Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

El Gran Dictador

Gran dictador

Un clásico del cine de todos los tiempos.  Charlie Chaplin nos brinda una película ambientada en el período entre la primera y segunda guerra mundiales, es decir, entre 1918 y 1939.

Durante la Primera Guerra Mundial, el barbero Judío (Chaplin) sirve en el ejército de Tomania y salva la vida del alto oficial Schultz.  Pero, mientras el oficial termina la guerra ileso, el barbero sufre de amnesia y es enviado a un hospital donde permanece internado durante una larga temporada.   Pasan 20 años, Tomania ha sido tomada por el dictador Adenoid Hynkel (Chaplin también) y sus secuaces, Garbitch y Herring.

Hynkel persigue a los judíos y sistemáticamente hace trizas el ghetto judío de Tomania donde vive Hannah (Paulette Goddard).

Mientras tanto, el barbero fuga del hospital e instintivamente regresa a su barbería, que ahora está en el ghetto sin saber que hay una persecución contra los judíos.  De hecho ni siquiera sabe que existe el dictador Hynkel.   El barbero se mete en un enfrentamiento con las tropas de asalto de Aryan, siendo rescatado por quien fue su viejo amigo el oficial Schultz, que en esos momentos resulta ser uno de los más leales oficiales de Hynkel.  Gracias a la intervención de Schultz, el ghetto recibe un respiro en las persecuciones.  Entonces el barbero judío reanuda sus cortes de pelo en la barbería mientras se desenvuelve su platónico romance con Hannah.  Pero las cosas vuelven a empeorar, cuando un banquero judío se resiste a financiarle la guerra de Hynkel contra Austerlitz, hecho que enfurece a Hynkel quien se las vuelve a agarrar con el ghetto.

Cerca del fin de la película cuando se espera que el dictador emprenda otro de sus discursos belicosos, el barbero sube al estrado.  En ese momento, Charles Chaplin abandona el papel del barbero judío y convertido en "sí mismo" se lanza un discurso pacifista y tolerante con la humanidad.

Chaplin dando su discurso

Discurso del barbero

"Lo siento pero yo no quiero ser un Emperador —ese no es mi negocio— no quiero gobernar o conquistar a nadie.  Me gustaría ayudar a todos si fuera posible, a los judíos, a los gentiles, a los negros, a los blancos.  Todos queremos ayudarnos los unos a los otros, los seres humanos somos así.  Todos queremos vivir por la felicidad de todos, no por la miseria de los demás.  No queremos odiar y despreciarnos el uno al otro.   En este mundo hay espacio para todos y la tierra es rica y puede proveernos a todos.

El modo de vivir puede ser libre y hermoso, pero hemos equivocado el camino.

La avaricia ha envenenado las almas de la gente.  Ha levantado barricadas de odio en el mundo; ha dado en nosotros un paso de ganso hacia la miseria y el derramamiento de sangre.

Hemos desarrollado la velocidad pero nos hemos encerrado en las máquinas que nos dan abundancia, que nos ha dejado sin deseos.

Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia nos ha endurecido y quitado toda amabilidad.

Pensamos demasiado y sentimos muy poco: Más que la máquina, necesitamos a la humanidad; más que a la inteligencia, necesitamos la bondad y la suavidad.  Sin esas cualidades, la vida será violenta y todo estará perdido.

El avión y la radio nos han acercado.  La naturaleza misma de esas invenciones pide a gritos la bondad entre los hombres, clama la hermandad universal para la unidad entre todos nosotros.  Incluso ahora, mi voz llega a millones en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y pequeños niños, todos víctimas de un sistema que hace que hombres torturen y encarcelar a gente inocente. A todos los que pueden oírme les digo: "No se desesperen".

La miseria que ahora cae sobre nosotros es sólo el pasar de la avaricia, la amargura de los hombres quienes temen el camino del progreso humano: el odio de los hombres pasará y los dictadores morirán y el poder que ellos tomaron de la gente, regresará a la gente y mientras que los hombres ahora mueren, la libertad nunca perecerá...

¡Soldado! —No te sometas a las bestias, los hombres que te desprecian y esclavizan— los que reglamentan tu vida, y te dicen qué hacer, qué pensar y qué sentir, los que te entrenan, los que te tratan como ganado, como carne de cañón.

No te entregues a esos hombres desnaturalizados, hombres máquinas, con mentes de máquinas y corazones de máquinas.  Tú no eres ganado.  Tú eres un hombre.  Ustedes tienen que tener amor por la humanidad, en sus corazones.  Ustedes no odian —sólo lo hacen los desnaturalizados, sólo los desnaturalizados que no sienten amor. ¡Soldados!  No luchen por la esclavitud, luchen por la libertad.

En el Capítulo Diecisiete de San Lucas está escrito: "el Reino de Dios está dentro de los hombres" —no sólo un hombre, sino todos los hombres— en ti, en toda la gente.

Tú, la gente, tienen el poder, el poder para crear máquinas, el poder para crear la felicidad.  Tú, la gente tienen el poder de hacer la vida libre y hermosa, hacer de esta vida una maravillosa aventura.  Entonces, en nombre de la democracia, vamos a usar ese poder. —Vayamos todos unidos.  Vamos a luchar todos por un mundo nuevo, un mundo decente que dé a todos los hombres una posibilidad para trabajar, que le dé un futuro, una vejez y seguridad.

Prometiendo esas mismas cosas, las bestias han tomado el poder, pero ellos mienten.  Ellos no cumplen su promesa, ellos nunca lo harán.  Los dictadores se liberan pero ellos esclavizan a la gente.  Vamos ahora a luchar para realizar aquella promesa.  Vamos a luchar para liberar al mundo, para abolir las barreras nacionales, abolir la avaricia, el odio y la intolerancia.  Vamos a luchar por un mundo de razón, un mundo donde la ciencia y el progreso conduzcan a la gente hacia la felicidad.

¡Soldados!   ¡En el nombre de la democracia, unámonos!

¡Levanta la vista!  ¡Levanta la vista!  Las nubes se alzan —el sol se abre camino.  Salimos de la oscuridad hacia la luz.  Entramos en un mundo nuevo.  Un nuevo mundo amable, donde los hombres se elevarán sobre su odio y bestialidad.

El alma del hombre ha adquirido alas y por, fin él comienza a volar.   Él vuela hacia el arco iris —hacia la luz de la esperanza— hacia el futuro, ese glorioso futuro que le pertenece, me pertenece a mí y a todos nosotros.  ¡Levanta la vista!   ¡Levanta la vista!"


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Publicado: 01 agosto/2000