Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Discurso de Hitler en el Reichstag el 28-4-1939, en respuesta a telegrama de Roosevelt del 14-4-1939 (Parte 2)

El Acuerdo de Munich

"Según la opinión del Sr. Benes, sólo quedaban dos alternativas para Alemania: o aceptar esa movilización checa y con ella un golpe vergonzoso a su prestigio, o ingeniosamente cancelar cuentas en la Checo-Eslovaquia.  Esto habría significado una guerra sangrienta, tal vez implicando la movilización de las naciones de Europa occidental, que no tenía nada que ver en estos asuntos, pero que los harían participar en el inevitable baño de sangre y sumergiendo a la humanidad en una nueva catástrofe en la que algunos tendrían el honor de perder sus vida y otros el placer de obtener beneficios de la guerra.  Ustedes señores conocen, las decisiones que tomé en aquel momento:

1. La solución de esta cuestión tomada el 2 de octubre de 1938. [NT. Acuerdo de Munich]

2. Los preparativos para esta solución con todos los medios necesarios para no dejar duda de que cualquier intento de intervención se alcanzaran mediante la fuerza unida de toda la nación.

Fue en esta coyuntura que decreté y ordené la construcción de las fortificaciones del oeste.  El 25 de septiembre 1938 ya estaban en tal estado que su poder de resistencia fue de treinta a cuarenta veces mayor que la de la vieja Línea Siegfried en la Gran Guerra.  Ahora han sido prácticamente concluida y en la actualidad están siendo ampliadas por las nuevas líneas fuera de Aquisgrán y Saarbrücken que después ordené.  Estas líneas de defensa también están listas.

En vista de la calidad de éstas, las más grandes fortificaciones jamás construidas, la nación alemana puede sentirse perfectamente segura de que ningún poder en este mundo podrá tener éxito intentando romper este frente.  Cuando el primer intento de provocación utilizando la movilización checa no logró producir el resultado deseado, comenzó la segunda fase, en la que los motivos que subyacen a una cuestión que preocupa realmente a Europa Central solamente, eran aún más evidentes.

Si el grito de "Nunca otro, Munich" se plantea en el mundo de hoy, esto no hace sino confirmar el hecho de que la solución pacífica de los problemas parece ser la cosa más torpe que ha pasado a los ojos de los belicistas.  Ellos lamentan que no se haya derramado sangre, por cierto no su sangre, porque esos agitadores nunca están donde se oyen los disparos, sino sólo donde se hace dinero.  No!  Es la sangre de los muchos soldados sin nombre!

Por otra parte, no habría habido necesidad de la Conferencia de Munich, porque esa conferencia sólo fue posible por el hecho de que los países que al principio había incitado a los interesados para resistir a toda costa, se vieron obligados más tarde, cuando la situación de presión para una solución de una manera u otra, les aseguraba un retiro más o menos respetable, porque sin Munich —es decir, sin la interferencia de los países de Europa Occidental— una solución de todo el problema —si es que se hubiera tornado tan agudo— muy probablemente habría sido la cosa más fácil del mundo.

La decisión de Munich nos llevó a los siguientes resultados:

1. El retorno al Reich de las partes más esenciales de los asentamientos alemanes en la frontera de Bohemia y Moravia;

2. Mantener abierta la posibilidad de una solución de otros problemas de Estado, esto es, la devolución o separación de las minorías húngaras y eslovacas;

3. Todavía quedaba la cuestión de las garantías.  En cuanto a Alemania e Italia se refiere, la garantía de este Estado se había, desde el principio, supeditado en el consentimiento de todas las partes interesadas en la frontera con Checo-Eslovaquia, es decir, la garantía se acopló con la solución real del problema relativo a las partes mencionadas, que no estaban todavía resueltas.

Los siguientes problemas quedaron todavía pendientes:

1. El retorno de los distritos magyares a Hungría;
2. El retorno de los distritos polacos a Polonia;
3. La solución de la cuestión Eslovaca;
4. La solución de la cuestión ucraniana.

Como ustedes saben, las negociaciones entre Hungría y Checo-Eslovaquia apenas había comenzado cuando tanto los negociadores húngaros como los checoslovacos, solicitaron a Alemania e Italia, el país que se encuentra de la mano con Alemania, para actuar como árbitros en la definición de las nuevas fronteras entre Eslovaquia, la Ucrania-Carpática y Hungría.  Los países afectados no hicieron uso de la oportunidad de apelar a las cuatro potencias, por el contrario, renunciaron expresamente a esa oportunidad.  Incluso se negaron.  Y eso era natural.  Todas las personas que viven en ese territorio desean paz y tranquilidad.  Italia y Alemania estaban preparadas para responder al llamado.  Ni Inglaterra ni Francia formularon objeción alguna a dicho acuerdo, aunque en realidad constituía una salida formal del acuerdo de Munich.  Pero, tampoco lo han hecho.  Hubiera sido una locura de París o Londres protestar contra una acción por parte de Alemania o Italia, que se habría llevado a cabo exclusivamente a petición de los países afectados.  Como siempre sucede en estos casos, la decisión a la que llegaron Alemania e Italia no resultó del todo satisfactoria para las partes.  Desde el principio, la dificultad fue que tenía que ser aceptado voluntariamente por ambas partes.  Así, después de su aceptación por los dos estados, se habrían planteado protestas violentas.

Hungría, impulsada por intereses generales y específicos, exigió la Ucrania-Carpática, mientras que Polonia exigía medios directos de comunicación con Hungría.  Estaba claro que en dichas circunstancias, incluso el resto del Estado que Versalles había creado, estaba predestinado a la extinción.  Era un hecho que tal vez únicamente un solo Estado estaba interesado en la preservación del statu quo y ese Estado fue Rumania.  El hombre más autorizado para hablar en nombre de ese país me dijo personalmente cuán deseable sería contar con una línea directa de comunicación con Alemania, quizás a través de Ucrania y Eslovaquia.  Menciono esto como una indicación, según los clarividentes de Estados Unidos, "de la magnitud del sufrimiento, que la amenaza de Alemania, significa para Rumania".

Pero ya era evidente que Alemania no podía emprender la tarea de oponerse de manera permanente a un desarrollo natural, ni de luchar para mantener un estado de cosas sobre las que no teníamos ninguna responsabilidad.  Se llegó por tanto a la etapa, en que me decidí a hacer una declaración en nombre del gobierno alemán, en el sentido de que no teníamos intención de incurrir por más tiempo en el reproche de oponernos a los deseos comunes de Polonia y Hungría respecto a sus fronteras, simplemente para mantener abierto el camino del acercamiento entre Alemania y Rumania.

Dado que, por otra parte, el gobierno checo recurrió una vez más a sus viejos métodos y como Eslovaquia también dio expresión a su deseo de independencia, la ulterior existencia de ese artificial Estado, estaba fuera de toda posibilidad.  A la estructura de la Checo-Eslovaquia elaborada en Versalles le había llegado su día.  Se disolvió no porque Alemania deseara su disolución, sino porque, en el largo plazo, es imposible mantener y sostener estados artificiales creados en las mesas de conferencias, ya que son incapaces de sobrevivir.  En consecuencia, en respuesta a una pregunta sobre una garantía pedida por Inglaterra y Francia unos días antes de la disolución de ese Estado, Alemania se negó a darla ya que las condiciones establecidas en Munich ya no existían.

Por el contrario, después que toda la estructura del Estado había empezado a romperse y en realidad ya se había disuelto, el gobierno alemán decidió intervenir.  Que lo hizo sólo en cumplimiento de un deber evidente lo demuestran los hechos siguientes.  Con motivo de la primera visita del Ministro de Relaciones Exteriores checo, el Sr. Chvalkovsky en Munich, el gobierno alemán se pronunció claramente sobre el futuro de Checo-Eslovaquia.  Personalmente le aseguré al Sr. Chvalkovsky en esa ocasión, que siempre y cuando las importantes minorías alemanas que permanecían en el territorio checo fueran tratadas correctamente y se les proporcionara una solución integral en todo ese Estado, podríamos entonces garantizar una actitud correcta por parte de Alemania y no pondríamos obstáculos para la viabilidad de ese Estado.

Pero también dejé en claro más allá de toda duda, que si los checos tomaban medidas en concordancia con la línea política del ex presidente Benes, no toleraríamos tales situaciones, y las reprimiríamos apenas comenzaran.  También señalé que el mantenimiento de un enorme arsenal militar en Europa Central, sin ninguna razón o propósito, sólo podría considerarse como una señal de peligro.

Los acontecimientos posteriores demostraron cuán justificadas fueron mis advertencias.  Un flujo en constante crecimiento de la propaganda clandestina y una tendencia gradual de los periódicos checos a recaer en sus viejas tendencias hizo evidente, incluso para el más perfecto iluso, que el viejo estado de cosas pronto se restablecería.  El riesgo de un conflicto militar era aún mayor ya que siempre existía la posibilidad de que algún loco pudiera tomar el control de los grandes depósitos de municiones.  Esto implicaba el peligro de una enorme explosión.  Como prueba de ello, me veo obligado, señores, darles una idea de la amplitud verdaderamente gigantesca de esta tienda internacional de municiones en Europa Central.

Desde la ocupación de ese territorio, se han tomado y puesto en custodia los siguientes elementos:

Fuerza Aérea: aviones, 1582; cañones antiaéreos, 501.
Ejército: armas ligeras y pesadas, 2175; lanzadores de minas, 785; tanques, 469; ametralladoras, 43.876; pistolas automáticas, 114.000; fusiles, 1,090.000.
Municiones: de infantería, cerca de 1.000.000.000 de rondas, granadas de artillería, más de 3,000.000 de rondas.
Otros implementos de guerra de todo tipo, por ejemplo, equipos de construcción de puentes, detectores de aviones, reflectores antiaéreos, instrumentos de medida, vehículos de motor y vehículos especiales de motor en grandes cantidades.

Creo que es una bendición para millones y millones que, gracias al hecho de que los ojos de hombres responsables en el otro lado se abrieron en el último momento, que logré evitar esa explosión y encontramos una solución que, estoy convencido, finalmente ha suprimido el problema de esta fuente de peligro en Europa Central.  El argumento de que esta solución es contraria al Acuerdo de Munich no tiene asidero o confirmación.  Ese acuerdo no podría en ningún caso considerarse definitivo, ya que se admitió que dejó otros problemas que aún requerían solución.

No se nos puede reprochar el hecho de que las partes interesadas y esto es lo principal — no se presentaron a las cuatro potencias, sino sólo a Italia y Alemania, ni por el hecho de que ese Estado se escindió por propia voluntad y por consiguiente, Checo-Eslovaquia dejó de existir.  Fue, sin embargo, comprensible que, después de que principios etnográficos hacía tiempo que habían sido violados, Alemania debía tomar bajo su protección sus intereses de mil años de antigüedad, las cuales no eran sólo de naturaleza política, sino también económica.  El futuro dirá si la solución que Alemania encontró es correcta o incorrecta.  Sea buena o no, la solución que ha hallado Alemania lo cierto es que no está sujeta a la supervisión ni a la crítica inglesas; porque Bohemia y Moravia como restos de la antigua Checo-Eslovaquia, nada tienen que ver ya con el acuerdo da Munich.  De igual manera que las medidas tomadas por Inglaterra, por ejemplo en la Irlanda del Norte, estén bien o mal, no están sujetas a la supervisión ni a la crítica alemana.

Este es el caso de esos antiguos electorados alemanes.  Sin embargo, no logro comprender cómo el acuerdo a que llegamos el señor Chamberlain y yo, en Munich, puede referirse a este caso, porque el caso de Checo-Eslovaquia fue resuelto en la Conferencia de las Cuatro Potencias de Munich, hasta el punto en que podría haberse resuelto en ese entonces.  Aparte de eso, se estableció simplemente la aclaración de que si las partes interesadas no llegaban a un acuerdo, tendrían el derecho a apelar a las cuatro Potencias que habían firmaron el Pacto, y que de ocurrir ese caso, se reunirían de nuevo para celebrar otra consulta después de la expiración de un plazo de tres meses.

Sin embargo, esas partes interesadas no apelaron a las cuatro Potencias sino que se dirigieron tan sólo a Alemania y a Italia.  Eso estaba plenamente justificado y se demuestra por el hecho de que ni Inglaterra ni Francia formularon objeciones, sino que aceptaron la resolución dictada por Alemania e Italia.  No, el acuerdo entre Chamberlain y yo, no tenía nada que ver con estos problemas, sino únicamente con las cuestiones relativas a las relaciones entre Inglaterra y Alemania.  Esto queda patente por el hecho de que esas cuestiones se tratarán en el futuro en el espíritu del acuerdo de Munich y del Acuerdo Naval Anglo-Alemán, es decir, con un espíritu amistoso de la consulta.

Disolución del Acuerdo Naval Anglo-Alemán

No obstante, si ese acuerdo se aplicara a todas las actividades alemanas futuras de carácter político, Inglaterra tampoco debería tomar medida alguna ya sea en Palestina o en otro lugar, sin antes consultar con Alemania.  Es obvio que no esperamos eso, del mismo modo que nos negamos a permitir cualquier fiscalización similar contra nosotros.  Ahora, si el señor Chamberlain decide que el acuerdo de Munich está cancelado porque lo hemos quebrantado, tomaremos nota de ello y obraremos en consecuencia.

Durante toda mi carrera política siempre he propuesto la idea de una estrecha amistad y colaboración entre Alemania e Inglaterra.  En mi Partido me encontré con muchos otros que tenían la misma idea y deseo.  Tal vez se unieron a mí por mi actitud en ese sentido.  Este deseo de amistad y cooperación anglo-alemana no se basa únicamente en los sentimientos sobre la base de los orígenes raciales de nuestros dos pueblos, sino también a mi comprensión de la importancia de la existencia del Imperio Británico para toda la humanidad.

Nunca he dejado lugar para que quepa ninguna duda de mi creencia de que la existencia de ese imperio es un factor de valor inestimable para el conjunto de la cultura humana y la vida económica mundial.  Por cualquiera que fueran los medios, Gran Bretaña ha adquirido sus territorios coloniales —y sé que esos medios eran de fuerza y con frecuencia de brutalidad.  Sé muy bien que ningún otro imperio jamás se ha creado de otra manera, y que, en última instancia, no se trata tanto de los métodos, que se tienen en cuenta en la historia o en el éxito o no éxito de los métodos, como tales, sino más bien en el interés general que los métodos producen.  Ahora, no hay duda de que el pueblo anglosajón ha realizado una inmensa labor colonizadora en el mundo.  Por esa obra tiene mi sincera admiración.

La idea de la destrucción de esa obra me parecía y todavía me parece, desde el punto de vista más elevado de la humanidad, como nada más que una manifestación de la destrucción sin sentido humano.  Sin embargo, mi sincero respeto por ese logro no significa que yo ignore la seguridad de la vida de mi propio pueblo.  Me parece imposible de alcanzar una amistad duradera entre los pueblos alemán y anglosajón, si la otra parte no reconoce que hay alemanes, así como intereses alemanes y británicos, que así como la preservación del Imperio Británico es el objeto y la vida de los británicos, así también la libertad y la preservación del Reich alemán es el propósito de vida de los alemanes.

Una verdadera amistad duradera entre estas dos naciones sólo es concebible en una base de respeto mutuo.  El pueblo Inglés gobierna un gran imperio.  Ellos construyeron ese imperio en un momento en que el pueblo alemán se encontraba débil.  Alemania había sido un gran imperio.  Hubo un tiempo en que gobernó el Occidente.  En sangrientas luchas y disensiones religiosas, y como resultado de la desintegración política interna, este imperio se sumió en la decadencia y su grandeza finalmente cayó en un profundo sueño.

Pero al igual que ese viejo imperio parecía haber llegado a su fin, las semillas de su renacimiento fueron surgiendo.  A partir de Brandenburgo y Prusia surgió una nueva Alemania, el Segundo Reich, del que por fin ha surgido el Tercer Reich del Pueblo Alemán.  Y espero que todos los ingleses entiendan que no sentimos el más mínimo sentimiento de inferioridad con los británicos.  La parte que hemos jugado en la historia es demasiado grande para eso.  Inglaterra ha dado al mundo muchos grandes hombres y Alemania no menos que ellos.  La férrea lucha por el mantenimiento de la vida de nuestro pueblo en el transcurso de tres siglos, costó un sacrificio de vidas que supera con creces lo que otros pueblos han tenido que sufrir para mantener su existencia.

Si Alemania, un país que siempre ha sido atacado, no fue capaz de retener sus posesiones y se vio obligado a sacrificar muchas de sus provincias, fue debido sólo a su lamentable situación política y a la impotencia que resultó de ella.  La situación ha sido revertida.  Por lo tanto, nosotros, los alemanes no nos sentimos en lo más mínimo inferiores a la nación británica.  Nuestra autoestima es tan grande como la de un inglés.  En la historia de nuestro pueblo, a lo largo de aproximadamente dos mil años, han ocurrido suficientes acontecimientos y logros que nos llenan de legítimo orgullo.

Ahora, si Inglaterra no puede entender nuestro punto de vista, pensando acaso que puede considerar a Alemania como un Estado vasallo, entonces nuestro amor y afecto por Inglaterra han sido desperdiciados.  No vamos a hundirnos en la desesperación ni perderemos entusiasmo por ello, pero — basándose en la conciencia de nuestra propia fuerza y en la fuerza de nuestros amigos — vamos a encontrar los medios para garantizar nuestra independencia sin menoscabo de nuestra dignidad.  He escuchado la declaración del Primer Ministro británico en el sentido de que no es capaz de tener ninguna confianza en las garantías alemanas.  En estas circunstancias considero que es una cosa natural, que ya no debemos esperar que él o el pueblo británico pueda soportar el peso de una situación que significa una tarea demasiado difícil para ellos y que sólo puede ser superada en una atmósfera de confianza mutua.

Cuando Alemania se convirtió en Nacionalsocialista y así abrió el camino para su resurrección nacional, en cumplimiento de mi inquebrantable política de amistad con Inglaterra, por mi propia voluntad, hice la propuesta para la restricción voluntaria de armamentos navales alemanes.  Esa restricción, sin embargo, estaba basada en una condición, a saber, la voluntad y la convicción de que una guerra entre Inglaterra y Alemania nunca volvería a ocurrir.  Este deseo y esta convicción continúan vivos hoy en mí.

Sin embargo, estoy ahora obligado a declarar que la política de Inglaterra, tanto de forma extraoficial como oficial, no deja ninguna duda al hecho de que dicha convicción ya no es compartida en Londres, y que, por el contrario, prevalece la opinión de que existe no importa en qué conflictos Alemania pueda algún día estar enredada, Gran Bretaña siempre tomará una posición en contra de Alemania.  Así, la guerra contra Alemania se da por sentada en ese país.

Lamento profundamente que esto haya pasado, porque la única reclamación que he hecho y seguiré haciéndole a Inglaterra es la devolución de nuestras colonias.  Pero siempre he dejado muy claro que esto nunca se convertiría en una de las causas de conflictos militares entre nosotros.  Siempre he sostenido que los ingleses, para quienes esas colonias no tienen ningún valor, algún día comprenderán la situación de Alemania, y entonces valorarán más la amistad de Alemania que la posesión de territorios que, aunque a ellos no les otorga beneficios reales, son de vital importancia para Alemania.

Sin embargo, aparte de eso, nunca he presentado una reclamación que pudiera de alguna manera interferir con los intereses británicos o se hayan convertido en un peligro para su Imperio y, por tanto significaran algún tipo de daño para Inglaterra.  Siempre he mantenido dentro de los límites de esas demandas íntimamente ligadas al territorio que le corresponde a Alemania, y por lo tanto se refieren a la propiedad eterna de la nación alemana.  Pero, como hoy Inglaterra, tanto desde la prensa como oficialmente, defiende la opinión de que debe oponerse en cualquier circunstancia a Alemania y lo confirma por la familiar política de acorralamiento, la base del tratado naval ha sido eliminado.  Por tanto, he decidido enviar hoy una comunicación a tal efecto al Gobierno británico.

Esto no es para nosotros un asunto de importancia material práctica porque todavía espero que seremos capaces de evitar una carrera armamentista con Inglaterra, pero sí es una acción de auto respeto.  Si el Gobierno británico, en cambio, desea entrar una vez más en negociaciones con Alemania sobre este asunto, nadie estaría más feliz que yo, ante la perspectiva de seguir siendo capaz de llegar a un entendimiento claro y directo.

Alemania sólo está recuperando lo que le pertenece

Por otra parte, yo conozco a mi gente y confío en ellos.  No queremos nada que antes no nos perteneciera y por nuestra parte nunca robaremos la propiedad de ningún Estado, pero el que crea que es capaz de atacar a Alemania, se encontrará frente a una medida de fuerza y resistencia, que en comparación, lo ocurrido en 1914 es insignificante.  En relación con esto quiero decirlo aquí y ahora, de que el asunto fue usado como el punto de partida para la nueva campaña contra el Reich, por los mismos círculos que provocaron la movilización de Checo-Eslovaquia.

Ya les he asegurado señores, al comienzo de mi intervención, que nunca, ya sea en el caso de Austria o en el caso de Checo-Eslovaquia, he adoptado ninguna actitud en mi vida política que no fuera compatible con los acontecimientos que han ocurrido ahora.  Por lo tanto, en relación con el problema de los alemanes de Memel, si esta cuestión no fue resuelta por la propia Lituania en una forma digna y generosa, un día tendrá que ser planteada por Alemania.

Ustedes saben que el territorio de Memel también se escindió arbitrariamente del Reich por el Dictado de Versalles y que finalmente, en el año 1923, es decir, en medio de un período de paz total, ese territorio fue ocupado por Lituania y así se puede decir que confiscado.  El destino de los alemanes de Memel ha sido desde entonces un verdadero martirio.

En el curso de la reincorporación de Bohemia y Moravia al marco del Reich alemán, también era posible para mí llegar a un acuerdo con el Gobierno de Lituania, que permitiera el regreso de ese territorio a Alemania, sin ningún tipo de acto de violencia y sin derramamiento de sangre.  También en ese caso no he exigido un kilómetro cuadrado más de lo que anteriormente poseíamos y que no nos hubieran sido robados.

Esto significa, por tanto, que ese territorio sólo ha regresado al Reich alemán, porque había sido arrancado de nosotros por los dementes que dictaron la paz en Versalles.  Pero esta solución, estoy convencido, sólo será ventajosa para las relaciones entre Alemania y Lituania, ya que Alemania, como nuestra actitud ha demostrado, no tiene otro interés que el de vivir en paz y amistad con ese estado, y establecer y fomentar las relaciones económicas con él.

Importancia económica de los acuerdos comerciales

En este contexto, me gustaría hacer una observación muy clara.  La importancia de los acuerdos económicos con Alemania no sólo radican en el hecho de que Alemania es capaz de exportar para satisfacer casi todas las necesidades de la industria, y que no sólo será un consumidor muy grande, sino que al mismo tiempo también será un comprador de numerosos productos, lo que así permite a otros países a participar en el comercio internacional.

Nos interesa no sólo la retención de esos mercados económicos, sino especialmente la promoción de buenas relaciones con ellos, porque la existencia de nuestro pueblo se basa en gran medida en ellos.  Los estadistas llamados democráticos lo consideran como uno de sus mayores logros políticos el excluir a un país de sus mercados por medio del boicot, por ejemplo, probablemente, con el fin de que mueran de hambre.  No necesito decirles que cualquier nación seguramente preferiría luchar a morir de hambre en tales circunstancias.  En cuanto a Alemania se refiere, está en cualquier caso decidida a no permitir que algunos mercados de importancia económica le sean robados por las amenazas o la intervención brutal.

Pero esto no es sólo para nuestro propio beneficio, sino también por el interés de nuestros socios comerciales.  Aquí, como en todos los negocios, la dependencia no es unilateral, sino recíproca.   ¿Con qué frecuencia tenemos el placer de leer en los artículos de aficionados a la economía que se publican en los periódicos de las democracias, que Alemania, porque mantiene estrechas relaciones económicas con un país, convierte a ese país en dependiente de ella.  Eso es absolutamente absurdo y un sin sentido judío.  Si Alemania suministra hoy a un país agrícola maquinaria y recibe productos alimenticios en pago, el Reich como consumidor de los productos alimenticios, no es el menos dependiente sino el más dependiente del país agrario, porque ellos reciben productos industriales en pago.

Alemania se refiere a los Estados bálticos como quienes son sus socios comerciales más importantes.  Y por esa razón es de nuestro interés de que estos países deben llevar una vida nacional independiente y ordenada.  Esto es en nuestra opinión un requisito previo, que exista un desarrollo económico interno que es a su vez la condición de la que depende el intercambio de bienes.  Estoy, pues, feliz de que hayamos sido capaces de resolver también el punto de controversia entre Lituania y Alemania.  Esto elimina el único obstáculo en el camino de la política de amistad, lo que demuestra su valía, ya que estoy convencido de que se logrará, no con meras frases políticas, sino con medidas económicas prácticas."

Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 1)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 2)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 3)
Respuesta de Hitler al telegrama que le envió Roosevelt el 28-4-1939 (Parte 4)


DOCUMENTO

"Adolf Hitler Before the German Reichstag on April 28, 1939. Official Translation".
Documento oficial con la traducción al inglés del discurso de Adolf Hitler ante el Reichstag Alemán el 28 de abril de 1939.
Publicado por la Embajada de Alemania en Washington.  Feb. 1939.

Libro


Publicado: 01 agosto/2010