Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Conferencia de Terranova

Hasta mediados de 1941, la guerra en Europa sólo había propiciado reuniones de índole militar entre los aliados de cada uno de los dos bandos en conflicto.  Pero, luego de la invasión a la Unión Soviética, cuando las potencias occidentales se encontraron de un momento a otro con un convertido en poderoso aliado, que hasta no hacía mucho incluso había sido expulsado de la Liga de Naciones por haber invadido Polonia, las cosas cambiaron.

La iniciativa de r4ealizar un nuevo tipo de reuniones las tomaron Estados Unidos y Gran Bretaña.  El 9 de agosto de 1941, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se reunieron en Placentia, Bahía de Argentia en Terranova, Canadá.

Placentia

Placentia, Bahía de Argentia, Terranova, Canadá

Para esa fecha, aunque Estados Unidos oficialmente no participaba en la guerra, su "neutralidad" era relativa debido a las estrechas relaciones político-culturales con Gran Bretaña.  El nuevo aliado, la Unión Soviética, sólo llevaba dos meses escasos de lucha y se encontraba en franco repliegue ante el empuje de las fuerzas alemanas que apuntaban a Moscú como objetivo final.  En esa reunión en Terranova, los dos gobernantes plantearon sus preocupaciones inmediatas y procedieron a la definición común de sus fines de guerra.  Ese documento, publicado poco después de la entrevista, fue conocido como la Carta del Atlántico.

Desde luego, la elaboración de la Carta del Atlántico no planteó los problemas insuperables entre Inglaterra y los Estados Unidos, únicos partícipes de aquella primera reunión.  Sus respectivas nociones políticas eran muy similares e iguales su lengua y su cultura; la Carta, por otra parte, tenía como contenido y tono el de una proclamación de principios generales sobre los que frecuentemente es fácil todo acuerdo; ahora bien, su aplicación práctica ya era cosa más delicada.

El principal argumento de la Carta del Atlántico era que las dos potencias no buscaban ampliar sus fronteras.  La Carta no debía servir para hacerle ningún cambio territorial a los pueblos interesados, que fuera contrario a la voluntad libremente expresada por ellos, que tendrían el derecho a elegir asimismo su forma de gobierno.  Las naciones que en el mundo se encontraban ocupadas, recobrarían su libertad y la Carta les garantizarían el derecho de todos los pueblos para disponer de su futuro.

Pero, en mayor grado que en los fines de la Primera Guerra Mundial, los dos gobernantes prestaron especial atención a los problemas económicos y sociales.   Todos los Estados, grandes o pequeños, vencedores o vencidos, deberían tener sobre la base de la igualdad de derechos, acceso al comercio internacional, así como a las materias primas indispensables para su prosperidad.   Se garantizaba instaurar la colaboración internacional más completa en el orden económico, de manera que permitiera a todas las naciones mejores condiciones de trabajo y una seguridad social generalizada.  Todo el mundo debería poder vivir en libertad, libres del miedo y de las carencias económicas.  Y por último, la Carta del Atlántico hizo un llamamiento para el establecimiento de un sistema de seguridad colectiva que impida el recurso a las armas y alivie a los pueblos de la pasada carga de la inversión en material bélico para su defensa.

Para la Unión Soviética, la Carta del Atlántico no era más que una réplica de los principios definidos por Stalin en su proclamación del 3 de julio de 1941.  En esa oportunidad, la Unión Soviética se erigió en adalid de la libertad de los pueblos coloniales, que las potencias "democráticas" occidentales todavía mantenían bajo su dominio.  Stalin, que no fue invitado a participar en la reunión y al que sólo se informó de ella posteriormente, dio muestras de desagrado por "la desfachatez" de los dos líderes occidentales.   Stalin no reclamaba derecho alguno como autor o partícipe en la creación de la famosa declaración, sino que más bien se sentía molesto por la alusión que se hacía a la «liberación» de las nacionalidades surgidas de su territorio en 1918-1920, y que su Realpolitik de 1939 y su entendimiento con los alemanes le habían permitido invadir y reincorporar a la URSS, específicamente se hablaba de Polonia, Letonia, Estonia y Lituania.

Las consecuencias de la Carta del Atlántico presagiaba pues, un mal comienzo en las relaciones entre los nuevos aliados.


Publicado: 09 julio/2005 - Actualizado 29 junio/2013