Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Conferencia de Yalta

La Conferencia de Yalta fue una de las más importantes de todas aquellas realizadas por los Aliados, no sólo por los acuerdo firmados en esa oportunidad, sino porque definitivamente quedó resquebrajada la alianza entre Stalin por un lado y Roosevelt y Churchill por el otro.  Si bien es cierto el fin de la Segunda Guerra Mundial quedaba sellado, esa conferencia fue el primer acto que marcaba el comienzo de la Guerra Fría.

Conferencia de Yalta

Dos moribundos trazan el destino de Europa y Asia, el asesor presidencial en cama y Roosevelt ya en silla de ruedas.

Argonaut, o como se conoció a partir del 4 de febrero de 1945, la Conferencia de Yalta, se realizó en el Palacio de Livadia (antigua residencia de verano del Zar Nicolás II) en Yalta, ciudad que queda en Rusia a orillas del Mar Negro en la Península de Crimea.

Las reuniones de los Aliados tenían ciertos visos de peculiaridad.  Roosevelt yacía en una silla de ruedas, ya incapaz de mantenerse en pie, ni siquiera con ayuda, pues la parálisis infantil estaba en su fase terminal y por eso al presidente de 63 años se le ve con un semblante totalmente deteriorado, como se le puede apreciar en las fotografías de la época. 

Antes de esa fecha, Roosevelt era ayudado a ponerse de pie y apoyándose en un ayudante se mantenía erguido, pero en Yalta ya no tenía fuerzas para hacerlo y sólo se le vio sentado todo el tiempo.  El largo viaje significaba para el enfermo presidente un esfuerzo casi sobrehumano y notándose en su cara claramente que se encontraba muy mal de salud.  Sin embargo, aún entonces -probablemente para la fotografía- en público se le veía con un cigarrillo en la mano. 

Pero ese no era el único drama en la delegación estadounidense.  El principal asesor del presidente, Harry Hopkins de 55 años, aquejado de cáncer, con un estómago artificial, y a las puertas de entrar en fase terminal, se encontraba postrado en cama, pero trabajando.  Ambos hombres, con el poder de trazar el destino de Europa y Asia, estaban al borde de la muerte.

Roosevelt traiciona al Gobierno Polaco en el Exilio.

El 6 de febrero de 1945, Roosevelt le envió a Stalin una carta, que éste recibe en su residencia de Villa Koreis en Yalta.  La carta es la aceptación oficial de las tres exigencias básicas de Stalin respecto a Polonia:

  1. Estados Unidos reconoce oficialmente al Gobierno Provisional impuesto por Stalin en Polonia, que preside el comunista Boleslav Bierut.
  2. Estados Unidos desconoce la legalidad del gobierno polaco en el exilio, dirigido por Tomasz Arciszewki y Stanislav Mikolaiczik, que fue formado y legalizado en Londres en 1939 bajo los auspicios de Churchill, con la anuencia de EEUU.
  3. Estados Unidos garantiza el reconocimiento de que Polonia queda convertida en un Estado satélite de la Unión Soviética.

La participación polaca en la guerra

Desde la invasión de Polonia por la URSS y Alemania, el gobierno polaco en el exilio les prestó todo su apoyo a los Aliados.  Pilotos polacos volaron aviones de la RAF y tropas polacas se batieron en África, en la Operación Market Garden y en Italia, bajo el mando británico.  En esos momentos los dos hombres enfermos, parecen olvidar lo que sus aliados polacos hicieron por la causa común, negando los acuerdos convenidos.  Sin que Churchill se entere, Estados Unidos le entrega el destino de Polonia a Stalin.

Violación de los principios de la Carta Atlántica

De acuerdo con los términos de la Carta Atlántica, "no se podría efectuar ningún cambio de fronteras sin el consentimiento previo de los pueblos afectados".  Pero mucho antes, Stalin había sido bien claro con Anthony Eden, cuando en 1941 le puso como condición, "que no podía caber la menor duda respecto a que, después de la victoria, Rusia se quedaría con todos los territorios que le asignó el tratado firmado con Alemania en 1939, es decir, Polonia oriental, Besarabia, Lituania, Letonia y Estonia."  Esas eran sus condiciones, antes de firmar cualquier clase de alianza, en momentos en que Alemania estaba invadiendo la URSS."

Los resquemores de Casablanca

En 1942, Stalin exigió que se abriera un segundo frente amenazando que si no cumplían con esa exigencia, la URSS podría firmar la paz por separado con Alemania, con sólo pedirle a Berlín que reconociese la frontera acordada entre rusos y alemanes al dividirse Polonia en 1939.   El 8 de diciembre fuerzas estadounidenses invadieron África, pero a partir de ese momento, las relaciones entre los Aliados se enfriaron.  De hecho a la Conferencia de Casablanca donde se acordó la apertura del segundo frente, Stalin no asistió.  Para aumentar el temor de Churchill y Roosevelt, los servicios secretos ingleses habían interceptado comunicados entre Roma y Berlín en los que Mussolini le pedía a Hitler, que aceptara la paz con los rusos.  Por medio de otras interceptaciones, los Aliados sabían que el gobierno de Turquía estaba también de acuerdo con esa propuesta, cuando el embajador alemán von Papen le pidió a Ankara que mediara para negociar un posible acuerdo.

Rendición Incondicional

Para convencer a Stalin de la buena voluntad de sus aliados occidentales, Churchill y Roosevelt tomaron la fatídica decisión de exigir la rendición incondicional de Alemania ante Rusos, ingleses, estadounidenses y franceses, aunque la decisión de incorporar a estos últimos fue posterior.   Esa decisión mantuvo unidos a los Aliados, pero prácticamente liquidó la posibilidad de un Golpe de Estado en el interior de Alemania para derrocar a Hitler, evitando así la pérdida de cientos de miles de vidas.  Para Stalin, su recelo no varió en absoluto, haciendo que la desconfianza de sus aliados creara una brecha imposible de salvar.

Impase diplomático entre los Aliados

Cuando los aliados de Stalin decidieron posponer la invasión a través del Canal de la Mancha, Stalin los acusó de deshonrar los acuerdos y realizar prácticas dilatorias.  En un ataque de furia ordenó el retiro de sus embajadores de Washington y Londres.

Más errores de los Aliados

Los Aliados cometieron otro error político en el caso de Italia.  Luego del derrumbamiento del gobierno de Mussolini, Badoglio inició conversaciones con Estados Unidos e Inglaterra para llegar a un acuerdo después de la capitulación, solicitando un "estatuto de segunda clase" para colaborar con los aliados en su lucha contra Alemania.  En vez de aplicar la "capitulación sin condiciones" acordada en Casablanca, Estados Unidos e Inglaterra negociaron con Italia a espaldas de Stalin, a pesar que en esos momentos, todavía fuerzas italianas estaban combatiendo en el Frente del Este contra el Ejército Rojo.  Ese comportamiento de EEUU e Inglaterra era un claro aviso a Rusia, que Italia entraba a formar parte del grupo de los aliados occidentales.  Stalin respondió de la misma forma, exigiendo que a los Balcanes y los países de Europa Oriental se les aplicara el mismo estatuto respecto a la URSS, para ponerlos bajo su órbita.

Stalin: "¿Están tratando de engañarme?"

En la Conferencia de los Tres Grandes en Teherán, el 28 de noviembre de 1943, Churchill propone que EEUU e Inglaterra preparen una operación en los Balcanes para presionar a Turquía a declarar la guerra a Alemania, por supuesto con la intención de impedir que Rusia logre consolidar su posición en esa zona.  Stalin nuevamente mostró sus recelos, pero cuando Churchill retrasó la Invasión en Normandía, Stalin explotó de ira.  Sin pelos en la lengua, Stalin le preguntó directamente a Churchill si pensaba verdaderamente invadir Europa o simplemente trataban de engañarlo.  Luego de discutir el tema, fijaron la fecha de la invasión en Normandía para mayo de 1944 y un desembarco en el sur de Francia.  Eso tranquilizó a Stalin.

Europa del este para ti y los Balcanes para mí

Los acontecimientos posteriores le darían la razón a Churchill quien temía que Stalin no cumpliría sus promesas en Polonia, cosa que Roosevelt ingenuamente se negaba a creer.  De esa forma Europa del Este fue cedida a Rusia, mientras los Balcanes quedaban fuera de la influencia soviética.

Primer día de conferencia y aplazamiento.

Cuando comenzó la Conferencia de Yalta, el 6 de febrero de 1945, el Ejército Rojo dominaba la mayor parte de Polonia.  Stalin encaró a Churchill y Roosevelt exigiéndoles que reconocieran al Comité de Dublín, gobierno polaco creado en Moscú, diciendo que ese gobierno era "tan democrático y legal" como lo era el gobierno de De Gaulle creado en Londres.  Sin saber qué argumentar ante tamaña verdad, los dos líderes occidentales aplazaron la conferencia hasta el día siguiente.

Churchill estaba furioso, mientras el impotente Roosevelt le escribía una carta a Stalin, la carta a la que hacemos referencia al comienzo de este artículo con la aceptación de los tres puntos, porque para Roosevelt él ha sido defraudado.  Lo único que les quedaba en ese momento, era tratar de resolver el problema de Alemania de la mejor manera posible, para evitar que Stalin se adueñara de ella.  Para entonces, Polonia, donde comenzó la guerra, ya no tenía importancia.

Reparto de Alemania

La fórmula de Stalin, propuesta en 1941, fue que el territorio del Rhin —incluidos la Cuenca del Ruhr y el Sarre— debía ser cercenado de Alemania y formar un Estado independiente o un protectorado internacional.  Baviera debía convertirse en un Estado independiente.  La importancia territorial de Prusia quedaría reducida con la cesión a Polonia de una buena parte de ella.  Roosevelt era partidario de una descentralización; Churchill, de una división entre la Alemania del Norte y la del Sur.

La propuesta de Stalin

En Teherán los Tres Grandes discutieron el futuro de Alemania. Stalin era partidario de la disgregación de Alemania y del control absoluto.

Los planes de Churchill

Churchill seguía defendiendo su idea favorita: sobre todo era preciso separar Prusia del resto de Alemania.  "Los alemanes del sur, por sí solos, no desencadenarían nunca una nueva guerra.  Tenemos que hacerles olvidar a Prusia por las buenas o por las malas".  Su proyecto: una federación del Danubio compuesta por Badén, Württemberg, Baviera, Austria y Hungría con capital en Viena.  Los territorios alemanes al norte del Meno serían reducidos en beneficio de Polonia y Francia.

Nuevo ataque de ira de Stalin

Inmediatamente, Stalin reaccionó de mala manera contra esa idea de Churchill que para él no era otra cosa que "reorganizar nuevamente el imperio de los Habsburgo", y acusó al primer ministro británico de sentir una secreta simpatía por Alemania.

El plan de Roosevelt

Lo que planteó Roosevelt, fue colocar bajo los auspicios de un fideicomiso internacional el canal del Mar del Norte-Báltico, Hamburgo, el Sarre y la cuenca del Ruhr.  Prusia debería ceder parte de sus territorios a Francia y Polonia y convertirse en uno de los cinco Estados alemanes futuros que podrían formar, sí lo deseaban, una unión aduanera pero nunca una nación.

Stalin insiste en el desmembramiento y el control

Para Stalin todas estas proposiciones resultaban demasiado condescendientes: Alemania debería ser controlada desde una serie de puntos estratégicos ocupados permanentemente por los Aliados y desde los que podrían actuar en el momento en que los alemanes "movieran un solo músculo" para intentar una nueva guerra.

El Plan Morgenthau

Dice Wulf C. Schwarzwäller: "En Teherán no se llegó a ningún acuerdo.  Durante el encuentro Churchill-Roosevelt en Quebec, en septiembre de 1944, el secretario norteamericano del Tesoro, Henry Morgenthau Jr., presentó el canallesco plan que ha pasado a la historia con su nombre.  Según él, se debía destruir toda la capacidad industrial alemana.   Las instalaciones industriales deberían ser repartidas por las Naciones Unidas y las minas cerradas.  Prusia oriental y Silesia pasarían a Polonia, y el Sarre más el territorio entre el Mosela y el Rhin, a Francia.   El norte del Rhin, Westfalia y la costa del Mar del Norte, con el puerto de Bremen, Bremerhaven y Hamburgo pasarían a depender de una administración internacional.  El resto del territorio alemán sería dividido en dos Estados descentralizados e independientes el uno del otro, que sólo tendrían carácter agrario.  No se permitiría que en el futuro Alemania disfrutara de un nivel de vida más alto que el de cualquiera de sus países vecinos.

Marchas y contramarchas

Roosevelt leyó el borrador y firmó al margen: «O.K. FDR».   Churchill aceptó de mala gana a condición de que al menos se permitiera a los alemanes poseer una industria ligera.  Pero unos días después los dos estadistas retiraron su firma del proyecto, debido a las protestas del Secretario de Estado Hull, y del Secretario de Defensa, Stimson.  Este último llegó a calificar el plan de «crimen contra la civilización».  Su puesta en práctica supondría una catástrofe para la subsistencia del pueblo alemán y la economía europea.  Una Alemania tan pobre sería una fruta madura pronta a caer en manos de los rusos, o bien, pasaría a depender en gran parte del contribuyente estadounidense.

Goebbels trata de sacar partido

Para Goebbels el Plan Morgenthau se convirtió en el mejor instrumento de propaganda de los últimos meses de la contienda.  Con la alusión al tenebroso plan urdido por la «pandilla del judaísmo internacional bajo la batuta de Morgenthau» contra el pueblo germano para el caso de que fuera vencido, logró de nuevo movilizar la voluntad de resistencia de los cansados alemanes; incluso de muchos que eran enemigos políticos del Nacionalsocialismo alemán."

Alemania no es problema, el problema es Stalin

Para Churchill y Roosevelt la situación futura de Alemania era ya asunto de segundo plano, pues lo más importante era cómo contener a Stalin, quien estaba a un paso de poner pie en territorio alemán.  Ambos líderes evitaron que Stalin se saliera con la suya en cuanto a los montos de reparaciones de guerra que Alemania les debía pagar.  Stalin quería que los alemanes pagaran indemnizaciones de guerra por valor de 20.000 millones de dólares en forma de reembolsos y en especies a los aliados.  De esa cantidad, 10.000 millones la reclamaban los rusos para ellos solos.  Churchill recordó lo ocurrido después de la Primera Guerra Mundial, cuando Alemania, para poder pagar las reparaciones que le habían sido impuestas, tuvo que pedir empréstitos a los EE UU, cuyo pago nunca se hizo efectivo.  Obviamente a Stalin no le interesaba cómo se iban a alimentar los alemanes.  El 5 de febrero, Churchill pronunció la famosa frase: «Si uno quiere que el caballo tire del carro tiene que empezar por darle de comer».  A lo que Stalin respondió sin inmutarse:  "¿Y si el caballo tira luego para atrás?"

Stalin acepta dividir entre tres, pero nada para los franceses

Por fin se pusieron de acuerdo en la creación de una «Comisión de Reparaciones de Guerra » que se reuniría en Moscú, pero Stalin aclaró que no aceptaba la participación de los franceses.

El domingo 4 de febrero, durante las discusiones sobre la ocupación de Alemania, se sacó a relucir lo acordado en Londres en 1943.  Inglaterra debía ocupar la parte noroeste de Alemania, los EE UU el sur, los franceses el sudoeste.  Un 40 % del territorio alemán de antes de la guerra debía ir a parar a manos de los soviéticos, comprendido el asignado a Polonia.

Acuerdo final

Tras muchas vacilaciones y argumentos, Stalin accedió conceder a los franceses una zona de ocupación, pero tomada de lo que les correspondía a EEUU e ingleses.  Se acordó también que Berlín sería dividido en sectores y administrado conjuntamente.  Nadie pareció temer las consecuencias de que Berlín se encontraría dentro de la zona soviética.  Por deseo de Roosevelt no se discutió en Yalta nada referente a la garantía de corredores y medios de comunicación.   Según él, no hubiera resultado elegante desconfiar de las buenas intenciones de Stalin.  Moscú se había dado cuenta de que la división de Alemania en Estados independientes no figuraba ya en los planes occidentales; al menos no figuraba como algo indiscutible.  Por lo tanto la cuestión estaba en hacerse con el control militar de cuanto territorio alemán fuera posible.  Después se vería la manera de tratarlo políticamente.  Stalin no consiguió en Yalta todo cuanto deseaba, pero parecía darse por satisfecho: después de todo la conferencia había supuesto un buen negocio para Rusia.  Desde el 11 de febrero la frontera entre el Este y el Oeste atravesaba el centro de Alemania.  Pero también para Asia tuvo la conferencia de Yalta consecuencias fatales.

Reparto de Asia

Jueves, 8 de febrero de 1945. 15,30 h.  En el Palacio de Livadia se reúnen Stalin y Roosevelt, reunión a la que Churchill no fue invitado.  Ambos acuerdan que la URSS entre en guerra contra el Japón tres meses después de la derrota de Alemania.  En compensación, Rusia recibirá la mitad sur de la isla Sajalín y el archipiélago de las Kuriles, los puertos de Darien y Port Arthur y el control de los ferrocarriles de la China oriental.

Roosevelt traiciona a Churchill nuevamente

Dos días después, el 10 de febrero a las 4 de la tarde, Stalin y Roosevelt firmaron el acuerdo en secreto.  El mismo Roosevelt, que en 1943 había prometido a Chiang-Kai-Shek en El Cairo, que China recibiría toda Manchuria, firmaba en Yalta, sin más testigos que los intérpretes, ni más aceptación que la de su moribundo amigo y consejero Harry Hopkins, un acuerdo que abría a la Unión Soviética las puertas del Lejano Oriente.  Por primera vez en la historia, un presidente estadounidense sacrificaba a la coexistencia con los soviéticos a su más fiel amigo y aliado, el mariscal Chiang-Kai-Shek, y todo a cambio de la promesa de Stalin de entrar en guerra, tres meses después de la derrota de Alemania, contra un enemigo de EEUU que para entonces se encontraría prácticamente derrotado.

Singular el comportamiento de los Aliados.  Churchill engañó a Roosevelt forzándolo a que entrara en la guerra y luego, el estadounidenses le da la espalda al británico para negociar por su cuenta con Stalin, quien demostraba ser mejor político que los dos, obteniendo prácticamente todo lo que quería.

Epílogo de Yalta

Sesenta días después de la Conferencia de Yalta moría Franklin D. Roosevelt.  Durante lo que le quedó de vida, el mandatario estadounidense tuvo tiempo para sufrir una decepción tras otra sobre su amigo Stalin.   Tuvo que reconocer que en Yalta, Stalin le había engañado tan astuta como brutalmente; que el dictador soviético no tenía el menor reparo en practicar en Europa oriental una política de hechos consumados, que no tenía nada en común con la garantía que establecía la Carta Atlántica sobre el derecho de autodeterminación para todos los pueblos; que Stalin, con la ayuda de los partidos comunistas de Europa occidental, se ocupaba en dividir países como Francia e Italia,y que empezaba a organizar el enfrentamiento de Mao-Tse-Tung contra Chiang-Kai-Shek.


Publicado: 06 diciembre/2004 - Actualizado 29 junio/2013