Batallas memorables...

Batalla de Singapur (8-2-1942)

La orden directa para Singapur era, que las fuerzas defensoras no podían rendirse y que deberían correr la misma suerte que la ciudad.  Los incendios de los depósitos de combustible, elevaban enormes columnas de humo, que con la lluvias regresaban a tierra convertidas en una suerte de tinta que contaminó los canales de agua.  La artillería japonesa azotaba la isla día y noche y los aviones lanzaban panfletos exhortando a la rendición.   A los nativos les sugerían revelarse contra los blancos.

Se terminaron las fiestas

La misma noche del 31 de enero como de costumbre se bailaba en el Tanglin Club y los parroquianos atestaban el Bar Taffles.  La gente comentaba el asedio, que desde hace mucho sabían que ocurriría, pero después de todo, estaban en la "Fortaleza de Singapur" y por tanto muy seguros    A la media noche, comenzaron los ataques de la aviación japonesa y la fiesta terminó.

Lluvia de panfletos y bombas

A la mañana siguiente seguían los bombardeos, los incendios de los depósitos de combustible elevaban enormes columnas de humo, que con la lluvias regresaban a tierra convertidas en una suerte de tinta que contaminó los canales de agua.  A partir de ese día, la artillería japonesa azotaba la isla día y noche.  Los aviones lanzaban panfletos exhortando a la rendición.  Nuevamente a los nativos les sugerían revelarse contra los blancos.  Pero, la orden directa para Singapur era, que las fuerzas defensoras no podían rendirse y que deberían correr la misma suerte que la ciudad.

25 millones de litros de licor.

Para evitar que vencedores y vencidos se embriagaran con las ingentes cantidades de licor que estaban almacenados en la ciudad, Percival ordenó lanzar al canal 25 millones de litros de cerveza, whisky, champagne y todo tipo de vinos.   El hedor proveniente del canal era insoportable pues se mezclaban los residuos de combustible, los cadáveres putrefactos y los licores lanzados al agua.


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detalles de la batalla

Se inicia el ataque japonés

Los japoneses iniciaron el ataque a la isla la noche del 8 al 9 de febrero.   Percival apostó a la 18º División inglesa al este del destruido Puente Johore convencido que los japoneses atacarían por la Base Naval.  Pero el General Yamashita tenía otros planes.  Realizó un ataque de diversión por donde esperaban los ingleses, mientras el grueso de sus fuerzas atravesaban el metro veinte de agua al occidente del puente, en dirección a una ciénaga "inexpugnable" para los británicos.  Sin más oposición que la 18º División Australiana, que fue batida rápidamente, las fuerzas japonesas se encontraron frente a la ciudad.   El 10 de febrero comenzó el ataque por la parte central de la isla.

Bukit Timah

El punto más elevado de Singapur es la colina Bukit Timah, de 177 metros, donde se debería apostar la artillería japonesa y que estaba ocupada por los británicos.  Pero los jefes decidieron no esperar su llegada y se lanzaron al ataque cuando comenzaba una violenta tormenta con rayos y truenos.  Los japoneses subieron la colina y diezmaron a los defensores.  La última defensa de Singapur había caído.   Mientras tanto, los zapadores de Yamashita se aprestaban a rellenar la brecha del dique en el Estrecho de Johore.

Batería costera de 380mm

Orchad Road

La parte central de la isla donde, por razones de salubridad, vivían los británicos rodeados de lujos y comodidades, con su hipódromo, campos de golf y cricket y hermosos bungalows, estaban en manos japonesas.  Delante de ellos estaba Orchad Road y al frente alcanzaban a ver el mar.  La suerte de Singapur estaba echada.

Caos en Singapur

Churchill estaba furioso.  Ordenaba seguir la lucha hasta el último hombre.   "Los generales deben morir con sus soldados", vociferaba el Primer Ministro.  La ciudad de Singapur estaba llena de desertores, los australianos trataban de tomar los últimos buques que salían del puerto y eran rechazados por los británicos con todas las armas de a bordo. Se dirigieron a la ciudad donde una turba de todas las nacionalidades saqueaba los establecimientos y encontraba las últimas botellas de ginebra que escaparon al operativo de Percival.   En una esquina, unos soldados australianos bailaban con mujeres desnudas, maniquíes de cera que encontraron en un almacén.  El olor de los cadáveres sin enterrar no era nada comparado con la sed.  No había agua en la isla, ni energía eléctrica.

Capitulación

Percival se rinde

El 15 de febrero, cuando Percival trataba de reunirse con sus oficiales, una explosión marcó el fin del depósito de municiones.  El informe del General Simpson era que los soldados sólo tenían agua en sus cantimploras para 24 horas.  Las ventanas estaban tapiadas con sacos de arena, no había electricidad y por tanto no funcionaban los ventiladores.  No había alimentos, ni municiones y enfrentaban las primeras bajas por enfermedades típicas del tórrido clima de Malasia.  Solo quedaba la rendición.   Un mensajero se dirigió a Bukit Timah Road con bandera blanca.

Percival se rinde a los japoneses en Singapur

El General Percival (extremo derecho)
y el Mayor Newbiggings, flanquean al
Teniente Coronel Sugita, dirigiéndose
al cuartel general del General Yamashita
para firmar la rendición.

El Teniente Coronel Ichiiji Sugita, con una clavícula rota y el brazo enyesado, pero firme como un roble, recibió al comandante Welde, portador de la bandera blanca.  Los japoneses replicaron que sólo podían aceptar la rendición incondicional del propio General Percival quien debía marchar con la bandera blanca y la bandera británica.

Banzai! Banzai! Banzai!

Al poco rato, cesó el fuego.  Percival se presentó ante el Teniente Coronel Sugita con sus banderas al hombro.  En 9 semanas, 17.230 japoneses al mando del General Yamashita, destruyeron al ejército de 100 mil hombres del General Percival.

Percival capitula

Percival firma la capitulación

El documento de rendición fue firmado ante el General Tomoyuki Yamashita a las 18:10 en la fábrica de Ford en la colina Bukit Timah. 80.000 hombres marcharon al cautiverio.  En esos momentos el General Yamashita no sabía que los británicos no le perdonarían esa victoria inobjetable y lo pagaría muy caro al finalizar la guerra.


Bibliografía

- LIBRO: Japan's Greatest Victory/Britain's Worst Defeat por Masanobu Tsuji, H. V. Howe (Editor), Margaret E. Lake (Traductora)
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Publicado: 4 noviembre/2001






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