Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Nagasaki, 10 de agosto de 1945

Yosuke Yamahata: Memorias de "Fotografiando la Bomba" (1952)

Han pasado siete años desde que finalizó la guerra y estoy profundamente inclinado a presentar este archivo al público recordando la ocasión en la cual tomé esas fotografías.

Yamahata

Se han publicado muchos artículos, tanto desde el punto de vista de los expertos como de las víctimas, acerca de la capacidad militar de la bomba y de los trágicos daños que causó.  No considero que me corresponda hablar sobre esos temas.  En vez de ello, creo que es mi obligación dejar que quienes las vean juzguen con absoluta libertad sobre la información tan dramáticamente capturada por la cámara.

Puede ser útil contemplar este archivo para conocer las razones por las cuales tomé estas fotografías y para que se sepa los pensamientos que tenía mientras las tomaba, por tanto describiré los hechos así como las circunstancias del momento tan fielmente como las recuerdo.

No fue un día como cualquiera...

En los alrededores del 01 de Agosto de 1945, el Ferrocarril de Tokaido había sido el blanco de ataques diarios de aviones embarcados en portaaviones que asediaban a Japón.   Para poder viajar a la Oficina de Noticias e Información del Cuerpo de Ejército Occidental, tomé la línea del Ferrocarril Chuo hasta Nagoya y de ahí hacía transferencia a la Línea de Ferrocarril de Sanyo que entonces circulaba en vez de la línea evacuada de Tokaido.  La noche del 5 de Agosto pasé por Hiroshima y el 6 de Agosto llegaba al cuartel general en Hacata.

"No había veredas, ni calles, pero avanzamos haciéndonos caminos por sobre las cenizas que se extendían hasta donde nos alcanzaba la vista."
Fotos de Yosuke Yamahata/© Shogo Yamahata

Un nuevo tipo de bomba...

La mañana de mi arribo, Hiroshima había sido el blanco del primer ataque atómico.   En esos días, la bomba atómica era conocida como el simple apelativo de "nuevo tipo de bomba" y por entonces sólo la gente que conocía la magnitud de los daños causados en Hiroshima, pudo palpar el temor que su enorme poder producía.  Las autoridades militares cursaron órdenes para que los soldados llevaran mantas cuando salieran, para evitar al máximo el exponer la piel ante el estallido.  Por esos detalles uno puede imaginar la actitud de las autoridades militares en relación con la bomba.  El público en general tenía mucho menos información para enfrentar sus efectos devastadores, pero los rumores eran, que la nueva bomba era diez veces más poderosa que cualquier cosa conocida hasta esos momentos.

Le toca a Nagasaki

Tres días pasaron en esas condiciones, y el 9 de Agosto, después del lanzamiento, escuchamos las noticias de que otra de aquella "nuevo tipo de bomba" había sido lanzada en Nagasaki.  Aunque no sabíamos los detalles, fui enviado inmediatamente a la escena del bombardeo para tomar fotografías, conjuntamente con el escritor Jun Higashi y el pintor Eiji Yamada.

La larga jornada

De haber funcionado los trenes normalmente, el viaje nos hubiera tomado 6 horas. pero como estaban las cosas, en realidad ese día nos tomó 12 horas para llegar a la Estación Michino-o, justo antes de Nagasaki, cuando eran alrededor de las tres de la mañana.

"Todo está en ruinas..."

Recuerdo claramente el aire fresco de la noche y el cielo despejado que mostraba su manto de estrellas.  Descendiendo por el camino que bordea la montaña y cruzando por sus bordes llegamos a la puerta del arsenal Mitsubishi.  Un solo centinela con bayoneta calada montaba guardia ante la puerta de piedra y cuando le preguntamos sobre la situación, nos dijo que todo estaba en ruinas y que la ciudad de Nagasaki estaba peor aún.

N.R. La inocencia de la niñez enfrentando la trágica realidad de algo desconocido hasta entonces.

La inocencia de la niñez enfrentando la trágica realidad de algo desconocido hasta entonces.
Fotos de Yosuke Yamahata/© Shogo Yamahata

Nagasaki totalmente destruida

Un viento caliente comenzó a soplar.  En todos lados se veían pequeños incendios, como antorchas apagándose: Nagasaki había sido totalmente destruida.  Yamahata, Higashi y yo caminamos rápidamente a lo largo del camino de la prefectura que corre en medio de la planicie.  Pisando con cuidado a pesar de la prisa que llevábamos, prácticamente tropezábamos con cuerpos humanos y de animales que yacían a nuestro paso.

Por favor, traigan un doctor...

Después de caminar como un kilómetro, fuimos detenidos al pie de un pequeño puente de piedra.  Apoyándose contra el puente, con la piernas desencajadas, una madre arrullaba a un pequeño niño, balbuceando con voz suplicante y entrecortada: "Por favor traigan un doctor... un doctor, por favor, rápido..."  Ella probablemente había estado ahí, herida, durante tal vez diez horas, esperando ayuda.  Nosotros no sabíamos qué hacer; estábamos impotentes, no teníamos medios para ayudarla, excepto confortándola y dándole ánimos.  El niño, por supuesto, colgaba inanimado, sin vida en sus brazos.

Escombros y cenizas

No había veredas, ni calles, pero avanzamos haciéndonos caminos por sobre las cenizas que se extendían hasta donde nos alcanzaba la vista.  En las primeras horas de la mañana, después de caminar durante cerca de dos horas, llegamos al cuartel de la policía militar.

A la espera de la luz del día

Las órdenes que nos dieron el día de nuestra partida fueron fotografiar la situación en Nagasaki de manera que sea lo más útil posible para efectos de propaganda militar.  Al mismo tiempo, me preocupaba descubrir la manera en que uno podría sobrevivir en medio de esa tragedia.  Esos fueron los dos únicos pensamientos en mi mente apenas pude echarme a descansar, observando el hermoso cielo estrellado y esperando a que la luz del día fuera suficiente para comenzar a tomar fotografías.

NR. La impotencia de no saber qué hacer ni adónde ir.

La impotencia de no saber qué hacer ni a donde ir.
Fotos de Yosuke Yamahata/© Shogo Yamahata

Sólo cenizas

La apariencia de la ciudad era diferente a la de otros lugares bombardeados: aquí, la explosión y los incendios habían reducido toda la ciudad (unos cuatro kilómetros cuadrados) a cenizas en un solo instante.  Cuadrillas de auxilio, equipos médicos y de bomberos, no podían hacer otra cosa que esperar.  Sólo la suerte de haber estado en un refugio antiaéreo, bien ubicado, podía haber permitido la supervivencia.

El infierno en la tierra.

Aún si los equipos médicos y de bomberos, de las cercanías, hubieran podido llegar rápidamente a la escena, habrían sido impedidos de hacer su trabajo por encontrarse los caminos completamente bloqueados con escombros y restos calcinados.  Uno no tenía la más remota idea dónde se encontraban las tomas de agua y por lo tanto no habría sido posible combatir el fuego.  Los servicios de teléfono y telégrafo estaban interrumpidos; los equipos de rescate no podían contactar al mundo exterior por ayuda.  Era en verdad el infierno en la tierra.  Aquellos que apenas pudieron sobrevivir la intensa radiación —con los ojos quemados y la piel calcinada y ulcerada— deambulaban apoyándose en palos para poder sostenerse esperando que alguien los ayudara.  Ni una sola nube amortiguaba los rayos del sol de ese día de Agosto, brillando inmisericorde en ese segundo día después del estallido.

Al fin llegó la ayuda

Aunque provisiones y suministros de emergencia habían llegado temprano en la mañana, no fue sino hasta medio día que las cuadrillas de rescate del Cuerpo de Ejército de Isahaya y del Cementerio Naval de Omura llegaron para prestar ayuda médica.  Continué fotografiando, bajo esas condiciones, hasta aproximadamente las tres de la tarde, hora en que según mis órdenes debía preparar el regreso.  Abordé el tren que llevaba a hospitales cercanos a víctima gravemente heridas, llegando a Hacata como a las 3 de la mañana del día 11.

Una bendición, entre esas infortunadas circunstancias, es el hecho de que las fotografías nunca fueron utilizadas por el ejército —en esos momentos ocupado en resistirse a la rendición, un intento equivocado en lograr el apoyo popular para la continuación de la guerra.

La exhibición

La memoria humana, tiene la tendencia a desviarse y el juicio crítico a desvanecerse con los años, con los cambios en el estilo de vida y por las circunstancias.   Pero la cámara, al captar la realidad de aquel momento, nos trae ante nuestra vista, los hechos irrefutables ocurridos siete años atrás, sin necesidad de ningún maquillaje.  Hoy, con la notable recuperación de Nagasaki e Hiroshima, es difícil recordar el pasado, pero estas fotografías continuarán mostrándonos en testimonio inequívoco la realidad de aquel tiempo.


Agradecimiento y Créditos

Al Sr. Shogo Yamahata, por habernos permitido usar el material fotográfico que su padre tomó en Nagasaki el día 10 de Agosto de 1945.

Todo el material fotográfico en propiedad de Yosuke Yamahata/© Shogo Yamahata

The Exploratorium, museo de San Francisco, donde se exhibe el Nagasaki Journey, muestra de 25 fotografías del Sr. Yamahata.

Al Sr. Kurt Feichtmei de 'The Exploratorium' por habernos puesto en contacto con el Sr. Yamahata y por permitirnos usar el material del site.

La exhibición más completa con fotografías de Nagasaki e Hiroshima, tomadas por el Sr. Yosuke Yamahata y otros fotógrafos puede ser vista en el link del Museo de la Paz de Japón. ingresar a la Exhibición de fotografías.


Publicado: 24 marzo/2001