Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Capitulación de Italia

Cuando Mussolini envía un cuerpo expedicionario a Rusia, lo hace en un momento en que las fuerzas alemanas están victoriosas y con un poder aparente que le hace pensar al Duce, que aparte de cumplir con sus obligaciones para con el Eje y el Pacto de Acero, debe participar.  Además, buen partido podría sacar en Europa Oriental y en sus fronteras con los vecinos.   Por tanto, para Mussolini, mantenerse separado de las operaciones en la URSS no era lo conveniente, pero fue una mala decisión porque Italia no se encontraba en condiciones para llevar a cabo una guerra en tierras tan lejanas, más teniendo en cuenta lo ocurrido en Grecia.  Japón, por su parte, procuró evitar todo enfrentamiento con la URSS en el Extremo Oriente, cosa que Italia pudo haber imitado.

Potencia italiana en 1939

Si Italia no estuvo preparada en 1939, como Mussolini mismo lo reconoció, menos preparada estaba después de recibir derrota tras derrota en África y Grecia.  Italia no era la potencia que muchos creían, sobre todo los Aliados, pero que Hitler sabía que no lo era en 1939 y menos podía serlo en 1943, en momentos que la situación militar, política y económica de Italia era un completo desastre nacional.

Las malas decisiones

Al ocurrir las derrotas de los Ejércitos rumano, italiano, húngaro y el 6º Ejército alemán en Stalingrado, entre 1942 y 1943, los hechos revelaron que la URSS tenía más medios para llevar adelante la guerra, que los que tenía Alemania y entonces el sistema alemán se desmoronó.

Mussolini trató de llegar a un acuerdo con Stalin sin conseguirlo.  Japón propondría inútilmente en Berlín convertirse en mediador de buenos oficios.  En Hungría y Rumania los dirigentes de más alto nivel de antaño, se dispusieron a tomar contacto con los Aliados sin saber que esas potencias habían decidido en la conferencia de Teherán, encomendar a la tutela soviética toda la Europa sur oriental, con la única excepción de Grecia.

La conspiración

Desde antes de la invasión de las islas italianas, la inteligencia británica había lanzado agentes en paracaídas, que en algunos casos fueron capturados, pero que en otros lograron entrar en contacto con algunos dirigentes opuestos al régimen, comunistas por supuesto.  Entre las propuestas y conversaciones se consideró el asesinato de Mussolini, como el único camino para disolver la alianza con Alemania, pero también tomaron en consideración, que una acción de ese tipo podía incidir en la opinión de los italianos y sobre todo en la opinión de los partidarios del Duce, quienes podrían tomar represalias contra los implicados.  En pocas palabras no era el momento oportuno.

Los Perros de la Guerra

Los industriales y las clases intelectuales, que en 1939 impulsaron al Duce a unirse a la causa alemana, súbitamente sufrieron un ataque de amnesia culpando a Mussolini de haberlos arrastrado a una guerra que no querían.   Para entonces estaba olvidada la algarabía en la Plaza Venecia, cuando Mussolini decía esas palabras que entonces parecían mágicas anunciando que había llegado "la hora de las decisiones irrevocables."

Los conspiradores

Pero, el hundimiento del régimen fascista tuvo dos cerebros rectores: uno fue Dino Grandi, presidente de la Cámara de Corporaciones, y el otro fue el duque de Acquarone, ministro de la Casa Real, que supo aprovechar la primera acción de aquél para coordinarla, con una conjura de generales monárquicos y antifascistas encabezada por Ambrosio, Castellano y Carboni.  El primero pretendía la creación de un frente "nacional interno" que devolviera las prerrogativas al rey y la formación de un nuevo gobierno fascista, pero sin Mussolini.  Los generales iban más lejos: derrocar al régimen y deshacerse del Duce incluso recurriendo a su captura y asesinato si fuera necesario.  Hay que recordar que Mussolini, aunque vestía uniforme, no era militar de carrera.

El comienzo del fin

Una vez que los Aliados invaden Sicilia, suena la trompeta del desastre en Italia.   El 25 de julio de 1943, tras una larga y acalorada sesión en la que fueron discutidos los últimos acontecimientos militares, la invasión de Sicilia y la caótica situación interna, la propuesta de Grandi fue puesta a votación obteniendo 19 votos a favor, 7 en contra y una abstención.  Sin embargo, Mussolini no se consideró derrotado, ni pasó por su mente el dimitir pensando quizás que la situación era manejable, y al día siguiente por la tarde, como de costumbre, fue a dar cuenta al soberano sobre la reunión del Gran Consejo.

Despedida de Mussolini

Veinte minutos después de su entrada en Villa Savoia, Víctor Manuel III estrechaba la mano de Mussolini en el umbral de la casa para despedirle.   La partida estaba ahora en el campo de los generales.  Tras haber descendido por la escalinata, un capitán de carabinieri le dijo: "Duce, Su Majestad me ha encargado que le proteja", y le indicó que subiera en una ambulancia, siendo conducido al cuartel de alumnos de carabinieri.   Tras varios traslados por tierra y mar, fue internado en un hotel-refugio del Gran Sasso, a 2112 metros de altitud, donde era imposible que alguien llegara sin ser detectado por sus custodios.

Nuevo gobierno

Después de la caída de Mussolini, los Aliados insinúan un armisticio con Italia como solución al problema y también para ahorrarse el costo de la invasión, pues los alemanes han desarmado a los italianos y reforzado las defensas con 26 divisiones.  El gobierno italiano, con el Mariscal Badoglio a la cabeza, piensa que con el Duce fuera del poder y el apoyo Aliado la amenaza alemana se diluye y los seguidores del Duce pueden ser controlados.  Lo único que le preocupaba al gobierno italiano era tener que llegar al armisticio por medio de una rendición incondicional.

Propuestas aliadas

Gran Bretaña deseaba un Armisticio corto, pero con cláusulas muy duras, mientras que Estados Unidos esperaba un armisticio largo pero de mano suave.  Churchill, como monárquico que era, abogaba por la permanencia del Rey Vittorio Emmanuel III en el trono y Badoglio como jefe de gobierno para mantener el orden.  Roosevelt veía las cosas desde su propia óptica, pidiendo la eliminación del fascismo y el reemplazo de la cúpula del poder incluyendo al Rey por un gobierno democrático y libremente elegido.

Los apuros del gobierno

Todas las altas esferas del poder italiano incluyendo la familia real y el ex-jerarca fascista Dino Grandi se esforzaban en buscar conexiones con los Aliados para negociar soluciones.  Badoglio trataba de ganar tiempo aplacando a Berlín mediante emisarios de todo tipo, que confusos en su papel y sin una misión concreta, sólo se entorpecían entre sí con declaraciones contradictorias.

¿Aceptación o imposición?

Los Aliados seguían tratando como enemigos a los italianos, aunque éstos parecían esperar que fueran tratados como si el estado de guerra hubiera desaparecido con la destitución de Mussolini.  El rey y su nuevo gobierno, tratan de resolver la crítica situación, aceptando el armisticio de corto plazo sugerido por los británicos.  El 3 de setiembre de 1943, en Cassibile, Sicilia, se firma el Armisticio, poniendo fin a la guerra entre Italia y los Aliados.  Como condición adicional, los Aliados prohíben que se divulgue el Armisticio antes del desembarco en Salerno.

Fin de Italia comienzo del fin alemán

El 8 de setiembre de 1943, cuando Eisenhower anuncia la firma del Armisticio ocurrido 5 días antes, la guerra prácticamente estaba decidida.  El Atlántico está en manos de los Aliados, Rusia está en una ofensiva imposible de detener, Estados Unidos está en plena ofensiva en el Pacífico y su poder industrial sustenta a los ejércitos británicos y soviéticos.   El Mediterráneo está en manos de los Aliados e Italia está siendo invadida para desalojar a los alemanes.

Fuga real

A partir de ese momento, los italianos se las tienen que arreglar con los alemanes que ocupan su territorio y que continuaban reforzándose.  El día 9 de setiembre los alemanes entran en Roma.  El Rey y Badoglio abandonan la ciudad y se trasladan a Brindisi.  La flota italiana zarpa para entregarse a los ingleses en Malta, mientras los británicos ocupan Tarento.

Repubblica Sociale Italiana

El 12 de setiembre, Mussolini es rescatado del Gran Sasso por el coronel Skorzeny y llevado de regreso a Italia para que forme el gobierno de la nueva Repubblica Sociale Italiana en Salò.  Al ser anunciado el Armisticio, la mayoría de las fuerzas italianas se desbandaron por su cuenta.  Muchos fueron muertos en enfrentamientos con los alemanes, otros miles fueron tomados prisioneros y enviados a Alemania.  Algunas unidades se pasaron a los Aliados, como es el caso de los defensores de Córcega y Cerdeña.  Otros se unieron a los alemanes como la unidad de comandos del 10º Regimiento Arditi que se unieron a la 2ª División de Paracaidistas alemanes ambos acantonados en Pratica di Mare en Roma.  También decidieron luchar del lado de los alemanes la Legión de Asalto "M" de los Camicie Nere, los veteranos del Frente del Este, que se convirtieron en el Batallón Gorizzia de la Policía SS y el Batallón Vendetta que fueron usados en el contraataque en Anzio y que se comportaron admirablemente.

El Esercito Nazionale Repubblicano

Mussolini crea el Esercito Nazionale Repubblicano que fue reclutado entre voluntarios tanto en Italia como entre los prisioneros que fueron llevados a Alemania, sumando 150 mil hombres que fueron entrenados en Alemania.  Estas unidades fueron preparadas exigentemente con el régimen militar alemán y formaron 4 divisiones de primera categoría, pero que al ser llevadas a Italia fueron utilizados para contrainsurgencia y para la defensa costera, debido a que los mandos alemanes no confiaban en ellas.  Al ver que no estaban haciendo lo que querían hacer, pronto la moral de estos soldados se vino abajo y muchos desertaron.  Muchas de esas unidades pelearon contra los guerrilleros yugoslavos organizados ya como fuerzas regulares que avanzaban contra Trieste, Udine y Venecia.  La única acción del Ejercito Nacional Republicano contra los Aliados, ocurrió en 1944 durante el invierno en los Apeninos, donde los Alpinos dieron una lección de eficiencia militar, aunque demasiado tarde para demostrar lo que valían.

Epílogo

Al finalizar la guerra, estas unidades se desperdigaron por toda Italia autoproclamándose partisanos para entregarse a las fuerzas de Estados Unidos.  Muchos lograron escapar a sus casas, pero otros miles fueron ajusticiados sumariamente por los partisanos comunistas.

Después de la captura de Roma por los Aliados, Badoglio renuncia y se forma un nuevo gobierno con Ivanoe Bonomi a la cabeza.  Bonomi trata de formar un gobierno concertado incluyendo a figuras de la extrema izquierda como Benetto Croce y Palmiro Togliatti.  Los alemanes están en plena retirada perseguidos por los estadounidenses.  El 23 de abril de 1945 el 8º Ejército estadounidense cruza el río Po en Mantua y la resistencia alemana comienza a colapsar cayendo Parma y Verona.  Los partisanos se alzan en Milán y Génova el 27 de abril.

El 28 de abril de 1945, con los Aliados acercándose, Mussolini y Clara Petacci tratan de escapar a Suiza, pero son capturados en el Lago Como.  Al día siguiente son asesinados y sus cuerpos colgados en público en Milán.


Publicado: 24 marzo/2004 - Actualizado: 01 julio/2013