La Religión en Japón

Sintoísmo o Kami-no-michi, que en castellano se puede traducir como "El Sendero de los Dioses", es la religión oficial del Japón. El Sintoísmo incorpora prácticas espirituales que derivan de muchas tradiciones históricas locales y regionales, pero no surgió como una institución formal religiosa centralizada hasta el siglo 6to con la llegada del budismo, el confucianismo y el taoísmo. El kami no es Dios o dioses, son espíritus preocupados por los seres humanos, que aprecian nuestro interés en ellos y desean que seamos felices, y si son tratados adecuadamente intervendrán en nuestras vidas para darnos beneficios, como la salud o el bienestar común.

Amaterasu
Amaterasu, diosa del sol,
de quien según el Sintoísmo, desciende el Emperador.

El Sintoísmo es la mitología japonesa astutamente resucitada en el momento de la Restauración Meiji para unificar a los japoneses y consolidarlos alrededor de la figura del Emperador. Al igual que la mitología griega, el Sintoísmo japonés abarca una multitud de divinidades o Kami, como el de la tierra, el cielo, el sol, la luna, el mar, el viento, las estaciones del año, los bosques y las montañas, todos esos kami fueron creados como una explicación satisfactoria para justificar la conducta violenta de la naturaleza. Esos kami poblaron la tierra, no con seres humanos sino con sus propios hijos, uno de los cuales era Amaterasu Omikami, generalmente traducido como "la diosa del Sol", quien fue sacada del ojo derecho de la deidad masculina Izanagi. El Sintoísmo japonés moderno cuidadosamente explica cómo Jimmu Tenno, el nieto de Amaterasu, se convirtió en el primer soberano de Japón y de cómo los descendientes de ese mandato divino han gobernado Japón en sucesión ininterrumpida desde entonces. Así fue fácil para los recalcitrantes sintoístas ortodoxos, razonar que los emperadores, descendientes divinos de Amaterasu, estaban predestinados a gobernar el mundo entero y que los japoneses que siguieran "El Sendero de los Dioses" serían más valientes y más inteligentes que las demás razas humanas.

Buda
Estatua de Buda en bronce en el santuario de Kamakura

El Sintoísmo es pues una fe con creencias sagradas de índole nacional, casi una religión no oficial, en la que los devotos están más comprometidos con los santuarios que con la esencia religiosa. En el corazón de los sintoístas están más arraigados los rituales, que las creencias, porque para ellos, más que una religión, el Sintoísmo es una forma de vida.

El Sintoísmo pertenece a Japón, es una creencia étnica y por tanto no tiene interés en la evangelización y rara vez se practica fuera del Japón. En el Sintoísmo el ser humano es básicamente bueno y no existe el concepto del pecado original. Todo en el Sintoísmo, incluyendo lo espiritual, se experimenta como parte de este mundo, por lo que no hay cabida para una existencia en otra vida. El Sintoísmo no tiene escrituras sagradas, enseña principios éticos, pero no tiene mandamientos, no tiene un fundador, ni un profeta, ni siquiera un Dios. El Sintoísmo no exige que no se practique otra religión.

Enoshira
Santuario sintoísta de Enoshima,
uno de los 110.907 santuarios que existían en Japón en 1945.

Todo esto permitió que el Sintoísmo coexista con el budismo pues se adaptó progresivamente a la espiritualidad nativa. Por todo ello, todos los japoneses leales, naturalmente, tenían que pertenecer a una de las 13 principales sectas sintoístas. En 1945, el Sintoísmo tenía 17.000.000 de seguidores ortodoxos, frente a 42.000.000 de seguidores budistas, que obviamente eran también sintoístas. Por cierto, que el número de fieles cristianos era de sólo 3.500,000 de personas.

Por más de 1000 años después de la llegada del budismo de China a través de Corea, el Sintoísmo le dice a un japonés cómo obtener la prosperidad temporal, llevando una existencia muy limpia y cumpliendo debidamente sus deberes para con el emperador, la comunidad y la familia. Pero el sintoísta no tiene ninguna promesa de una existencia placentera en la otra vida y no le hace un llamamiento a cualquier tipo de emoción o razón. Debido a que es sólo una forma de vida en la tierra, los japoneses, aunque mayormente obedientes, en otros aspectos se han negado a renunciar a los compromisos espirituales del budismo bajo la promesa de un paraíso después de la muerte.

Altar budista
Típico altar sintoísta en una casa japonesa

Esta situación ha conllevado a una serie de compromisos típicamente japoneses. La gente simplemente hizo un lugar en sus casas para dos altares, uno llamado el Kamidana o santuario sintoísta y el otro llamado Butsudan o santuario budista. El kamidana suele ser una pequeña réplica de madera sin pintar de un santuario sintoísta de tamaño real. La Butsudan es un altar laqueado más elaborado en honor a la deidad budista de la secta a la que pertenece la familia.

Consciente de la imposibilidad de separar a los japoneses de sus dioses budistas, en 1889, el emperador, concedió la libertad constitucional de la creencia religiosa privada. Pero también decretó que todos los japoneses deberían participar en el culto al santuario sintoísta, y que la historia de "El Sendero de los Dioses" y la ascendencia divina del emperador debían ser enseñadas en todas las escuelas. Esto no fue considerado como la cancelación de las garantías constitucionales, porque el Sintoísmo no se enseña como una materia religiosa, sino como parte de la gloriosa historia de Japón. Casi todos los japoneses quedaron sumamente complacidos con ese acuerdo y por eso los retratos de la familia imperial, suelen ocupar un lugar de honor en los hogares japoneses en algún lugar cerca de la kamidana sintoísta o del altar budista.

Altar budista
Típico altar budista en una casa japonesa

Muchas culturas han atribuido divinidad a sus gobernantes, como en Egipto y Roma donde el faraón y el emperador eran tratados como seres supremos. En el caso del Japón, la divinidad del emperador ha sido muy incomprendida por los occidentales. Ni el Emperador ni el pueblo japonés, jamás pensó que el Emperador era Dios, en el sentido de que era un ser sobrenatural y supremo. Desde el siglo 6to se aceptó que el Emperador era descendiente de dioses, que estaba en contacto con ellos y en ellos se inspiraba. Pero eso no lo hacía un dios, sino que más bien le imponía la obligación de llevar ciertos rituales y devociones para asegurarse que los kami velaran por Japón y le aseguraran su prosperidad. Sin embargo los occidentales se dejaron influenciar por los misioneros cristianos que mostraron hostilidad hacia el Sintoísmo. Eso cambió, al menos entre los católicos, cuando en 1936 el Vaticano permitió que los católicos participaran en las ceremonias sintoístas porque eran simplemente ritos civiles de reverencia filial hacia la Familia Imperial.

Durante los años 30 se enseñó que el Emperador era un akitsu mikami ("dios manifiesto"), un ser humano en el cual se revelaba la naturaleza kami o naturaleza divina, pero que no era ni omnisciente ni omnipotente. Durante la guerra y hasta 1945, las fuerzas estadounidenses de ocupación le dieron la estatura de dios al Emperador, para después obligarlo a renunciar a su divinidad, cosa que el Emperador hizo mediante el rescripto del 01 de enero de 1946, pero en realidad no renunció a nada que antes tuviera, sino que simplemente replanteó las tradiciones acerca de la Familia Imperial. La divinidad terrena del Emperador, es una condición que sólo los japoneses comprendían a cabalidad, pues pese a la nueva Constitución, impuesta por los vencedores, que sólo le quitó a Emperador el poder político, su figura y la de la Familia Imperial, siguieron siendo lo que fueron y siguen tan respetadas como lo fueron siempre. Hasta la fecha el Emperador sigue siendo la cabeza y guía del Sintoísmo.

Emperador Showa
Emperador Hiroito Showa durante su coronación
el 10 de noviembre de 1928, ataviado como sumo sacerdote sintoísta.

En la Constitución Meiji, en el Artículo 28, se garantizaba la libertad de religión "dentro de los límites no perjudiciales para la paz y el orden, y no antagónicos con sus obligaciones como personas."

En la Constitución de 1947, el Artículo 20 dice "se garantiza la libertad religiosa para todos. Ninguna organización religiosa recibirá ningún privilegio del Estado, ni ejercerá ninguna autoridad política."

En la actualidad el 84% de la población de Japón son sintoístas y budistas y menos del 1% son cristianos.

Publicado: Marzo/29/2010

Bibliografía

- LIBRO: Shinto in History: Ways of the Kami (Hardcover) por John Breen (Editor), Mark Teeuwen (Editor)
Radio

Ver detalles en Amazon

- LIBRO: The A to Z of Shinto (A to Z Guides) (Paperback) por Stuart D.B. Picken
Radio

Ver detalles en Amazon

 





Principal




Página protegida por Copyscape en contra de copia y violación de contenido