Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Carta de Edouard Daladier a Adolf Hitler (26-08-1939)

Desde mediados de 1939, el Primer Ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain y el Presidente del Consejo de Ministros de Francia, Edouard Daladier, hicieron persistentes intentos por formar una Triple Alianza con la Unión Soviética.  De manera hábil, durante meses, Stalin dilató las conversaciones ordenándole a su Comisario de Asuntos Exteriores, Molotov, que planteara cada vez nuevas exigencias, las que luego de infructuosas conversaciones, los aliados aceptaban.  Este estira y afloja se interrumpió para dar paso a una Conferencia Militar entre los representantes de los tres países.  No era sino una maniobra más de Stalin, puesto que de manera sorpresiva Alemania y la URSS anunciaron la firma de un Accuerdo Comercial entre ambos países.  Pero lo peor para los aliados estaba por llegar.  Poco antes del fin del mes de agosto, a apenas unos días para que comenzara la invasión de Polonia, Alemania y la URSS firmaron un Pacto de No Agresión.  La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los negociadores aliados.  Para entonces, a nadie en Europa le quedaba ninguna duda que la guerra estaba por estallar.  Incluso en medios de prensa se rumoraba que en el pacto germano-soviético habían cláusulas secretas para el desmembramiento de Polonia.  Al borde de la desesperación, Edouard Daladier contestó una misiva de Hitler en los siguientes términos:

París, 26 de agosto de 1939.

Señor Canciller:

El embajador de Francia en Berlín me ha informado de su comunicación personal.  En el momento en que usted habla de la gravísima responsabilidad que dos jefes de Gobierno puedan tomar sobre ellos, es decir: la de verter sangre de los pueblos que no tienen más deseo que la paz y el trabajo, tengo el deber para con usted y para con nuestras dos naciones, de decirle que el destino de la paz se encuentra todavía en sus manos.  Usted no puede dudar ni de mis sentimientos, respecto a Alemania, ni de los sentimientos pacíficos de Francia respecto a su nación.  No existe ningún francés que hubiese hecho más que yo para reforzar entre nuestros dos pueblos no sólo la paz, sino también una colaboración leal en su propio interés y en el interés de Europa y del mundo.

A menos que usted crea que el pueblo de Francia no posee una elevada concepción, tan alta del honor, como el alemán, no puede dudar usted de que Francia, respete fielmente los compromisos contraídos con otros países, como por ejemplo Polonia, que quieren vivir en paz con Alemania.  No existe nada que pueda impedir una solución pacífica de la crisis, con honor y dignidad para todos si existe voluntad de paz.  Proclamo la buena voluntad de Francia y de sus aliados.  Asumo la misma garantía por lo que se refiere a la buena voluntad que manifestó siempre Polonia para la aplicación del procedimiento de libre acuerdo, como corresponde entre naciones soberanas.

Con toda conciencia puedo asegurarle que entre las divergencias existentes entre Alemania y Polonia sobre Danzig, no existe ninguna que no pueda ser sometida a tal procedimiento para una solución equitativa y pacífica.  Puedo afirmar, por mi honor, que no existe nada en la solidaridad clara y sincera de Francia con Polonia que pueda influenciar los sentimientos pacíficos de Francia.  La solidaridad no nos impidió jamás ni nos impide tener confianza en los sentimientos pacíficos.  En unos momentos tan graves como los actuales, creo sinceramente que ningún hombre de honor puede comprender que se pueda empezar la guerra sin que se haya efectuado una última tentativa para una solución pacífica.

Ciertamente, la voluntad de paz de usted puede intervenir sin mermar en nada el honor alemán.  Como jefe del Gobierno francés, que desea la buena armonía entre Francia y Alemania y que está unido por lazos de amistad y de palabra empeñada con Polonia, estoy dispuesto a hacer todos los esfuerzos posibles para llevar a buen fin la tentativa.   Usted es un ex combatiente como yo, y sabe lo que las devastaciones dejaron en horror y condenación, en la conciencia de todos.   La idea de que puedo secundarle en una actuación suya para la paz, me conduce a pedirle una respuesta.  Si la sangre francesa y la sangre alemana se vierten en una guerra más larga y más cruenta, entonces cada uno luchará confiando en su propia victoria; pero lo único cierto es que triunfarán la devastación y la barbarie.

Edouard Daladier

Respuesta de Adolf Hitler a Edouard Daladier (27-08-1939)


Publicado: 16 setiembre/2010