Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Discurso de Hitler en el Reichstag el 28-4-1939, en respuesta a telegrama de Roosevelt del 14-4-1939 (Parte 3)

Problemas pendientes con Polonia

"Fue seguramente una vez más, un duro golpe para el mundo democrático el que no haya habido derramamiento de sangre — que 175.000 alemanes fueran capaces de volver a la patria que amaban por encima de todo sin que unos cientos de otros miles tuvieran que morir por ello.  Ésto entristeció profundamente a los apóstoles del humanitarismo.  Por lo tanto, no es de extrañar que inmediatamente se pusieran a buscar nuevas posibilidades para lograr una alteración completa de la atmósfera europea.  Y así, como en el caso de Checo-Eslovaquia, volvieron a recurrir a la afirmación de que Alemania adoptó medidas militares, y que eso suponía que había una movilización.  Esa movilización se decía que era dirigida contra Polonia.

Quiero decir algo sobre las relaciones entre Alemania y Polonia.  En este caso, del mismo modo, el Tratado de Paz de Versalles —por supuesto, de forma intencionada— hirió a Alemania con mucha más violencia.  La forma peculiar en que el corredor que da acceso al mar a Polonia, fue trazado, sobre todo pensado, para evitar que para siempre Alemania y Polonia jamás pudieran llegar a un entendimiento.  Éste, como ya he enfatizado, es quizás el más doloroso de todos los problemas de Alemania.

Sin embargo, nunca he dejado de sostener que para el Estado polaco la necesidad de un libre acceso al mar no puede ser ignorado.  Ése es un principio general aplicable a todas las naciones e igualmente válido para este caso.  Las Naciones que la Providencia ha destinado, o si se quiere, condenado, a vivir una al lado de la otra, harían bien en no hacerse la vida todavía más difícil entre sí, de manera artificial e innecesaria.  El difunto Mariscal Pilsudski, que era de la misma opinión, estaba por lo tanto dispuesto a entrar en la cuestión de aclarar la atmósfera de las relaciones entre Alemania y Polonia y llegar finalmente a la firma de un acuerdo por el que Alemania y Polonia expresaban su intención de renunciar a la guerra total, como medio de resolver las cuestiones que concernían a los dos países.

Este acuerdo contenía una sola excepción, que era en efecto una concesión a Polonia.  Se estipuló que los pactos de ayuda mutua ya contraídos por Polonia —ésto se aplicaba al pacto con Francia— no serían afectados por el acuerdo.  Pero era obvio que eso sólo podía aplicarse al pacto de asistencia mutua celebrado ya de antemano, y no a lo que los nuevos pactos podría firmarse en el futuro.  Es un hecho que el acuerdo entre Alemania y Polonia dio como resultado una disminución notable de la tensión en Europa.  Sin embargo, quedaba una cuestión pendiente entre Alemania y Polonia, que tarde o temprano, como es natural, tendría que ser resuelta, la cuestión de la ciudad alemana de Danzig.

Danzig es una ciudad alemana y desea pertenecer a Alemania.  Por otro lado esta ciudad tiene contratos con Polonia, que se vieron obligados a reconocer por imposición de los dictadores de la Paz de Versalles.  Además, dado que la Liga de Naciones, desde ya la mayor fabricante de problemas, está ahora representada por un Alto Comisionado —por cierto un hombre de tacto extraordinario— el problema de Danzig debe ponerse en cualquier caso a debate, sobre todo ahora que esta calamitosa organización está gradualmente llegando a la extinción.

Miré el arreglo pacífico de este problema como una contribución más a la final relajación de la tensión europea.  Porque el aflojamiento de esa tensión con seguridad no se puede lograr a través de la agitación generada por los alienados belicistas, sino a través de la eliminación de las causas reales de peligro.  Después de que el problema de Danzig fue discutido varias veces hace unos meses, he hecho una oferta concreta al Gobierno polaco.  Señores, ahora doy a conocer esta oferta y ustedes mismos pueden juzgar si esta oferta no representa la mayor concesión imaginable en aras de los intereses de la paz europea.

Como ya he señalado, siempre he visto la necesidad de un acceso al mar para ese país y por consiguiente, he tomado en consideración esa necesidad.  No soy un estadista democrático, sino un nacionalsocialista y positivista.

Considero necesario, sin embargo, aclararle al gobierno de Varsovia que, al igual que su deseo de acceso al mar, Alemania necesita tener acceso a su provincia en el Este.  Esos son todos los problemas difíciles de resolver.  Sin embargo, no es Alemania, la responsable por ellos, sino más bien los impostores de Versalles que, ya sea por su malicia o por su desconsideración, colocaron barriles de cien libras de pólvora alrededor de Europa, todos ellos equipados con mechas encendidas que serían muy difíciles de apagar.

Esos problemas no pueden resolverse con ideas anticuadas.  Creo más bien que debemos adoptar nuevos métodos, el acceso de Polonia al mar a través del Corredor, por una parte, y una ruta de Alemania a través del Corredor, por otra, que no tienen, por ejemplo, importancia militar alguna.  Su importancia es exclusivamente psicológica y económica.  Atribuirles alguna importancia militar a unas rutas de tráfico de este tipo, sería sólo un afán de exhibicionismo, totalmente ignorante de los asuntos militares.  En consecuencia, he hecho las siguientes propuestas que se presentaron al Gobierno polaco:

1. Danzig regresa como un Estado Libre dentro del marco del Reich alemán.

2. Alemania obtiene una ruta a través del corredor y una línea férrea paralela con el mismo estatus extraterritorial para Alemania como el propio corredor lo tiene para Polonia.

A cambio, Alemania está dispuesta a:

1. Reconocer todos los derechos económicos polacos en Danzig.

2. Le asegurar a Polonia un puerto libre en Danzig del tamaño deseado, dándole un acceso totalmente libre al mar.

3. Acepta al mismo tiempo, los límites actuales entre Alemania y Polonia, y los considera como definitivos.

4. Concluir un tratado de no agresión de veinticinco años con Polonia, un tratado por lo tanto que se extiende mucho más allá de la duración de mi propia vida, y

5. Establecer una garantía de independencia del Estado de Eslovaquia de manera conjunta por Alemania, Polonia y Hungría —lo que significa en la práctica, la renuncia a cualquier hegemonía alemana exclusiva en ese territorio.

El Gobierno polaco ha rechazado mi oferta y se ha declarado dispuesto solamente a:

1. Negociar sobre la cuestión de un sustituto para el Comisionado de la Liga de Naciones, y

2. Considerar facilidades para el tránsito a través del Corredor.

He lamentado muchísimo esta actitud incomprensible del Gobierno polaco, pero eso no es todo.  Lo peor es que Polonia, al igual que Checo-Eslovaquia hace un año, bajo la presión de una campaña internacional de mentiras, ahora cree que debe movilizar sus tropas, a pesar de que Alemania no ha movilizado a un sólo efectivo, y no pensaba tomar ninguna medida contra Polonia.

Como ya he dicho, en sí mismo, eso es muy lamentable.  La posteridad un día decidirá si fue realmente correcto rechazar esta sugerencia mía.  Como también he dicho, fue un esfuerzo de mi parte resolver el asunto, mediante un compromiso que fue realmente único, una cuestión que afecta íntimamente al pueblo alemán y resolverlo en beneficio de ambos países.

Estoy convencido de que esa solución no hubiera significado ninguna entrega, sino un logro para Polonia, porque no debe quedar ninguna sombra de duda de que Danzig nunca se convertirá polaca.

Denuncia del Pacto Germano-Polaco de No Agresión

La intención de atacar por parte de Alemania fue pura invención de la prensa internacional, llevó, como ustedes saben, a las llamadas garantías y a una obligación de parte del Gobierno polaco a comprometiera en la asistencia mutua, que bajo determinadas circunstancias, obligaba a Polonia por ese tratado a emprender una acción militar contra Alemania en el caso de un conflicto entre Alemania y cualquier otra potencia, si tal conflicto involucrara a Inglaterra.

Esta obligación está en contradicción con el acuerdo que hice con el Mariscal Pilsudski hace algún tiempo, ya que en este acuerdo se hace referencia exclusivamente a las obligaciones existentes en ese momento, a saber, las obligaciones, que sabíamos que Polonia tenía con Francia.  La extensión posterior de esas obligaciones fue contraria a los términos del Pacto de No Agresión de Alemania y Polonia.

Bajo esas circunstancias yo no habría entrado en ese pacto, porque ¿qué sentido tendrían los pactos de no agresión si una de las partes deja abiertas las posibilidades a un número enorme de excepciones?

Las alternativas son —ya sea la seguridad colectiva que no es sino la inseguridad colectiva y el peligro de guerra permanente, o bien, claros acuerdos que excluyan, fundamentalmente, el uso de armas entre las partes contratantes.  En lo que se refiere al acuerdo que el Mariscal Pilsudski y yo una vez firmamos, después de haber sido infringido unilateralmente por Polonia, queda por lo tanto nulo.

He enviado un comunicado en este sentido al Gobierno polaco.  Mi actitud en principio, no queda modificada en lo que se refiere a los problemas antes mencionados y si el Gobierno polaco deseara concertar un nuevo acuerdo para regular sus relaciones con el Reich, recibiré con satisfacción la iniciativa siempre y cuando, naturalmente, esos acuerdos se hallen basados en obligaciones completamente claras que vinculen a ambas partes por igual.

Alemania está perfectamente dispuesta en cualquier momento a honrar esas obligaciones, y también a cumplirlas.  Si esas cosas han provocado inquietud de nuevo en Europa durante las últimas semanas, es por la propaganda bien conocida de los belicistas internacionales que son los únicos responsables de ello.  Esa propaganda llevada a cabo constantemente por numerosos órganos de los Estados democráticos, para crear la tensión nerviosa, inventando rumores, están llevando a Europa a la catástrofe, de la que esperan lograr lo que no han logrado aún, a saber, la destrucción de la civilización europea por los bolcheviques.

La ayuda alemana a España

El odio de esos fabricantes del mal es fácilmente comprensible, ya que se les privó de uno de los puntos críticos de peligro más importante en Europa, gracias al heroísmo de un hombre y su nación y —debo decirlo— gracias también, a los voluntarios italianos y alemanes.  En las últimas semanas Alemania, con la simpatía más ferviente y gran regocijo, fue testigo de la victoria de la España Nacionalista.  Cuando me decidí a responder a la petición del General Franco para darle la ayuda de la Alemania Nacionalsocialista en la lucha contra el mal, el apoyo internacional de los incendiarios bolcheviques, este paso de Alemania fue sujeto a malas interpretaciones y abusos indignantes por esos mismos agitadores internacionales.

Declararon en ese momento, que Alemania no sólo tenía la intención de establecerse en España y que se proponía adoptar colonias españolas, sino que incluso inventaron la mentira infame de la llegada de 20.000 soldados alemanes a Marruecos.  En resumen, nada fue dejado al azar para levantar y echar sospechas sobre el idealismo de nuestro apoyo y el apoyo italiano, en el intento de encontrar material para su renovado belicismo.

En unas pocas semanas a partir de ahora, el héroe victorioso de la España Nacionalista celebrará su entrada triunfal a la capital de su país.  El pueblo español le aclama como su libertador de los horrores indecibles y como el liberador de las bandas de incendiarios, los cuales se estima que tienen más de 715.000 vidas humanas en sus conciencias, sólo por las ejecuciones y asesinatos que cometieron
.
Los habitantes de las aldeas y ciudades enteras fueron literalmente masacrados mientras que sus patrones benevolentes, los apóstoles humanitarios de Europa Occidental y la democracia de América, permanecieron en silencio.

En ese, su desfile triunfal, los voluntarios de nuestra legión alemana, marcharán junto con sus compañeros de Italia al lado de las filas de los valientes soldados españoles.  Dentro de poco esperamos darles a nuestros soldados la bienvenida a casa.  La nación alemana sabrá con qué valor sus propios hijos también han desempeñado su papel en esa tierra, en la lucha por la libertad de un pueblo noble.  Fue una lucha por la salvación de la civilización europea, ya que si las fuerzas infrahumanas del bolchevismo hubieran resultado victoriosas en España, bien podrían haberse propagado a través de toda Europa.

De ahí el odio de los que están decepcionados de que Europa no se dirija una vez más hacia el fuego y las llamas.  Por esta misma razón están doblemente ansiosos de no perder ninguna oportunidad de sembrar las semillas de la desconfianza entre las naciones, revolviendo en otra parte el ambiente de guerra que tanto desean.

Algunas de las mentirosas declaraciones inventadas en las últimas semanas por esos belicistas internacionales, las que fueron publicadas en numerosos periódicos, son tan infantiles como son maliciosas.

El primer resultado —aparte de servir a los fines de la política interna— para los gobiernos democráticos es la difusión de una histeria colectiva que incluso hace creer que sea posible la llegada de marcianos a la tierra con ilimitadas posibilidades.  El propósito real, sin embargo, es preparar a la opinión pública respecto a la política inglesa de cerco cuando sea necesario y, en consecuencia, apoyarla, esperando lo peor de lo peor.

El pueblo alemán, por el contrario, puede dedicarse a sus quehaceres con tranquilidad perfecta.  Sus fronteras son custodiadas por el mejor ejército de la historia de Alemania.  El cielo está protegido por la flota aérea más poderosa, y nuestras costas son inexpugnables por cualquier potencia enemiga.  En el Oeste se ha construido el mayor complejo defensivo de todos los tiempos.

Pero los factores decisivos son la unidad de la nación alemana como, en su conjunto, la confianza de todos los alemanes en sí mismos y en sus fuerzas de combate y -si se me permite decirlo- la fe de todos en su liderazgo.

Amistad con Italia y Japón

Pero la confianza del pueblo en su líder, no es menor que en nuestros amigos.  El principal de ellos es el Estado que está más cerca de nosotros en cada respeto, como resultado de los destinos comunes que nos unen.  De nuevo este año la Italia Fascista ha puesto de manifiesto la mayor comprensión en los justos intereses de Alemania.  Nadie debería sorprenderse si nosotros, por nuestra parte, tenemos los mismos sentimientos para con las necesidades de Italia.  El lazo que une a los dos pueblos no puede desatarse.  Todos los intentos de poner esto en duda son descabellados.

En cualquier caso, esto está confirmado por el hecho de que un artículo aparecido hace unos días en un principal periódico democrático, dijo que "ya no sería posible considerar dividir a Italia y Alemania, con el fin de destruirlas por separado".  Así, el Gobierno alemán comprende a cabalidad y aprecia la justicia de las medidas adoptadas por su amigo italiano en Albania y tiene, por tanto, que congratularlo.  Sí, no es sólo el derecho, sino también el deber de asegurar el fascismo en Italia, en la esfera, sin duda, asignada por la naturaleza y la historia, el mantenimiento de un orden, que es obviamente la única base y la seguridad para un real florecimiento de la civilización humana.  Después de todo, en el mundo no hay espacio para la duda con respecto a la obra civilizadora del fascismo, como no lo hay para el Nacionalsocialismo.

En ambos casos los hechos indiscutibles se enfrentan, en contraposición a las presunciones infundadas y no probadas de las declaraciones de la otra parte.  La creación de lazos aún más estrechos entre Alemania, Italia y Japón es el objetivo constante del Gobierno alemán.  Consideramos que la existencia y el mantenimiento de la libertad y la independencia de estas tres grandes potencias, como el factor más determinante para el futuro, por lo que para la preservación de una verdadera cultura humana, una verdadera civilización y un orden justo en el mundo.

Respuesta al mensaje de Roosevelt

El 15 de abril se le informó al mundo sobre el contenido del telegrama que yo no vi sino hasta después.  Es difícil clasificar ese documento o ponerlo en una categoría conocida.  Por lo tanto intentaré, señores, presentarles a ustedes —y a la vez a todo el pueblo alemán— un análisis de los contenidos de ese documento asombroso y en mi nombre y en nombre del pueblo alemán, darle las respuestas apropiadas.

El señor Roosevelt opina que debo darme cuenta de que por todo el mundo cientos de millones de seres humanos viven en constante temor de una nueva guerra e incluso de una serie de guerras.

Esto, dice él, es de interés para el pueblo de los Estados Unidos, para quienes él habla, como también lo debe ser para los pueblos de las otras naciones de todo el hemisferio occidental.

En respuesta a esto debe decirse en primer lugar, que este miedo a la guerra, sin duda, ha existido en la humanidad desde tiempos inmemoriales, y con razón.

Por ejemplo, después del Tratado de Paz de Versalles, solamente entre 1919 y 1938, se libraron catorce grandes guerras, en ninguna de las cuales Alemania estuvo involucrada, pero en las que estuvieron sin duda inmiscuidos, países del Hemisferio occidental, en cuyo nombre también habla el Presidente Roosevelt.

Además, se produjeron en el mismo periodo 26 intervenciones violentas y sanciones llevadas a cabo mediante el uso de la fuerza y del derramamiento de sangre.  Alemania no participó en ninguna de ellas tampoco.

Sólo los Estados Unidos, desde 1918, han llevado a cabo intervenciones militares en seis casos.  La Unión Soviética, desde 1918, se ha visto involucrada en 10 guerras y acciones militares en las que la fuerza y el derramamiento de sangre estuvieron presentes.  Una vez más, Alemania no participó en ninguna de ellas, ni fue responsable por lo ocurrido.

Por lo tanto, a mi me parecería una equivocación dar por sentado, que el miedo a la guerra que aflije a las naciones europeas y no europeas, en los momentos actuales, pueda ser achacado a guerra posible alguna.

Ese temor es debido pura y simplemente a la agitación desenfrenada por parte de la Prensa, agitación tan mendaz, basada en la circulación de viles folletos sobre los Jefes de Estado extranjeros y a la propaganda artificial de pánico, que llega hasta tal grado de que se crea incluso posible la intervención de otro planeta, causando escenas de desesperada alarma.

Yo creo que tan pronto como los Gobiernos responsablemente se impongan a sí mismos y a sus órganos de Prensa la restricción necesaria y digan la verdad en cuanto se refiere a las relaciones de los distintos países entre si, y en particular en cuanto hace referencia a los sucesos internos de otros países, inmediatamente el temor a la guerra desaparecerá y será posible la tranquilidad que todos tanto deseamos.

Consecuencias de las guerras

En su telegrama, el señor Roosevelt expresa la creencia de que toda gran guerra, aun cuando quede circunscrita a otros continentes, ha de tener consecuencias serias mientras dure, y también durante muchas generaciones siguientes.

Respondo: Nadie sabe esto mejor que el pueblo alemán. Porque el Tratado de Paz de Versalles impuso cargas sobre el pueblo alemán, que no podrían haber sido pagadas ni en cien años, aunque ha sido demostrado de manera concluyente por los profesores de derecho constitucional estadounidense, historiadores y profesores de historia, que Alemania no era más culpable por el estallido de la guerra que cualquier otra nación.

No creo que toda lucha haya de tener forzosamente consecuencias desastrosas para todo el mundo, es decir, literalmente para toda la raza humana, siempre y cuando el mundo no sea atraído sistemáticamente a dicho conflicto por medio de una maraña de oscuras obligaciones y pactos.

Pues ya que en los últimos siglos y —como he señalado al principio, de mi respuesta— en el curso de las últimas décadas también, el mundo ha experimentado una serie continua de guerras.  Si la hipótesis del señor Roosevelt fuera correcta, la suma total de los resultados de todas esas guerras habrían impuesto sobre la humanidad una carga durante millones de años.

La solución pacífica de los problemas

El Sr. Roosevelt declaró que, en una ocasión anterior, había apelado a mí para concertar una solución pacífica a los problemas políticos, económicos y sociales, sin recurrir a las armas.

Respondo: Yo siempre he sido un exponente de ese punto de vista y, como lo demuestra la historia, se han resuelto problemas políticos, económicos y sociales sin la fuerza y sin recurrir a las armas.

Sin embargo, lamentablemente, esta solución pacífica se ha hecho más difícil por la agitación de los políticos, estadistas y representantes de periódicos, que ni siquiera están involucrados directamente, ni han sido afectados por los problemas en cuestión.

La amenaza de las armas

El Sr. Roosevelt cree que la "marea de los acontecimientos" está trayendo consigo la amenaza de las armas, y que si continúa esta amenaza, una gran parte del mundo estará condenada a la ruina.

Respondo: En cuanto a Alemania se refiere, no sé nada de este tipo de amenaza para otras naciones, aunque he leído todos los días en los periódicos democráticos mentiras sobre tal amenaza.

Todos los días leo sobre movilizaciones alemanas, desembarco de tropas, extorsiones —todo esto en relación con Estados con los que no sólo vivimos absolutamente en paz, sino con los que somos también en muchos casos, amigos muy cercanos.

Sufrimientos por las guerras

El Sr. Roosevelt cree además que en caso de guerra, naciones victoriosas, vencidas y neutrales, todas sufrirán por igual.

Respondo: En el curso de mis veinte años de actividad política, he sido el máximo exponente de esa convicción, mientras que los estadistas responsables en los Estados Unidos, por desgracia, no se avenían a hacer la misma confesión en cuanto a su participación en la Gran Guerra.

Responsabilidad de los gobernantes

El Sr. Roosevelt cree que en última instancia sólo los líderes de las grandes naciones pueden preservar a sus pueblos de la catástrofe inminente.

Respondo: Si eso es cierto, entonces es negligencia culpable no utilizar palabras más enérgicas, de otra forma, los líderes de las naciones no lograrán controlar los periódicos que agitan en favor de la guerra, y no salvarán al mundo de la calamidad de la amenaza de un conflicto armado .

No puedo entender, además, por qué esos líderes responsables en lugar de cultivar las relaciones diplomáticas entre las naciones, las hacen más difíciles y, de hecho perturban con acciones tales como la retirada de los embajadores sin ninguna razón que lo justifique.

Naciones europeas y africanas que dejaron de existir

El Sr. Roosevelt declaró también, que tres naciones de Europa y una en África han visto terminadas sus existencias independientes.

Respondo: No sé a cuáles tres naciones de Europa se refiere. Si se trata de las provincias reincorporadas al Reich alemán, debo llamarle la atención al Sr. Roosevelt que eso es un error histórico de su parte.

No es ahora, sino en 1918 que esos pueblos sacrificaron su existencia independiente en Europa.  En ese momento, en violación de las promesas solemnes, sus vínculos lógicos fueron desgarrados y se convirtieron en naciones que nunca quisieron serlo y nunca antes lo había sido. Se vieron forzadas a una independencia que no era la verdadera independencia, sino a lo sumo sólo podía significar la dependencia de un mundo internacional extranjero que en el fondo detestaban.

Por otra parte, en cuanto a los alegatos de que una nación en África ha perdido su libertad, eso también es erróneo.  No se trata de una nación en África que ha perdido su libertad, por el contrario, prácticamente todos los habitantes originarios de ese continente han perdido su libertad, por estar sujetos a la soberanía de otras naciones mediante la fuerza y el derramamiento de sangre.

Marroquíes, bereberes, árabes, negros, y el resto, han sido víctimas de las espadas de la fuerza extranjera, que, sin embargo, no estaban marcadas "Made in Germany", sino "Made by Democracies".

Futuros actos de agresión

El Sr. Roosevelt luego habla de informes que él mismo reconoce que no cree que sean correctos, los cuales dicen que todavía se están contemplando más actos de agresión contra otras naciones independientes.

Respondo: Considero todas esas infundadas insinuaciones como un atentado contra la tranquilidad y la paz del mundo.  También veo en ellas un esfuerzo calculado para sembrar la alarma en las naciones más pequeñas o al menos ponerlas al borde de la zozobra.

Si en este sentido el señor Roosevelt realmente tiene algún caso específico en mente, me gustaría pedirle que nombre a los Estados que están en peligro de agresión y el nombre del agresor en cuestión.  Sería entonces muy fácil refutar rápidamente esas acusaciones absurdas.

Alemania se dirige a la guerra

El Sr. Roosevelt afirma que el mundo está simplemente dirigiéndose hacia el momento en que esa situación terminará en una catástrofe a menos que se encuentre una forma racional de conducir los acontecimientos.

También declara que he afirmado reiteradamente que yo y el pueblo alemán no tenemos ningún deseo de ir a la guerra y que si eso es verdad no habrá necesidad de una guerra.

Respondo: Quisiera señalar en primer lugar, que no he promovido ninguna guerra; en segundo lugar, que durante años he expresado mi horror hacia la guerra y, no menos, de los belicistas, y, en tercer lugar, que no sé, con qué propósito, podría estar yo promoviendo una guerra.

Agradecería que el señor Roosevelt me diera alguna explicación al respecto.

Responsabilidad de los gobiernos

El Sr. Roosevelt es también de la opinión de que ningún Gobierno tiene el derecho a infligir las consecuencias de una guerra a su propio pueblo ni a los pueblos extraños, salvo el caso de evidente defensa propia.

Respondo: Yo diría que cualquier ser humano razonable tiene la misma opinión, pero me parece que en la guerra casi todas las partes afirman que el suyo es un caso de defensa propia incuestionable.  Yo no creo que haya un gobernante en este mundo, incluido el propio presidente de Estados Unidos, que podrían decidir esta cuestión de forma infalible.

Difícilmente puede haber una duda, por ejemplo, que la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra no fue un caso de defensa propia incuestionable.  Un comité de investigación creado por el mismo presidente Roosevelt ha examinado las causas del ingreso de Estados Unidos en la Gran Guerra, y llegó a la conclusión de que la entrada se produjo principalmente por razones que eran exclusivamente capitalistas.  Sin embargo, ninguna conclusión práctica se ha extraído de esa conclusión.

Esperemos, pues, que en el futuro, al menos Estados Unidos actúe de acuerdo con ese noble principio y que no irá a la guerra, contra cualquier país, excepto debido a incuestionable defensa propia.

Responsabilidad de EEUU

El Sr. Roosevelt dice además que no habla con egoísmo, miedo o debilidad, sino con la voz de la fuerza y la amistad para con la humanidad.

Respondo: Si la voz de la fuerza y la amistad para la humanidad hubiera sido enarbolada por los Estados Unidos en el momento adecuado, y sobre todo, si hubiera tenido algún tipo de valor práctico, por lo menos ese tratado, el Dictado de Versalles, que se ha convertido en la causa de los peores trastornos de la humanidad y la historia, se podría haber evitado."

Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 1)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 2)

Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 3)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 4)


DOCUMENTO

"Adolf Hitler Before the German Reichstag on April 28, 1939. Official Translation".
Documento oficial con la traducción al inglés del discurso de Adolf Hitler ante el Reichstag Alemán el 28 de abril de 1939.
Publicado por la Embajada de Alemania en Washington.  Feb. 1939.

Libro


Publicado: 01 agosto/2010