán, en este mismo momento —en la medida de lo posible que el espacio de dos horas permite— estoy haciendo una declaración de ese tipo.

Debo, sin embargo, negarme a dar una explicación a nadie más que a las personas de cuya existencia y su vida soy responsable, y que, a su vez, son los únicos que tienen derecho a exigir que les dé cuenta de mis actos.  Sin embargo, yo muestro los objetivos de la política alemana tan abiertamente al mundo entero, que pueden referirse a ellos en cualquier caso.

Pero estas explicaciones no tienen importancia para el mundo exterior, siempre que sea posible que la prensa falsee y siembre sospechas en cada declaración, para ponerla en duda, o ahogarla con una nueva ola de mentiras.

EEUU exige que Alemania le informe sobre sus políticas

El Sr. Roosevelt considera que, debido a que Estados Unidos es una de las naciones del Hemisferio Occidental, que no está involucrada en las controversias inmediatas que han surgido en Europa, por lo tanto, yo debería estar dispuesto a hacer tal declaración sobre mi política, por ser él, el jefe de una nación que está muy alejada de Europa.

Respondo: El Sr. Roosevelt por lo tanto cree en serio que la causa de la paz realmente se vería potenciada si él hiciera una declaración pública, a las naciones del mundo, sobre la actual política del Gobierno alemán.

Pero, ¿cómo el señor Roosevelt le viene a señalar a la cabeza de la nación alemana a hacer una declaración, sin que los otros gobiernos estén también invitados a hacer tal declaración de sus políticas?

Desde luego, creo que no es apropiado pedirle tal declaración al jefe de cualquier Estado extranjero, sino que dichas declaraciones deberían pedirse y ser hechas por todos los estados del mundo, de acuerdo con la propuesta del Presidente Wilson de abolición de la diplomacia secreta.

Hasta ahora yo no sólo he estado preparado y dispuesto a hacer eso, sino, como ya he dicho, lo he hecho con demasiada frecuencia.  Por desgracia, las declaraciones más importantes relativas a los objetivos e intenciones de la política de Alemania, en muchos Estados llamados democráticos son ocultadas a la gente o son distorsionadas por la prensa.

Si, a pesar de todo, el presidente Roosevelt piensa que tiene derecho a hacer tal solicitud, en particular, a Alemania o Italia, porque Estados Unidos está muy lejos de Europa, de nuestra parte podría, con el mismo derecho, pedirle al Presidente de Estados Unidos que informara cuáles son los objetivos de la política exterior de su país y cuáles son las intenciones de esta política en relación a la América Central y del Sur, por ejemplo.  En este caso, debo admitir, que el Sr. Roosevelt tiene todo el derecho de hacer referencia a la Doctrina Monroe y negarse a cumplir con dicha solicitud como una interferencia en los asuntos internos del continente americano.  Nosotros, los alemanes apoyamos una doctrina similar para Europa y, sobre todo, para el territorio y los intereses del Gran Reich alemán.

Por otra parte, nunca me atrevería a dirigir, obviamente, tal solicitud al Presidente de los Estados Unidos de América, porque supongo que es probable que consideraría tal presunción, con toda razón, como una elemental falta de tacto.

Naciones amenazadas por Alemania

El presidente de Estados Unidos declara además que luego él comunicaría esa información, sobre los objetivos políticos de Alemania, a otros países que actualmente sienten aprensión por el curso de nuestra política.

Respondo: ¿Cómo sabe el señor Roosevelt qué naciones se consideran amenazadas por la política alemana y cuáles no?  ¿O está el señor Roosevelt en una posición, a pesar del enorme cantidad de trabajo que debe tener en su propio país, de reconocer por su propios medios todos los más íntimos pensamientos y sentimientos de otros pueblos y sus gobiernos?

Por último, el Sr. Roosevelt pide que se le den garantías de que las fuerzas armadas alemanas no atacarán, y sobre todo, no invadirán el territorio o posesiones de las siguientes naciones independientes.  Nombra como aquellas a las que se refiere a: Finlandia, Lituania, Letonia, Estonia, Noruega, Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Portugal, España, Suiza, Liechtenstein, Luxemburgo, Polonia, Hungría, Rumania, Yugoslavia, Rusia, Bulgaria, Turquía, Irak, las Arabias, Siria, Palestina, Egipto e Irán.

Respondo: primero me he tomado la molestia de averiguar en los estados mencionados, en primer lugar, si ellos mismos se sienten amenazados, y lo que es más importante, en segundo lugar, si esa investigación por el Presidente estadounidense fue pedida por sugerencia de esos países, o al menos, con su consentimiento.

La respuesta fue negativa en todos los casos, en algunos casos fuerte y airadamente negada.  Es cierto que hay algunos entre esos estados y naciones mencionadas, a quienes yo no podría preguntarles, porque se tratan de naciones —como por ejemplo, Siria— que en la actualidad no tienen libertad, porque están bajo la ocupación de fuerzas militares de estados democráticos y en consecuencia privados de sus derechos.

Aparte de ese hecho, sin embargo, todos los estados limítrofes con Alemania han recibido garantías mucho más vinculantes y, particularmente, propuestas más vinculantes que las que el señor Roosevelt me pide en su raro telegrama.

Pero también he de llamar la atención del Sr. Roosevelt sobre uno o dos errores históricos.  Menciona a Irlanda, por ejemplo, y pide una declaración mía en el sentido de que Alemania no atacará a Irlanda.  Acabo de leer un discurso pronunciado por el Sr. de Valera, el Taoiseach irlandés (Primer Ministro), en el que curiosamente, y contrariamente a la opinión del Sr. Roosevelt, él no ve a Irlanda amenazada por Alemania, sino que acusa a Inglaterra por someter a Irlanda a continuas agresiones.

Con todo el respeto por la visión del Sr. Roosevelt en su necesidad de preocuparse por otros países, no obstante, debe suponerse que el Primer Ministro irlandés está más al corriente de los peligros que amenazan a su país, que lo que está el Presidente de los Estados Unidos.

Del mismo modo, evidentemente, ha escapado a la atención del Sr. Roosevelt, el hecho de que Palestina está ocupada, no por tropas alemanas, sino por tropas británicas, y que el país está pasando por restricciones a su libertad, porque en virtud del brutal uso de la fuerza, está siendo despojado de su independencia y está sufriendo el más cruel maltrato en beneficio de los intrusos judíos.

Los árabes que viven en ese país, sin duda que no se han quejado ante el señor Roosevelt por la agresión alemana, sino que están expresando una constante apelación al mundo, que deplora los métodos bárbaros con los que Inglaterra está tratando de suprimir un pueblo que ama su libertad y que simplemente la está defendiendo.

Esto, también, es tal vez un problema que en opinión del presidente de Estados Unidos se debe resolver en la mesa de conferencias, es decir, ante un juez justo, y no por la fuerza física o los métodos militares, o por las ejecuciones en masa, la quema de aldeas, la voladura de las casas y cosas como esas.

Pero un hecho es sin duda cierto.  En este caso, Inglaterra no se está defendiendo contra una amenaza de ataque árabe, sino que como un intruso, está tratando de establecer su poder en un territorio extranjero que no le pertenece.

Se podrían seguir señalando, toda una serie de errores similares que el señor Roosevelt comete, al margen de la dificultad que tendrían operaciones militares por parte de Alemania en Estados y países, algunos de los cuales se encuentran de 2000 a 5000 kilómetros de distancia de nosotros.

Por último tengo que hacer la siguiente declaración:

El Gobierno alemán, a pesar de todo, está preparado para dar a cada uno de los Estados mencionados un testimonio en los términos deseados por el Sr. Roosevelt, bajo condición de reciprocidad absoluta, siempre que dicho Estado quiera, y dirija a Alemania una solicitud de esa garantía junto con las correspondientes propuestas aceptables.

En el caso de algunos de los estados incluidos en la lista del Sr. Roosevelt, su pregunta probablemente puede considerarse como contestada en principio, puesto que ya estamos aliados con ellos o por lo menos unidos por estrechos lazos de amistad.

En cuanto a la duración de esos acuerdos, Alemania está dispuesta a hacer un acuerdo con cada Estado en particular, de conformidad con los deseos de cada uno de ellos.

Pero yo no quiero dejar pasar esta oportunidad sin dar, sobre todo, al Presidente de los Estados Unidos la garantía en relación a los territorios que, después de todo, son motivo de aprensión, a saber, los Estados Unidos en sí mismo y los demás Estados del continente americano.

Y yo aquí declaro solemnemente que todas las afirmaciones que de alguna forma han circulado en relación a un ataque o invasión alemana a algún territorio americano son fraudes y groseras falsedades, aparte del hecho de que tales afirmaciones, en lo que a las posibilidades militares se refiere, sólo podrían ser el producto de una tonta imaginación.

El desarme mundial

El presidente de Estados Unidos pasa luego a declarar, en este contexto que se refiere a la discusión de la manera más efectiva e inmediata en la que los pueblos del mundo pueden obtener alivio de la carga aplastante de los armamentos, como el factor más importante de todos.

Respondo: El Sr. Roosevelt tal vez no sabe que este problema, en lo que se refiere a Alemania, ya ha sido una vez completamente resuelto.  Entre 1919 y 1923, Alemania había quedado totalmente desarmada como fue expresamente confirmado por la comisión de los Aliados.  La siguiente fue la medida del proceso de desarme:

El siguiente equipo militar fue destruido:

1. 59.000 cañones.
2. 130.000 ametralladoras.
3. 31.000 minenwerfer (lanzadores de minas).
4. 6.007.000 rifles y carabinas.
5. 243,000 barriles de ametralladora.
6. 28.000 cureñas.
7. 4.390 carros lanzadores de minas.
8. 38.750.000 granadas de artillería.
9. 16.550.000 granadas de mano y granadas de fusil.
10. 60.400.000 cartuchos de fusil.
11. 491.000.000 cartuchos de munición de pequeño calibre.
12. 335.000 toneladas métricas de cartuchos para balas.
13. 23.515 toneladas métricas de envases de cartuchos.
14. 37.600 toneladas métricas de pólvora.
15. 79.000 rondas de municiones sin rellenar.
16. 212.000 equipos telefónicos.
17. 1072 lanzallamas, etc, etc

Fueron destruidos además:

Trineos. talleres transportables, vagones de antiaéreos, cureñas, cascos de acero, máscaras de gas, maquinaria para la industria de municiones y mecanismos de fusil.

El siguiente equipo de la fuerza aérea fue destruido:

15.714 aviones caza
27.757 motores de avión.

En la marina, fue destruido lo siguiente:

26 buques capitales.
4 buques de defensa costera.
4 cruceros acorazados.
19 cruceros pequeños.
21 buques de entrenamiento y otros barcos especiales.
83 torpederos.
315 submarinos

Además, fue destruido lo siguiente:

Vehículos de todo tipo, gas venenoso y (en parte) máscaras anti-gas, combustibles y explosivos, reflectores, equipo de observación, aparatos de medición de distancia y de sonido, instrumentos ópticos de todo tipo, arneses, etc; todos los aeródromos y hangares para aviones, etc .

De acuerdo con la solemnes promesas una vez dadas a Alemania, promesas que se encuentran plasmadas también en el Tratado de Paz de Versalles, todo eso suponía que era un anticipo al desarme del resto del mundo sin trauma alguno.

En ese sentido, como en todos los demás en los que Alemania creyó que la promesa se mantendría, fue vergonzosamente engañada.  Todos los intentos de inducir a los otros estados ha desarmarse, como es bien sabido, intentos perseguidos en las negociaciones en la mesa de conferencias durante muchos años, no se lograron.  Ese desarme habría sido justo y sensato, y se habrían cumplido las promesas dadas.

Yo mismo, Sr. Roosevelt, he hecho cualquier cantidad de propuestas prácticas para las consultas y he tratado de iniciar una discusión sobre el tema, con el fin de efectuar una limitación general de armamentos al nivel más bajo posible.

Propuse una fuerza máxima de 200.000 hombres para todos los ejércitos, también la abolición de todas las armas ofensivas, de aviones de bombardeo, de gas venenoso, y cosas por el estilo.  La actitud del resto del mundo, por desgracia, hizo imposible llevar a cabo esos planes, pese a que para entonces Alemania estaba completamente desarmada.

Propuse después una fuerza máxima de 300.000 hombres para los ejércitos.  La propuesta se encontró con el mismo resultado negativo. Luego presenté un gran número de propuestas detalladas de desarme -en cada caso ante el foro del Reichstag alemán que fue escuchado por el mundo entero.  Nunca nadie concurrió ni siquiera para discutir el asunto.  En cambio, las potencias comenzaron haciendo nuevos gastos en armamentos, que de por sí ya eran enormes.

No fue sino hasta después de la desestimación definitiva de mis propuestas de sugerir 300,000 hombres como la fuerza máxima, que di la orden para el rearme alemán, y esta vez en una escala intensiva.

Sin embargo, yo no quiero ser un obstáculo en el camino de las conversaciones de desarme a las que usted, señor Roosevelt, ahora manifiesta tener la intención de asistir.  Les pido, sin embargo, no llamarme primero a mí y a Alemania, sino más bien a los demás.  Tengo el beneficio de la experiencia en mis espaldas y seguiré siendo escéptico hasta que los hechos me demuestren lo contrario.

El Sr. Roosevelt nos asegura además que está dispuesto a participar en conversaciones para examinar de la manera más práctica la apertura de avenidas de comercio internacional a fin de que todas las naciones del mundo pueden estar habilitadas para comprar y vender en igualdad de condiciones en los mercados del mundo, así como poseer la seguridad de obtener las materias primas y los productos necesarios para la vida económica pacífica.

Respondo: En mi opinión, Sr. Roosevelt, que no se trata tanto de discutir estos problemas en teoría, sino que debiera ser en la práctica eliminando las barreras que existen en el comercio internacional. Las peores barreras, sin embargo, existen dentro de los propios estados.

La experiencia hasta ahora demuestra, en todo caso, que las mayores conferencias económicas mundiales han naufragado, simplemente porque los distintos países fueron incapaces de mantener el orden en sus sistemas económicos internos, o bien porque están sumidos en la incertidumbre del mercado financiero internacional por las manipulaciones monetarias, y por sobre todo a causa de las constantes fluctuaciones en el valor de sus monedas.

Asimismo, es una carga insoportable para las relaciones económicas mundiales que ocurre en algunos países por una razón ideológica u otra, que dan rienda suelta a la agitación de salvaje boicot contra otros países y sus productos, con el objeto de eliminarlos del mercado.

Yo creo, Sr. Roosevelt, que sería más recomendable por su parte, si usted, con su gran influencia, comienza con la eliminación de esas barreras en los Estados Unidos para lograr un comercio mundial verdaderamente libre.  Porque es mi convicción que si los líderes de las naciones no son siquiera capaces de regular la producción en sus propios países o de quitar los boicots de persecución por razones ideológicas, que hacen tanto daño a las relaciones comerciales entre los países, cabe esperar mucho menos el logro de dar cualquier paso realmente fructífero para el mejoramiento de las relaciones económicas por medio de acuerdos internacionales.  No hay otra manera de garantizar el derecho de todos a comprar y vender en el mercado mundial en igualdad de condiciones.

Además, el pueblo alemán ha hecho afirmaciones muy concretas a este respecto y le agradecería mucho si usted, señor Roosevelt, como uno de los sucesores del difunto Presidente Wilson, empleara sus esfuerzos para velar porque las promesas, sobre la base de que una vez que Alemania bajó las armas, y se puso en manos de los llamados victoriosos, pueda finalmente ser redimida.

Estoy pensando menos en los innumerables millones marcos de arrancados a Alemania por las reparaciones, y más en la devolución de los territorios robados a Alemania.

Alemania perdió aproximadamente 3.000.000 de kilómetros cuadrados de territorio dentro y fuera de Europa, a pesar que todo el imperio colonial alemán, en contraste con las colonias de otras naciones, no fue adquirido por medio de la guerra, sino únicamente por medio de tratados o de compra.

El Presidente Wilson solemnemente empeñó su palabra de que la demanda colonial alemana como ocurría con todos los demás países recibirían el mismo justo examen.  Sin embargo, en lugar de eso, las posesiones alemanas fueron regaladas a las naciones que ya tenían los más grandes imperios coloniales de la historia, mientras nuestro pueblo era sometido a grandes sacrificios.

Sería un acto noble si el presidente Franklin Roosevelt redimiera las promesas hechas por el Presidente Woodrow Wilson.  Esto, sobre todo, sería una contribución práctica a la consolidación moral del mundo y la mejora de sus condiciones económicas.

El Sr. Roosevelt también declaró que llegó a la conclusión, que los jefes de todos los gobiernos son en este momento responsables del destino de la humanidad y que no pueden dejar de oír las súplicas de sus pueblos a estar protegidos contra el caos de la guerra.  Y que yo también sería responsable por ello.

Sr. Roosevelt, entiendo perfectamente que la inmensidad de su nación y la inmensa riqueza de su país le permite hacerse responsable por la historia de todo el mundo y por el destino de todos los pueblos.  Mi ámbito, señor Presidente, es considerablemente más pequeño y más modesto.  Usted tiene 130 millones de habitantes en 9 millones y medio de kilómetros cuadrados.  Posee un país con enormes riquezas, con todos los recursos minerales, lo suficientemente fértil como para alimentar a quinientos millones de personas y satisfacer todas sus necesidades.

Me hice cargo de la dirección de un Estado que se enfrentó a la ruina total gracias a su confianza en las promesas del mundo exterior y al mal gobierno de su propio régimen democrático.  En este país hay alrededor de 140 habitantes por cada kilómetro cuadrado —no 15 habitantes, como en Estados Unidos.  La fertilidad de nuestro país no se puede comparar con la del suyo.  Carecemos de numerosos recursos minerales que la naturaleza le ha otorgado a usted en cantidades ilimitadas.

Miles de millones de ahorro de Alemania acumulados en oro y divisas durante muchos años de paz, nos los fueron despojados.  Perdimos nuestras colonias.  En 1933 había en mi país 7 millones de desempleados, unos pocos millones de trabajadores a tiempo parcial, millones de campesinos pobres, el comercio destruido, el intercambio comercial arruinado; en resumen, el caos generalizado.

Desde entonces, Sr. Roosevelt, sólo he sido capaz de cumplir una sola tarea.  No puedo sentirme responsable del destino del mundo, porque el mundo no se interesaba por la lamentable suerte de mi propio pueblo.

Me he considerado a mí mismo como llamado por la Providencia sólo para servir a mi propia gente desamparada y para liberarlos de su miseria espantosa.  Así, durante los últimos seis años y medio, he vivido día y noche para la única tarea de despertar los poderes de mi pueblo, de cara a nuestro abandono del resto del mundo para desarrollar esas competencias al máximo y de utilizarlos para la salvación de nuestra comunidad.

Yo he vencido el caos en Alemania, restablecido el orden, aumentada enormemente la producción en todas las ramas de nuestra economía nacional, con un esfuerzo suplementario hemos producido sustitutos de los numerosos materiales que nos faltan, preparado el camino para nuevas invenciones desarrolladas, de transporte, construidas carreteras magníficas y canales excavados, creadas nuevas fábricas gigantescas.  Me he esforzado no menos en traducir a la práctica el ideal detrás del pensamiento "comunidad" y promover la educación y la cultura de mi pueblo.

He conseguido encontrar un trabajo útil para todos los 7 millones de desempleados; hemos mantenido a los campesinos alemanes en su tierra a pesar de todas las dificultades y hemos ahorrado para ellos, hemos hecho florecer el comercio nuevamente y hemos promovido el transporte al máximo.

Para protegernos contra las amenazas del mundo exterior, no sólo hemos unido políticamente al pueblo alemán sino que también lo hemos rearmado, también nos hemos comprometido deshacernos del Tratado de Versalles, página por página, de todos sus 448 artículos que contienen la más vil opresión que nunca antes ha infligido a los hombres y las naciones.

He traído al Reich las provincias que nos robaron en 1919,  He llevado de regreso a su país de origen a millones de alemanes que fueron separados de nosotros y estaban en la miseria más abyecta, he reunido los territorios que han sido alemanes a lo largo de mil años de historia y Sr. Roosevelt, me he esforzado para lograr todo esto sin derramamiento de sangre y sin traer a mi gente y a los demás la miseria de la guerra.

Esto lo he hecho, Sr. Roosevelt, a pesar que hace 21 años, yo era un trabajador desconocido y un soldado de mi pueblo, sólo con mi propia energía y por lo tanto puedo reclamar un lugar en la historia entre los hombres que han hecho lo máximo que puede ser hecho de manera justa.

Usted, señor Roosevelt, tiene en comparación una tarea inmensamente más fácil.  Usted se convirtió en Presidente de los Estados Unidos en 1933, cuando yo me convertí en Canciller del Reich.  Así, desde el primer momento, usted se convirtió en jefe de uno de los más grandes y más ricos estados del mundo.

Es su buena fortuna tener que mantener casi 15 personas por kilómetro cuadrado en su país.  A su disposición están la mayoría de los más abundantes recursos naturales del mundo.  Su país es tan grande y sus campos tan fértiles, que pueden asegurar a cada individuo estadounidense por lo menos diez veces más de las cosas buenas de la vida que es posible en Alemania.  La naturaleza por lo menos le ha dado la oportunidad de hacer eso.

Aunque la población de su país es sólo un tercio mayor que la de la Gran Alemania, tiene más de quince veces más espacio.  Y usted tiene tiempo y ocio —en la misma enorme escala como usted la tiene en todo lo demás— para dedicar su atención a los problemas mundiales.  Su mundo es muy pequeño, sin duda, por lo que usted cree que su esfera de intervención puede ser útil y eficaz en todas partes.  De esta manera, por lo tanto, su preocupación y sus sugerencias abarcan un campo más grande y más amplio que el mío.

Pero mi mundo, Sr. Presidente, es el que la Providencia me ha asignado y por él tengo el deber de trabajar.  Su superficie es mucho menor.  Se compone de mi pueblo solamente.  Por eso creo que puedo servir mejor en todo lo que está en nuestros corazones —la justicia, el bienestar, el progreso y la paz, los mismos fines que persigue la comunidad humana."

Adolf Hitler

Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 1)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 2)

Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 3)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 4)


DOCUMENTO

"Adolf Hitler Before the German Reichstag on April 28, 1939. Official Translation".
Documento oficial con la traducción al inglés del discurso de Adolf Hitler ante el Reichstag Alemán el 28 de abril de 1939.
Publicado por la Embajada de Alemania en Washington.  Feb. 1939.

Libro


Publicado: 01 agosto/2010